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¿Fría atracción o cálida avidez? [Priv. Ahri]

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¿Fría atracción o cálida avidez? [Priv. Ahri]

Mensaje por Rai R. Solberg el Miér Ene 21, 2015 1:45 am

¡Ay, ay, que el conocimiento, algo tan odioso y empalagoso en sí mismo, sea, sin
embargo, necesario para el Poder! A veces casi me desespera. Todo lo que me mantiene es
la convicción de que nuestro Realismo, nuestro rechazo (frente a todas las tentaciones) de
todos los bobos desatinos y de la faramalla, deben triunfar al final. Entretanto, te tengo a ti
para saciarme. Muy sinceramente firmo como

Tu creciente y vorazmente cariñoso tío,
ESCRUTOPO

Cartas del Diablo a su sobrino. C. S. LEWIS

Y tras aquella última frase, las manos perfectamente cubiertas por los guantes de cuero negro cerraron en un suave gesto el pequeño libro, dejando que un par de dedos de una de sus manos recorriera la tapa del volumen mientras cierta mirada de un claro y helado azul se alzaba hacia el cielo de tonalidad semejante. ¿Qué hacía allí el felino de blancas hebras encaramado a una de las resistentes ramas del árbol y con un libro en la mano? Sencillo: distraerse. Sonaba tan simple que no se podía apreciar la complejidad del asunto. El noruego no tenía motivo verdadero alguno para estar allí, y aun así…pocas horas quedaban para que el final del día se acercase, y por tanto su rutina de vigilante de aquella institución comenzara. Y para qué engañarse… antes de estar en cualquier lugar encerrado, prefería distraerse en medio de la maraña de follaje que ese jardín podía llegar a ofrecerle.

Le gustaba esa pequeña sensación de libertad que le ofrecía el percibir con su mirada, aunque limitada por un solo orbe, toda aquella marea de verde, o quizás anaranjado o color pardo que, dependiendo de la estación, pudiera ofrecerle aquel lugar. La rugosidad de los troncos, sentir la hierba mullida bajo sus pies…eran sensaciones que le evocaban lo que era y lo que seguiría siendo. Un cazador. Y aun así, se había limitado a coger un libro cualquiera que había encontrado y en un calmo propósito, sencillamente se subió a uno de los árboles de mayor envergadura y por tanto resistencia. Y allí se había quedado hasta acabar dicho libro…o sería mejor decir recopilación de textos, pues eran más bien cartas. La temática que el libro había seguido le había llegado a llamar tanto la atención que, incluso instantes después de acabarlo, se dejó llevar por sus pensamientos mientras su suave y mullida cola, que estaba colgando por uno de los lados de aquella rama, se iba agitando a los lados en un suave y casi hipnótico balanceo, siendo aquello el único indicante junto a un suave agitar de las níveas orejas del felino, de la curiosidad que había acudido a su mente.

Y para qué mentir, estaba ignorando todo aquel ruido que pudiera proceder de los alumnos que, como él mismo, podían estar allí en un intento de desconectar de la habitual rutina. Pero… algunos eran insoportablemente ruidosos, cosa que irritaba a niveles preocupantes, para el resto claramente, el carácter de Rai. Aunque en aquel momento parecía querer reinar la relativa calma, cosa que no tardó en agradecer mentalmente el de larga cabellera plateada.

Y así, pasando los minutos, el cálido tono dorado comenzó a invadir el cielo, tornándose anaranjado en ciertos apartados, y haciendo que la escena que cualquiera pudiera observar desde el suelo se volviera de una inusual y casi irreal belleza: el felino recostado en la gruesa rama y con su espalda apoyada en el tronco, con la mirada aún puesta en el cálido cielo, causaba que su vestimenta oscura realzara todavía más el blanco impoluto de su cabellera y de su pálida piel, asemejándose a una escultura de hielo… incluso su cabello sacaba destellos inusualmente fríos a pesar de que la luz que lo alcanzaba daba una sensación de calidez. Era el brillo de la escarcha… la luz de algo lejano.

Pero un ruido hizo que la atención del felino se desestabilizara y que una de sus blanquecinas orejas se agitara con suavidad, haciendo así que su rostro se volteara hacia el lugar de donde parecía haber provenido el sonido, eficaz y preciso. Y su iris de aquel helado azul quedó clavada, fría y penetrante, sobre el culpable de dicha distracción.


