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~ Transcendence ~ Priv.

Mensaje por Leone Tescotti el Jue Ago 04, 2016 6:58 pm

Mordió su labio inferior, se cruzó de brazos y se apoyó contra el marco de la ventana de su habitación que daba al amplio jardín. ¡Perfecto! ¿Ahora como se salía él de aquella horrible responsabilidad suya? Tenía que encontrarse dentro de tres horas con un importante empresario que, según había oído tenía extraños gustos poco morales... Desvió su mirada hacia un lado, hacia el reloj que marcaban las 10 de la mañana. Leone ya estaba vestido, totalmente listo para salir y encontrarse con aquél dichoso hombre... ¡Pero a último momento se había retractado! ¡No, no había forma de que se encontrara con la persona que en la universidad le proclamara su amor! Pero claro... ¡Ahí el problema era que no se ponía la duda de su orientación sexual! Le gustaban las mujeres, le gustaba su mujer y eso no iba a cambiar... Claro... Lo que le gustaba era la memoria de ella... Y si tenía que buscarse pareja, cosa que no haría... ¡Nunca elegiría un hombre! Podrán creer que aquél empresario, que Mijaíl Ivanov en todos aquellos años habría encontrado a alguien... Pero tenía sus contactos que le aseguraban que no... Que seguía soltero y que, al escuchar que Leone Tescotti volvía a estar por aquél mundo, sus ojos habían brillado de felicidad.

Desvió de nuevo la mirada al reloj, las 10:05... Si no fuera porque Kristof iba a llegar puntual y es que lo sabía, habría cancelado la reunión... ¿¡Pero quién iba a engañar a ese tipo!? ¡Lo había intentado! ¡Y más de una vez! Tampoco pensó que el mensaje que le había enviado serviría:

"Kristof Schneider. No es necesario que vengas. No acudiré a la reunión.
Que tengas un buen día."

Era más que evidente que intentaba escaparse de su deber: Leone nunca había sido tan formal con aquél hombre; solo cuando estaba mintiendo, o intentando escaquearse de algo y él, esto lo sabía. ¡Pero era demasiado tarde! ¡Demasiado tarde! ¡No tenía tiempo para esconderse o para salir de la mansión! Se lo veía... Era cruzar el umbral de la puerta y toparse con la lila cabellera del abogado. Suspiró y se descruzó de brazos, comenzando a andar hacia la cama matrimonial y bellamente adornada con oscura y lisa madera para sentarse. Se cruzó de piernas y apoyó su codo en una de sus rodillas y la mejilla en la palma de su mano.— Veamos... ¿Cómo me escapo yo de Kristof?—Murmuró para si mismo. Desvió nuevamente la mirada hacia un costado y, tras levantarse, se encaminó hacia su escritorio, tomó un montón de folios en blanco y, con un descaro que raramente se podría ver, los tiró todos al cielo, llenando el piso de su habitación de blancos papeles completamente desordenados entre ellos... ¿Eso bastaría? Lo dudaba... ¡Pero ganaría tiempo para inventarse una escusa mejor!— Culpa del viento, culpa del viento...—Susurró en bajo con una particular sonrisa antes de cambiar su expresión por una más seria. El problema era que... Desde que había abierto las ventanas no se había colado ni un poco de viento... Bueno... Eso no tenía como saberlo Kristof ¿Cierto?.
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Re: ~ Transcendence ~ Priv.

Mensaje por Kristof Schneider el Sáb Ago 06, 2016 10:34 am

Una hermosa mañana me sorprendió gratamente cuando mi alarma sonó a las 7:00 a.m. como cada día. Acostumbrado a la rutina, me coloqué mis gafas para ir hasta el baño, darme una ducha y alistarme para bajar a desayunar. En 15 minutos ya estaba listo en mi cocina, bebiendo un café y leyendo mi periódico, aunque rápidamente lo dejé de lado al darme cuenta de que no tenía más que malas noticias.

Cuando acabé no eran las 7:30 aún así que conduje tranquilo hacia mi estudio, allí mi secretaria me repitió mi agenda ni bien ingresé; al acomodarme en mi despacho, encendí mi computadora para cumplir mi primera tarea: Revisar el expediente de mi último caso.

Liquidado en una hora proseguía con redactar los alegatos correspondientes a la instancia de interrogación de los testigos del querellante de dicho caso.
En una hora y media los tenía listos así que los imprimí y proseguí a comunicarme con mis propios testigos para citarlos al día siguiente.