Última edición por Rai R. Solberg el Miér Dic 16, 2015 5:21 pm, editado 1 vez
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Re: ¿Fría atracción o cálida avidez? [Priv. Ahri]

Mensaje por Ahri Amattore el Miér Dic 16, 2015 6:35 am

Algo no estaba bien, desde hacía semanas aquella sensación de que algo estaba escapando de su control no dejaba a la zorra de nueve colas hacer de su labor algo rutinario, como siempre lo hacía. ¿Qué sería aquella amenaza implícita ciñéndose sobre ellos como una sombra oscura e indecifrable? No, no era algo que iba a dejar pasar a la ligera y esa era una apuesta contra el destino y contra todos aquellos que osaran en interponerse a su misión como heredera de los Amattore. Con el cejo ligeramente fruncido ante la molesta sensación que estos pensamientos representaban en ella, Ahri se encaminó hacia el exterior de la academia para dar su acostumbrada ronda antes de que el atardecer diera paso definitivamente a la noche. Ciertamente los directivos no eran descuidados, y tenían gente trabajando exclusivamente en la vigilancia y seguridad de aquella institución, pues era un tesoro invaluable lo que esta albergaba en su interior: las vidas de cientos de estudiantes procedentes de las familias más prestigiosas y acaudaladas tanto de seres espirituales como de humanos a lo largo del mundo. Sin embargo, sólo era una vida en particular la que a aquella guardaespaldas le importaba mantener estable y en las mejores condiciones posibles; poco le importaba lo que pudiera pasar con el resto. Sin embargo, Leone Tescotti había depositado en aquel lugar todas sus esperanzas y sueños de paz entre ambas razas, y era el deber de los Amattore ayudar a que este idealismo se convirtiera en realidad. Sería una digna heredera de su familia, para esto había sido inculcada desde su nacimiento hasta la actualidad.
Por fortuna no había nada fuera de lo ordinario que pudiera apreciarse a simple vista, y eso relajó un tanto los nervios ligeramente alterados de la espiritual. Un breve suspiro acudió a sus labios ante esta confirmación. A aquellas horas la mayoría de la población estudiantil estaría, o bien en la cafetería por acercarse ya la hora de la cena, o bien en sus dormitorios preparando sus labores para la jornada del día siguiente. Las clases habían concluido en su mayoría y escaso era el alumno con el que Ahri llegaba a cruzarse en su camino. Todo en calma, al parecer.
Cuando llegó al final de un corredor, que desembocaba justamente en una explanada extensa de un jardín trasero de la academia, decidió que había sido ya suficiente y que lo mejor sería regresar a lado del Tescotti que le tocaba proteger, antes de que este comenzara a cuestionarse sobre su paradero. Sin embargo, dicho deseo no fue efectuado.
La vista ambarina de la chica se concentró en la distancia, en un punto particular del lugar: un alto y robusto árbol viejo. Sin poder evitarlo, su fruncir se acentuó ante la presencia que lograba distinguir a lo lejos. ¿Por qué le resultaba desagradable aquella sensación? No lo sabía, pero su instinto por lo general nunca se equivocaba. Con naturalidad y sigilo se acercó a donde se encontraba aquel que había logrado capta su interés, y con desenfado se recargó, de pie, sobre el rugoso tronco de aquel ábol, esperando. ¿Qué? Ya lo averiguaría en su debido momento.
La zorra de nueve colas se cruzó de brazos y cerró los ojos, siendo esta postura muy extraña en ella al ser ya característica suya la de portar siempre en manos su aparato celular, con la vista y atención sumergidas en este. Pero en aquella ocasión no, sus pensamientos y cavilaciones desfilaban mentalmente frente a sí mientras se formaba un perfil: un ser espiritual, como ella, pero este relacionado a los felinos. Ropas oscuras y flexibles para una actividad en la que era necesaria la agilidad, por lo que arrojaba como resultado que, muy probablemente, se trataba de un miembros más de la seguridad de aquel lugar. Postura tensa incluso cuando se trataba de una actividad tan relajada como era la del leer, lo cual podía denotar un temperamento que muchos desearían no tratar. Carácter fuerte, sin lugar a dudas. Por el lugar exacto que había optado como refugio, gustaba de evitar la compañía.
Un ruido en las alturas provocó que la chica saliera de su ensimismamiento y alzara la mirada para al fin ser capaz de apreciar en directo las facciones de aquel hombre que, hasta hacía poco, se encontraba sumergido en la lectura. Le devolvió la misma intensidad en la mirada que él le dirigía a ella con su único ojo visible. Por supuesto, es algo que a la ser espiritual jamás amedrantaría.
-Te tomó aproximadamente cinco minutos en percatarte de mi presencia -sentenció, separándose del árbol para que su figura completa estuviera en el campo de visión del contrario. Entrecerró su ambarina mirada, molesta con 'algo' que le inspiraba él- este acontecimiento me hace dudar de la capacidad y cuidado que tienen los directivos a la hora de seleccionar a su personal. Dime tu nombre.
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Re: ¿Fría atracción o cálida avidez? [Priv. Ahri]