¿Qué era lo próximo? Ah cierto, encontrarme con Leone para acompañarlo a una reunión de negocios y asegurarme de revisar los contratos que querían ofrecerle; bien… iba con tiempo así que solicité un caffè macchiato y unos amarettis mientras ponía en orden mi maletín.

Cuando acabé con la colación de media mañana, salí del estudio dejando a cargo de mi secretaria responder mis correos electrónicos. Pronto estuve en el parking del enorme edificio que pertenecía a nuestro buffet.

Subí a mi Cadillac ATS y comencé a conducir en dirección a la Mansión Tescotti, en el camino escuché que un mensaje llegó pero responsablemente decidí desatenderlo en vista de que mi atención debía estar puesta en el camino y no dispersa.

Apenas habían pasado diez minutos de las 10:00 cuando llegué a aquella lujosa vivienda, desde adentro reconocieron mi vehículo por lo que ordenaron la apertura del portón enrejado para mi ingreso, ya dentro aparqué frente a la entrada principal y bajé del automóvil disponiéndome a leer lo que fuera que hubiera llegado para mí en el trayecto de viaje.

Me detuve en seco antes de ingresar a la Mansión mientras mis ojos paseaban por la pantalla del teléfono intentando darle forma en mi cabeza a aquel disparate que me había escrito Leone para ponerme al tanto de su última decisión; las sienes comenzaron a palpitarme mientras recobraba la caminata e ingresaba por la puerta que, amablemente, el ama de llaves mantenía abierta para mí.

Debido a mi estado de agitación no fui lo suficientemente cortés como para aceptar ninguna bebida ni otro ofrecimiento, sencillamente agradecí la cortesía y me precipité a toda prisa por las escaleras los dos pisos que me separaban de la habitación del que pronto de volvería mi Ex Amigo y Ex Cliente, a menos que rectificara aquella actitud irresponsable.

Al llegar a la habitación no me preocupé de llamar, las formalidades habían sido dejadas de lado mientras, agitado, abría aquella puerta, respirando por la boca a causa de la carrera que acababa de dar y que me había dejado en un estado de presentación deplorable.

Aquella boca abierta directamente se desencajó al punto de que si hubiera sido una caricatura mi mandíbula habría rebotado contra el suelo para luego enroscarse como una persiana de regreso a su lugar.

La visión ante mis ojos era un caos inexplicable que mi cabeza no era capaz de procesar, desde que era un bendito obsesivo del orden, tal caos me erizaba la piel y me hacía palidecer; en especial desde que estábamos sobre la hora de nuestro compromiso.

Un reflejo automático me obligó a arrodillarme en el suelo, sin decir una sola palabra, comenzando a recoger los papeles allí dispersos, recorriendo toda la habitación a gatas y acabando aún más agitado cuando me volví hacia Leone con los ojos inyectados en de un aura que auguraba muchas calamidades para él a menos que tuviera una explicación lo suficientemente razonable para semejante comportamiento.


-¿Y bien?  Estamos a menos de veinte minutos de nuestra reunión pactada hace más de una semana… Espero que lo que me vayas a decir, sea un argumento del índole de que padeces demencia temporal… de lo contrario te arrastraré de las orejas como a un niño, los dos pisos hacia abajo y luego hacia mi coche… Sin mencionar que te cobraré diez veces mis honorarios, en caso de que todo esto sea solo un capricho.- Lo reprendo cruzando los brazos sobre el pecho mientras mi pie golpea nerviosamente contra el suelo, aguardando una respuesta satisfactoria para todo este despliegue de incoherencia.-
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Re: ~ Transcendence ~ Priv.