Mensaje por Rai R. Solberg el Sáb Dic 19, 2015 9:43 am

Su mirada, nada mas captó la figura de la culpable de que su tranquilidad y soledad se viese interrumpida, fue completamente analítica, de la misma manera que aquella espiritual estaba haciendo, o eso supuso por las palabras tan arrogantes que le había dirigido. Una de sus níveas orejas se agitó con suavidad en un sutil tic que solo denotaba cierta intriga, aun cuando su rostro seguía siendo una fría máscara solo tintada con cierta molestia. ¿Qué le pasaba ahora a esa zorra? Y no le demos el significado peyorativo de la palabra, al fin y al cabo era una kitsune... una kyuubi para ser más exactos.

- Será porque no presto atención a lo que no me incumbe -contestó sin una pizca de delicadeza, completamente directo y mordaz. Y es que, nada de él parecía haberse alterado ante aquello, ni siquiera su expresión corporal denotaba nada que le pudiera hacer ver a alguien que estaba diferente a como podría haberlo estado momentos antes. Pero allí no acabó todo, ingenuo sería quien pensara que alguien como Rai se iba a conformar solo con esa frase para las molestas palabras de aquella mujer. Aun así, se incorporó lo justo para poder girar un tanto su rostro y poder encararse en cierta manera hacia donde estaba ella, pero sin molestarse en bajar del árbol.- Y no sabía que ahora se dedicaban a observar las capacidades de un trabajador cuando esta fuera de su horario laboral. ¿Eso no se considera explotación? Ah -y ante lo que iba a pronunciar a continuación, su mirada se entrecerró e una gélida y afilada mirada:- Y no tengo por que decirle mi nombre a nadie, menos a alguien que ni se molesta en decirlo primero -directo, mordaz y con ese toque de seguridad que no podía faltar en su grave voz. Ya podía ser aquella joven la mismísima emperatriz del mundo, que aquel albino felino no se iba a inmutar ni a cambiar su manera de ser por ello, los modales para él eran algo superfluo aun cuando podía fingirlos, pero generalmente ni se molestaba en ello.

Y es que, para aquel sicario, nadie era superior por tener solo un rango social o económico mayor que el resto, ya que al final todos acababan teniendo el mismo sino: la muerte. No importaba como fuera, nadie podía escaparse de las garras de la muerte, e incluso su estadística de 'trabajos' le decía que, generalmente, los que moría más pronto eran aquellos que más dinero manejaban. Sería por la corrupción, tal vez por la avaricia, pero... solía ser así, de la misma manera que los más adinerados eran los que más contrataban sus servicios para encargarse de 'limpiar ciertas molestias'.

Y ese instinto sangriento, ese sutil toque sangriento invadía cada poro de su cuerpo, pero...no era necesariamente malo. Y eso era porque, en ese caso, su trabajo como vigilante era implacable, a pesar de lo que estuviese insinuando aquella hermosa pero arrogante pelinegra.
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Re: ¿Fría atracción o cálida avidez? [Priv. Ahri]