Mensaje por Leone Tescotti el Dom Ago 07, 2016 8:04 pm

Sonrió como aquél que había visto caer a su presa en una trampa y, al mismo instante levantó una de sus manos para ocultar la sonrisa que estaba por asomar en sus labios. Discreción, discreción, supuestamente el culpable de todo aquello no era otra cosa que el cruel viento que se le había antojado por tirar todos aquellos papeles por tierra y emular un campo nevado. De todas formas Kristof estaba agachado y por ende incapaz de ver su sonrisa tan remarcada. Bajó la mano solo cuando logró volver a adoptar un semblante más sereno y, se agachó para recoger las hojas que estaban a su alrededor, con mucha más calma, como si no hubiera nadie esperándole dentro de 20 minutos.— También me alegra verte, Kristof —Fue su simple respuesta ante aquello. Se incorporó y, escuchando las últimas palabras de su abogado caminó hasta la mesa, dejando en ella el pequeño montículo de hojas que había recogido. Dio media vuelta y volvió a acercarse a la cama, miró por última vez a su amigo antes de, volver a retirar las sábanas a un lado y recostarse, totalmente calmado en la cama, quitándose zapatos inclusos.— ¡Ah! ¡Pero que cruel! Claro que no es demencia, ni mucho menos un capricho —Fingió toser unos segundos y se cubrió hasta el cuello con las mantas. Ese no era un capricho, ese era un descaro tremendo.— Ya te dije que no iría... ¡Me resfrié! Seguro que contagio a todos si fuera a ir... ¡Esa sería una tragedia! Seré un buen samaritano y me quedaré aquí, en mi cómoda cama, durmiendo o leyendo un libro... —Además se suponía que tenía una hija... ¡Eso esperaba que no lo fuera a ver nunca! ¡Era un pésimo ejemplo a seguir! Pero... A veces se permitía comportarse de esa forma tan infantil, al menos con ese hombre y Marco, su fiel mayordomo, quién probablemente tampoco tardaría en llegar.

Quedó unos segundos así, incluso cerró sus ojos antes de volver a abrirlos y fijar su atención en el demonio que seguramente estaría dispuesto a comerlo vivo por su comportamiento tan poco serio. Pero, ya había empezado, no había forma de volver atrás mientras los minutos seguían avanzando. Se echó un poco a un lado y, tras dar las sábanas a un lado para dejar descubierta la cama hizo un pequeño signo con la mano, una muda invitación para que también se dejara llevar por el mundo de los sueños y dejara de preocuparse tanto y sin motivo— Vamos, vamos, vente a dormir también. Es demasiado temprano, demasiado temprano —¿No que estaba enfermo y no quería contagiar a nadie? ¡Realmente eso ahora poco importaba! Segundos después se escuchó tocar a la puerta y, tras recibir un permiso por parte del Tescotti, la puerta se volvió a abrir, dejando ver a un alto hombre de oscuros cabellos y lentes, elegantemente vestido como cualquier mayordomo que se hiciera respetar. Miró a su alrededor con los labios entreabiertos por la sorpresa— ¡Ah! Bienvenido señor Kristof ¿Le apetecería una taza de café o algo más? —Avanzó por la habitación cuidando de no pisar las pocas hojas que seguían en el suelo, moviéndose con la agilidad de un felino. Apoyó una bandeja que no tenía más que un vaso de agua y sus medicinas en la mesita de noche al lado de la cama y después, fijó su mirada en su amo.

Por un momento pareció dudar entre si mantener o no la etiqueta y al decantarse por la primera, se incorporó, entrecerrando sus ojos— ¿Qué hace de nuevo en la cama, Señor Leone?  —Inquirió, casi autoritario. ¡Ups! Había sido doblemente atrapado en su pequeña rebeldía. Leone sonrió al oscuro hombre y se incorporó, quedando sentado en el mullido colchón de su cama.— Me decanté por la idea de volver a dormir un rato —Su escusa no pareció convencer al sirviente, quién entrecerró aún más sus ojos de forma amenazante— ¿Usted que odia dormir? ¿Por qué no simplemente deja de causarle problemas al señor Kristof, toma sus medicinas y se va a la reunión? —¿Qué tenían todos con aquella dichosa reunión? Suspiró, extendiendo una de sus manos hacia el hombre con gafas quién le acercó el vaso de agua y una de las cajas de las que sacó una pequeña píldora y se la entregó. Una vez en manos del amo de la casa, la llevó a sus labios y, junto a un trago de agua se la tragó también sin demasiado rechistar.— ¡Ya sé! ¿Por qué no te llevas a Marco contigo en mi lugar? —No perdía nada intentándolo ¿o si? Extendió de nuevo su mano y repitió lo de antes a pesar de la sorpresa del mayordomo. Tomó la segunda de las tres píldoras que debía tomar y sonrió, totalmente calmado y despreocupado— ¿Acaso se golpeó la cabeza?
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Re: ~ Transcendence ~ Priv.

Mensaje por Kristof Schneider el Sáb Ago 13, 2016 9:06 am

Al verlo adoptar esa actitud pasiva y despreocupada mientras se recostaba, sentí que mis nervios se convirtieron agua, sí… mis nervios de acero… ¡Ese hombre era el único con la capacidad de liquidarlos! Y no porque no hubiera lidiado con cosas peores en mi vida (que lo había hecho… incontables veces…), el problema era que lo estimaba demasiado como para cortar mi lazo con él en ese preciso momento y mandarlo a arreglarse solo en el mundo. 

De manera que tenía que aprender a tolerar… aún si ya comenzaba a sentirme descompuesto por  el hecho de que la agenda fríamente calculada para el día, comenzaba a desbarajustarse. 

A medida que seguía hablando, más y más podía ver dentro de mi cabeza como si el perfecto archivo en que constaba mi rutina, comenzara a arder bajo las llamas de un incendio calamitoso. 

Si ya no podía dar crédito a la escusa barata de su fingida enfermedad, peor fue que me invitara a la cama con él como si yo fuera otro inconsciente que no reparaba en que había una agenda pro cumplir. 

Sobre todo me alteraba que intentara jugarme la carta de su salud a sabiendas de que era un asunto que constantemente me preocupaba, pero no así… no allí… no cuando todo su lenguaje corporal me estaba gritando que aquello era una farsa para escabullirse del compromiso, por alguna  incomprensible razón que acabaría arrancándole a fuerza de tenazas si no se apuraba en blanquearme las cosas. 

Estaba por proceder con un interrogatorio, ya de carácter profesional, cuando Marco irrumpió en la estancia con su característica disciplina cortés…

-No te preocupes, Marco… Lo único que necesito es que el Sr. Tescotti proceda con lo que hemos acordado para hoy. 

Mi tono fue ceremoniosamente cordial, sin permitir translucir la hostilidad que mi mirada la estaba dirigiendo a mi representado. 

El diálogo siguiente entre Amo y Mayordomo casi acabó en una jaqueca para mí, entre los pretextos sin fundamento de Leone y la cordialidad intrínseca de Marco que no podía mandarlo a un lugar desagradable porque, claro… Leone era su patrón. 

Por poco no me largué de allí con el único fin de conservar mi cordura a salvo… y es que el asunto se tornó completamente surrealista cuando aquel multimillonario que de pronto se había convertido en Peter Pan, se atrevió a hacerme una sugerencia de tal magnitud de descaro, como que llevara a su Mayordomo para reemplazarlo a él en la reunión.

-Seguro… -Clamé sardónico mientras colocaba los brazos en jarras- ¡Qué mejor idea para poner contentos a los representantes de la firma Ivanov, que llevarles a tu mayordomo en representación tuya porque tú querías jugar al enfermo! 

-¿No quieres ir a la junta? Bien. –Saco mi teléfono para marcar el número de la oficina donde Mijail nos esperaba en 15 escasos minutos, aguardando que su secretaria me atienda- Buenos días, soy Kristof Schneider. Represento legalmente al Sr. Tescotti y mi cliente quisiera tener unas palabras con el Sr. Ivanov ¿Cree que pueda comunicarme con él? –

Mientras la mujer me solicita aguardar unos segundos en la bocina, yo bajo el aparato para presionarlo contra mi pecho y que no se escuchara nada de lo proveniente de este lado de la conversación.- Entonces tú le dirás por tu propia boca que no vamos a ir allí y le explicarás tus razones. No pienso poner la cara por ti y tu firma si ni siquiera tienes la decencia de explicarme lo que realmente está sucediendo. –Percibo un ruido particular del otro lado del auricular, que indica que el interno ha interceptado el desvío de llamada, indicándome que ya es Mijail Ivanov quien tiene en su poder el teléfono.
 
La hora de la verdad había llegado y yo ya no tendría que ver con esto; con suma elegancia regresé el teléfono a  mi oreja y con calma me dirigí hacia mi interlocutor:

-Buenos días Sr. Ivanov; es un placer saludarlo, lamento la molestia en un horario tan encima de nuestra reunión, pero mi cliente quiere tocar un asunto con usted con carácter de urgencia… Aguarde un segundo por favor. 

Lo próximo que hice fue dedicarle una funesta mirada a Leone mientras extendía el teléfono hacia él, demandando que se hiciera responsable por sus actos.
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Re: ~ Transcendence ~ Priv.