Mensaje por Ahri Amattore el Lun Dic 21, 2015 1:41 am

La joven de las nueve colas enarcó sutilmente la una ceja a modo de burlesca intriga mientras que su interlocutor le diría frase mordaz tras frase mordaz. ¿Creía que con aquello iba a recompensar su error? O...¿Acaso se creía que con eso la joven y digna heredera de los Amattore se amedrentaría? Pobre, pobre e ingenuo gatito, ella se encargaría de sacarle en su error de ser ese caso, pues sus palabras le afectaban tanto o menos que el frío que estuviera haciendo en Alaska.
No, lo que le molestaba no era la impertinencia del contrario, sino la sensación que su sola presencia dejaba en ella. No le agradaba, ni por asomo... Y era diferente, distaba bastante a la de cualquier otro espiritual con el que ella se hubiera topado antes en su vida. Era un espiritual, su cola y orejas de gato no desmentían, sin contar que ella podía distinguir a los de su misma especia sin demora, cualquier espiritual podía saber cuándo estaba ante la presencia de un igual. Pero no, aquel albino gatito no era como cualquier otro, la aura que emanaba de sí era... distinta, lejana, inalcanzable... Como si aquel hombre hubiese perdido la esencia pura que lo hacía ser precisamente eso, un espiritual. Como si el estuviera libre de cualquier norma y atadura, y aquel semblante de libertad y ferocidad que naturalmente presumía era lo que más le desagradaba a la pelinegra. ¿Por qué? Porque no podía permitir que cualquier individuo que merodeara cerca de su protegido escapara del orden jerárquico establecido desde hacía mucho. Tenía que tener todo bajo control, o si no sentiría que estaría dejando una mancha inborrable en el atesorado linaje de los Amattore. Y aquel hombre significaba un gran peligro a su misión.
Una sarcástica sonrisa asomó a los rojizos labios de la mujer y ladeó ligeramente las caderas para soportar el peso de su cuerpo con la otra pierna, provocando así un sutil movimiento de sus felpudas y blanquecinas colas.
-Ahri Amattore, protectora de la casta de los Tescotti y guardaespaldas personal del líder de la misma -respondió al fin con enaltecido orgullo, levantando un poco la barbilla al hacerlo. Con esto le demostraría que no era humillación presentarse ante un sujeto como aquel, sino que se sentía digna de portar ese honor que, por nacimiento en un inicio y por méritos propios después, se le había otorgado- ¿Y bien? Ya no tienes excusa alguna para presentarte como es debido, ¿o es que acaso te avergüenzas de quién eres como para no decirlo en voz alta?
De un ágil movimiento se encaramó a la rama más próxima y con la suficiente fuerza como para soportar su peso. Una vez allí, más cerca de donde el albino se encontraba, la Amattore utilizó otra rama cercana para apoyarse felinamente y entretenerse en contonear todas sus colas en un rítmico y sereno movimiento. Ladeó ligeramente el rostro, permitiendo que su lustrosa cabellera azabache cayera hacia un lado con el movimiento. De esta manera, le demostraría las habilidades de lo que era ser un digno vigilante. Su penetrante mirada ambarina se clavó en el único ojo visible del contrario, tan diferente a los de ella.
-Aquel que nació digno para ser vigía, no importará la circunstancia en la que se encuentre, tendrá ya perfectamente desarrollado el sentido de alerta y no bajará la guardia bajo ningún precepto, aún si se trata de la plácida lectura de una sentimental novela -señaló, desviando por unos segundos su mirar hacia el libro que tenía consigo el felino, mofándose notoriamente ante este hecho- el saber cómo manejar dicha facultad para no inmiscuirse en asuntos ajenos y de aparante irrelevancia es una obligación. Pero al parecer tú no posees dicha capacidad, ¿o me equivoco, gatito?
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Re: ¿Fría atracción o cálida avidez? [Priv. Ahri]

Mensaje por Rai R. Solberg el Sáb Ene 16, 2016 9:29 am

Rai, a lo lago de su sangrienta vida, había conocido personas arrogantes, prepotentes y altivas, de hecho, solían ser clientes suyos que buscaba un método eficaz de quitarse los problemas de en medio sin que pudieran volver. Y ese era el trabajo de Rai, mancharse las manos con el pecado de la muerte en nombre de otros. No se avergonzaba de ello ni mucho menos, pero a veces sí que se preguntaba el por qué debía de cumplir los egoístas deseos de gente tan vulgar aun cuando iban alzando la cabeza como si el cielo les estuviera respaldando. Y... justo, las acciones de aquella pelinegra le recordaron esos fugaces pensamientos que a veces había tenido.

-No es excusa, es sencillamente que no me daba la gana decirte mi nombre -respondió a aquello con absoluta indiferencia e incluso cierto matiz despectivo. Mas su mirada, atenta y gélida, siguió todas y cada una de las acciones que aquella kitsune estaba haciendo, desde como había saltado con aparente facilidad hasta aquella rama que estaba cercana a donde él mismo se situaba, como cada sutil gesto de las numerosas y níveas colas que se balanceaban en un lento compás y como ella parecía acomodarse un tanto en una de las ramas. Pero...en toda aquella actitud que parecía tan banal y despreocupada en ella Rai vio que no era así.- Que tus nervios estén crispados por lo que sea no me interesa, así que vete a molestar a otro con tus quejas sobre como ser y no ser. O mejor, deja ser al resto -y en ese momento, volvió a alzar su mirada hacia donde se encontraba el hermoso rostro de la joven zorrita y fijó en los dorados orbes que ella poseía su propio aunque único mirar de su azulado iris.- ¿Acaso eso no es no inmiscuirse en los asuntos de otros? Deberías aplicarte las frases que predicas -y tras esas últimas y cortantes palabras, dejó que su espalda se recostara más sobre el resistente tronco del árbol en que estaba encaramado, pero no por ello dejando de observar atentamente cualquier cambio en el semblante, actitud o humor que se pudiera llegar a mostrar en las facciones de aquella chica, pero...aun cuando su atención pareciera tan bien dirigida, lo que denotaba que a pesar de todo estaba calmado y en un humor aceptable teniendo en cuenta los extremos a los que podía llegar aquel felino albino, era su mullida cola que en un suave balanceo se agitaba a un lado y otro, justo como lo haría la cola de un gato recostado que se sentía cómodo y relajado. A diferencia de aquello, para Rai la única molestia que se interponía en su momento de calma era aquella pelinegra. Pero bueno...ya buscaría el método de relajarse luego.
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Re: ¿Fría atracción o cálida avidez? [Priv. Ahri]

Mensaje por Ahri Amattore el Lun Ene 18, 2016 1:49 am

Una de las cejas de la pelinegra se arqueó en una perfecta muestra de incredulidad y desdén ante la actitud contraria. Jamás en toda su vida había visto Ahri persona alguna tan arrogante y prepotente, tomándose en cuenta que sólo era un simple velador de una academia para ricachones. Y tras toda aquella farsa, ella sabía que había algo detrás... algo que se le estaba escapando de las manos, y eso le desagradaba enormemente. Su instinto le pedía que no bajara la guardia bajo ningún concepto, que aquel hombre era peligroso y que seguramente se traía algo entre manos. ¿Un simple miembro de la seguridad? ¡Ja! No existía quién pudiera creerse tal mentira. El albino ocultaba algo, y ella lo iba a averiguar... y aún si no fuera cierto, mandaría a investigar a aquel espécimen en cuestión puesto que ese era el trabajo de la zorra, crear perfiles y descartar sospechosos que pudieran resultar un peligro para los Tescotti.
No era por nada, pero comenzaba a desesperarla y crear en ella un profundo sentimiento de apatía hacia el contrario... y eso no era muy común, así que puntos para él.
Ladeó ligeramente su cabeza, provocando que su cabellera oscura cayera despreocupadamente sobre uno de sus hombros y se dedicó a la tarea de contemplarle en absoluto silencio, totalmente dedicada a eso. Cuando finalizó, alzó su barbilla con orgullo y le dedicó una mirada de profunda ironía. Le divertía que aquel hombre no conociera ni límites ni mucho menos jerarquías; porque era más que obvio que la Amattore estaba muy por encima de él. Tampoco era como si estuviera esperando algo digno de aquel sujeto, ya le estaba quedando claro que ese sujeto en cuestión no servía para nada, salvo para, quizá, provocar problemas.
-Veo que sigues sin comprenderlo. Todo aquello que pueda afectar a la seguridad y bienestar de los ideales del Señor Leone Tescotti, mi protegido, es cuestión mía. Y el que un guardia no se tome en serio su trabajo, aún si está fuera de jornada laboral, es mi problema también. Creo que se te ha dejado en claro, el día de tu ingreso, que tu prioridad máxima es cuidar del patrimonio de esta institución... Y eso incluye, claramente, a los alumnos que en ella estudian. ¿Qué hubiese sucedido si yo, al final, hubiera resultado ser alguien externo dispuesto a ser una amenaza para los que aquí residen? ¿Tu mediocre excusa sería que por no estar en servicio permitiste el ingreso al enemigo? Qué patético eres, señor 'No diré mi nombre sólo porque se me hinchan'. -De un ágil brinco y con un grácil aterrizaje, la Amattore regresó una vez más a tierra firme. Contoneó con ligereza sus caderas y nueve colas blanquecinas a la hora de erguirse y girarse hacia él. Ya no estaba jugando, y eso podía quedar claro con la peligrosa mirada que le dirigía al albino directamente a su ojo visible con los suyos dorados-. No digas quién eres, no es relevante en este momento. A este juego podemos participar dos -con paso despreocupado comenzó a alejarse, regresando nuevamente a la academia- todos tienen un pasado, minino, y yo mandaré a investigar el tuyo. Sacaré tu nombre por debajo de las piedras y tu verdadera naturaleza, de ser necesario -volteó a verlo por encima del hombro y le dedicó una coqueta sonrisa que no auguraba nada bueno-. Si tienes algo que ocultar, será mejor que comiences a temer... porque no existe información alguna a la que no pueda tener acceso; eso significa ser un orgulloso miembro de la familia Amattore. Y de ti sacaré hasta tu inclinación sexual, querido gatito -le guiñó el ojo antes de volver a reanudar su marcha, dándole la espalda mientras lo hacía- y también espero que no tengas tanto apego a tu actual trabajo, porque en mis manos está si eres liquidado o no; ¿eso es real para ti?
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Re: ¿Fría atracción o cálida avidez? [Priv. Ahri]