Mensaje por Leone Tescotti el Vie Jul 14, 2017 10:50 pm

Nunca se sabría a ciencia cierta qué era lo que el espiritual deseaba que Kristof hiciese ante sus infantiles quejas, si quería ser reprochado, o si prefería que le siguiese calmadamente el juego, pues no parecía ser que se estaba dando cuenta que sus acciones solo estaban molestando a su abogado y que Marco, con sus miradas sospechosas, parecía estar advirtiéndole que cuidara su actitud. Porque vamos, tampoco era como si no conociese a su amigo, sabía que a pesar de todo, era demasiado serio, aún cuando le estimaba realmente mucho y que, esa no se la iba a perdonar... ¡Pero no se imaginó que de aquella forma! Estaba llevando a sus labios el vaso para darle un sorbo y tragarse aquella molesta píldora que a pesar de molesta, parecía ser indispensable, cuando escuchó lo que Kristof le estaba diciendo, o mejor dicho amenazando.

Y sería sincero, no pensó que lo haría hasta que lo escuchó hablar con Mijail, decir que tenía algo importante que decirle y extenderle el teléfono. Saltó tan repentinamente que el mayordomo casi hizo dificultad a permanecer quieto en su sitio. Leone casi se atragantó con la pastilla, pero tragó el agua y tomó el teléfono, mirando al otro con reprocho y una mueca de desagrado y pena en sus labios. ¡Oh, santo cielo! ¿Y ahora que?— ¿Mijail? —Se sentó en el borde de la cama correctamente, apoyando una mano en el colchón para mantener el equilibrio y bajó un poco la mirada, dibujando una falsa sonrisa en sus labios— Oh, sí, sí, lamento molestarte tan temprano... —Frunció el ceño, alejó un poco el aparato de su oído y suspiró en silencio. Ya empezábamos— Oh, claro, claro, también estoy emocionado de volver a verte~ —Que el cielo le perdonara, pero estaba mintiendo descaradamente— ¿Hum? No creo tener tiempo... Quizás otro día... —Rodó la mirada, pero al instante volvió a sonreír. La píldora se había terminado por atascar dolorosamente en su garganta y no podía más que fingir interés en lo que el empresario le decía— Claro, claro, solo era para llamarte y pedirme disculpas, llegaré unos diez minutos tarde... Espero que no sea una molesta para... —¡No hacía más que interrumpirle!— ¡Ah! ¡Gracias, eres un encanto! Sí, nos vemos —Y apagó, extendiendo de vuelta el teléfono hacia el otro.

Se inclinó hacia un lado y tosió unas cuantas veces, carraspeando. Marco se acercó, ofreciéndole lo que estaba necesitando: un vaso de agua. Agradeció con una sonrisa y bebió la mitad— ¿Por qué le llamaste? Ahora no podré negarme cuando me pida salir con él... —Dirigió la mirada a Kris con reprocho. Suspiró y cruzó sus piernas, apoyando su antebrazo en una de sus rodillas, sujetando el vaso— conozco a Mijail Ivanov desde mis años de universidad... —Bueno ¿Qué mal podría hacer contarle el por qué de su rabieta?— Que esto quede entre nosotros aquí. Pero en ese entonces Mijail se me declaró, me pidió que saliese con él... —Esbozó una sonrisa de lado, era divertido recordar ese tipo de cosas— En aquél entonces ya estaba saliendo con Shizuka, así que ella me salvó y se pasó una semana burlándose de mi por no haber sabido que responder —Claro, a pesar de todo, había sido siempre ella quién le había salvado a él ¿Cierto? Más de una vez, incontables veces, siempre había estado a su lado, incondicionalmente— En ese entonces se dio vencido a regañadientes... Pero hace unos días, después de planear la reunión, recibí un mensaje de él... Dejó entender que, como mi esposa ya no está... —Curiosamente se le empezaba a hacer más fácil decir eso— nosotros dos tendríamos "una esperanza"

Entonces sí,  miró hacia el techo durante unos segundos, pensativo y se levantó, apoyando el vaso en la mesilla de noche— Pero no hay forma —Le miró, serio— No me gustan los hombres... No lo tomen a mal, no me gustan en el sentido romántico...  —Claro porque, Marco era su fiel mayordomo y Kristof, su mejor amigo, así que, oh, bueno, las cosas se podían malentender un poco en ese sentido. levantó una mano hacia su propio cabello, removiéndolo un poco como único signo de su frustración. Tras unos segundos pero, bajó su mano,— Ya que me hiciste decirle que iría... Ayúdame a planear algo para no tener que quedarme con él a solas... Y... ¿Qué tiempo hace? —Entonces sí, miró por la ventana, esta vez totalmente relajado.
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Re: ~ Transcendence ~ Priv.

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