Mensaje por Rai R. Solberg el Miér Jun 29, 2016 4:50 pm

Observó como esa joven, con todo el orgullo que pudo sacarse de cada pelo de su cuerpo, que no era poco porque con esas nueves colas podía taparse entera, bajaba de un brinco de la rama y comenzaba a andar como una buena imitación de una diva por el césped mientras pronunciaba esas palabras con motivos diversos por lo que pudo denotar el albino, desde desdén y mofa hasta prepotencia y altivez. Pero la dejo hablar hasta que pareció hartarse de seguir hablando, alzando en ese momento una de sus manos para ocultar muy mal disimulado el bostezo que le hizo mostrar parcialmente entre sus dedos los caninos más desarrollados de la norma que aquel felino blanco poseía. Y ese bostezo era de puro aburrimiento.

- Si tanta ilusión te hace ponerte a investigar mi vida, adelante. No es como si me importase demasiado lo que alguien como tú pueda encontrar o no. En cuanto al empleo... parece que te excitara la idea de intentar joder, pero lo siento, no tendrás esa satisfacción conmigo -y en un perezoso gesto, muy similar al estirarse de un felino, se incorporó para saltar al suelo en una perfecta caída, haciendo que tras flotar unos instantes en el aire el plateado cabello acabara por caer como una cascada por su espalda, con un sutil agitar de las níveas orejas. - Te voy a facilitar y todo las cosas, zorrita -añadió mientras se acercaba un poco a ella, con una cinica sonrisa, guardando en uno de los bolsillos traseros de su pantalón oscuro el libro de bolsillo que había sido instantes antes su entretenimiento- Busca en los archivos de los que hablas Rai Solberg para ver el historial de turnos o lo que te salga de las puntas de tus múltiples colas. Al menos yo me aseguraré no estar paranoico y mantener la calma ya que tú pareces estar sacando todo de contexto y exagerarlo -desde su perspectiva, realmente esa pelinegra estaba poniéndose arisca sin un motivo concreto, y Rai no iba a caer en ese 'mostrar los colmillos' de ella a no ser que agotase su paciencia que, por el momento, parecía mantenerse bien, ya que la altiva actitud de esa kitsune le estaba causando gracia más que molestia. Realmente se creía superior, y eso desde el modo de pensar del felino, era una soberana estupidez. Daba igual que ella fuera la guardaespaldas de una buena familia, como si era la reina de Inglaterra.
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Re: ¿Fría atracción o cálida avidez? [Priv. Ahri]

Mensaje por Ahri Amattore el Jue Jul 07, 2016 6:19 am

La de nueve colas pudo percibir aquel exagerado bostezo mal disimulado, que pretendía con todas las de la ley el causar cierta reacción en ella. Y por un segundo lo consiguió, pues un pequeño tic apareció en su bien perfilada ceja izquierda, pero después tomó aire y lo soltó con suavidad, relajando así el resto de su tenso cuerpo. No, Ahri Amattore no le iba a dar el gusto a ese simple gato callejero, no iba a conseguir fastidiarle la noche. O al menos de ello se convencería, pues de antemano sabía ya que aquel encuentro le provocaría amargos recuerdos por el resto de la velada, y de un tiempo más considerable del que ella hubiera querido soportar.
Siguió su rumbo sin interrupción hasta que sus felpudas orejas negras captaron el sonido de algo suave caer sobre el mullido césped, eso la hizo detener mas no voltearse a ver. La mirada de la zorra se mantuvo hacia el frente, como si allí se ofertara un mejor espectáculo del que el albino le pudiera proporcionar, aun si no hubiese nada en el lugar. Enarcó una ceja de manera elegante y de descarado interés fingido cuando aquel hombre comenzó a acercarse y a hablar, y fue allí cuando la joven se dignó al fin a encararle, ladeando la parte superior de su cuerpo para enfrentarle.
Una suave sonrisa socarrona adornó sus carnosos labios mientras sus ambarinos ojos se fijaban en la celeste orbe de él. ¿Así que el susodicho comenzaba al fin a tomarse en serio sus palabras? Vaya grata sorpresa... pero para desgracia suya, ya era demasiado tarde para reconciderar la decisión tomada: la Amattore se encargaría de investigar hasta de cuántos granos exhibía su bien apretado trasero, pues había logrado captar tanto su interés como su enojo. Claro está, además, que esa era su obligación, el investigar a todo aquel que se relacionaba con el señor Tescotti y la academia en general. Aunque para ella el sueño de una convivencia entre humanos y espirituales era hasta absurdo, cuando a veces ni siquiera los miembros de una misma raza podían llevarse bien entre sí y allí mismo se exponía el mejor ejemplo; de todas formas no permitiría que nadie perturbara los ideales que aquel hombre con tanto empeño luchaba por mantenerlos intactos. Y aquel gatuno no sería la excepción a la norma. Sólo era trabajo, no es que tuviera algo en contra de él de forma específica ni mucho menos, no.... No, claro que sí habían motivos específicos y personales de por medio, pero se callaría porque sería una humillación para la zorra de nueve colas admitirlo. Él, sencillamente, ni siquiera lo merecía.
Sonrió, mordaz.
-¿Así que has empezado a reconsiderar ante mis palabras, Rai Solberg? ¿Acaso el miedo ahora te domina, pequeño gatito blanco? -toda expresión de burla desapareció de su expresión, sólo le contempló inanimada-. Bueno, eso da igual en realidad... porque, para desgracia tuya, ya has perdido la oportunidad. Y no me subestimes, pues no planeaba limitarme a los archivos de esta institución... Cuento con demasiadas fuentes de información externas a estas cuatro paredes, ¿sabías? Hay más cosas que conforman a una persona además de lo laboral. Y, como ya te dije, yo averiguaré hasta tu inclinación sexual, minino.... ¿Por qué, te preguntarás? Sencillo... -la joven espiritual se encaminó hacia el vigía para terminar de librar los escasos metros que los separaban y así encararle con orgullo y seriedad, incluso sin importarle que él fuera varios centímetros de mayor estatura que ella. Eso no la amedrantaría ni por asomo-... porque has logrado hacerme irritar con tu sola presencia, por eso. Hay algo en ti que no me gusta nada, y en vista de que tú no quieres hablar... no tendré de otra que sacar la verdad por otros medios, aun si no son muy ortodoxos.
Una suave brisa se alzó entre ambos, provocando que las cabelleras de ambos danzaran y el negro con el blanco se entremezclaran por un momento. En un ágil movimiento Ahri tomó un mechón de cabello ajeno al vuelo con los dedos y cerró los ojos, llevándolo a su nariz para olfatear el aroma que expedía aquel hombre en particular. Sonrió con interés, y disgustada por ello.
Abrió finalmente los ojos y sus ambarinas orbes brillaron con la luz del ocaso.
-¿Y bien? ¿Sigues creyendo que juego?
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Re: ¿Fría atracción o cálida avidez? [Priv. Ahri]

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