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Mensaje por Dante Zuegg el Jue Mar 20, 2014 1:08 am

Le habría encantado que el recorrido hasta el punto especificado fuese mas prolongado. Cuarenta y cinco minutos si acaso alcanzaban para empezar a saborear la dicha de traer a su querida prometida sentada atrás de él mientras recorrían la despejada carretera que les llevaría hacia una de las playas privadas de la famosa isla. Esa mañana, jamás habría pensado siquiera en la posibilidad de sentir los brazos de la joven dama sujetándose con fuerza a su cuerpo, pero ahora no cabía la menor duda de que indagar con mas profundidad en el asunto que había llevado a un hombre de nombre conocido a marcar directamente al departamento del único hijo de los Zuegg. Sorpresivamente, no era a él a quien buscaban sino a la niña que un par de meses atrás se mudó con él de manera mas bien obligada. El que le pidieran razón de la que sería su esposa algún día no le causó gracia alguna, ¿desde cuándo era secretario de la orgullosa y terca jovencita? Obviamente ella tenía su móvil y fue ahí a donde debieron marcar para localizarla. Dejando en segundo plano la justificación de esa inesperada llamada, comenzó a molestarle la idea de que fuese un varón quien la buscara y si no fuera porque éste se identificó como uno de los agentes con quien Odette trabajaba con relativa frecuencia, seguramente le habría colgado después de hacer unas cuantas “amables” preguntas, las suficientes para mandar a investigar a profundidad la identidad del molesto sujeto. Pero no, afortunado el vejestorio de 38 años que se encontraba al otro lado del teléfono.

En cuestión de minutos ya había conseguido saber lo que quería e incluso un poco más: la muchachita no respondía al celular y todo apuntaba a que su batería se encontraría ya en el mas allá y debido a la urgencia del asunto, optaron por comunicarse con el joven para hacerle llegar el aviso de una sesión fotográfica programada para esa misma tarde. ¿Por qué no se lo había comentado? Se preguntó un par de veces como si no fuera de su conocimiento la negativa que su chica mostraba a diario respecto a casi todo detalle personal que no tuviera relación con el rubio. No podía culparla, dado que su futuro matrimonio no era mas que un arreglo con intereses para las generaciones ubicadas un o dos niveles por encima de ellos, era de esperarse que la relación entre ambos jóvenes resultase un tanto pobre y complicada. Al menos debía agradecer el que una barrera no hubiese sido instalada en su departamento desde el día en que ella arribó a Idarion, pero de momento, era imposible no toparse incesantemente con obstáculo y estorbos a los cuales debía sacar la vuelta en un enésimo intento por ser mas cercano a la dama. No esperaba que una maravillosa amistad surgiera de la nada y mucho menos que el romance hiciera acto de presencia en sus vidas, pero como mínimo, deseaba deshacerse de las asperezas hasta entonces surgidas. Como si de un tolerante par de conocidos se tratara.

Dio un vistazo al eterno trabajo que tenía en la pantalla del ordenador, un par de ventanas y otras cuantas aplicaciones propias de las funciones que desempeñaba dentro de Fiat. Observó y entonces se decidió. Cerró el aparato, lo colocó con sumo cuidado dentro de una funda color rojo sangre junto y ésta a la vez en el interior de una mochila poco formal en tono negro que hasta entonces se encontraba colgada sobre un extremo del sillón de piel en el que estaba sentado. Dentro de la misma guardó unos cuantos accesorios, un par de dispositivos de almacenamiento y su reproductor de música. – Un poco de aire no me sentará mal. – se dijo con cierto humor a segundos de colocarse uno de los tirantes de la mochila, echarse al bolsillo las llaves, el móvil y entonces abandonar el despacho ubicado en su misma residencia.

Con toda naturalidad se presentó en la dirección de la Academia DiAngel, dio aviso de que se llevaría a la alumna Chrysomallis y una vez que la encontró le pasó “el recado” que le habían dejado con carácter de urgente. Estaba de sobra el preguntarle si asistiría al trabajo, lo que realmente le interesaba era pedir permiso para ser él quien la llevase hasta el sitio de encuentro. Ya estaba preparado, cargaba con lo indispensable para continuar con sus obligaciones sin importar lo alejados que pudieran terminar de la ciudad, el reto era convencerla. Por supuesto que tomó sus precauciones. Se había movilizado hasta la escuela en una de sus motocicletas preferidas, una Harley Davidson, específicamente la Forty-Eight que amaba casi como a su propia cama. Si algo consiguió descubrirle a Odette durante el corto tiempo transcurrido, era el gusto por la velocidad, una de las pocas cosas que parecían tener en común. Anexo al ofrecimiento de llevarla en la motocicleta, le prometió  una excelente cena que incluiría los empanizados que tanto disfrutaba y un sinfín de postres a su entera disposición. No le mentía, de hecho no recordaba haberle mentido ni una sola vez desde que se conocieron, aún no se había visto en la necesidad, así que procedió a darle los pormenores de la dichosa cena a la que debían asistir por diplomacia. Se llevaría acabo no muy lejos de la playa en donde la chica tenía que presentarse, se inauguraba un nuevo hotel de la mas exquisita elegancia cuyo dueño era “fiel amigo” del mas anciano de los Zuegg quien sin dudarlo aseguró que su nieto iría en representación de su persona. Naturalmente no podía presentarse en solitario y como ya contaba con prometida para toda la vida, lo correcto era aprovechar la ocasión y presentarla debidamente a la sociedad. Para su fortuna, la jovencita aceptó el trato con menos quejas de las que habría jurado que escucharía por parte de ella.

Mas tarde terminaría de compartirle detalles, la prioridad residía ahora en que la ansiada sesión diera inicio evitando así el descuadrar el itinerario del día.  Estacionó donde mejor le pareció y una vez que la señorita bajó de la motocicleta, prosiguió a quitarse el casco e igual descender. Era seguro que la chaqueta terminaría estorbándole, pero no se pondría cómodo hasta que encontrara el sitio ideal para instalarse por las siguientes horas. No muy lejos, sobre la arena, se podía ver una carpa blanca donde dedujo se encontraría el personal de fotografía y los atuendos que la niña venía a modelar. Solo de imaginar la prometedora tarde una expresión de satisfacción se ensambló en su rostro – Servida Señorita. Puede empezar a desnudarse si lo desea. – sugirió con obvia picardía sin molestarse en disimular la extensa sonrisa que le decoraba ni el atrevimiento de recorrer visualmente la exquisita figura femenina, deteniéndose mas de lo necesario en ciertos puntos. – Ansío ver que tan bien te desenvuelves en tu medio. – confesó divertido al echarse al brazo la mochila y empezar  a andar rumbo a la infinita arena y el sujeto de gafas que ya les hacía señas desde la carpa.
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Mensaje por Odette Chrysomallis el Jue Mar 20, 2014 8:28 am

No se me olvidaba que hoy tenía sesión fotográfica en una de las playas del lugar; lo tenía agendado en mi celular desde hacía semanas, por lo que era imposible que lo olvidara. De igual manera, un artefacto no era tan útil como un agente, por lo que tendría que encontrar uno pronto si deseaba organizar de manera adecuada mi trabajo con mis estudios. Aunque mi tío seguía representándome desde la distancia, necesitaba de un ayudante para que hiciera todas aquellas cosas que a mí me daba hastío realizar, como la de organizar laboriosa agenda. El que había estado trabajando conmigo durante aquellos últimos tres años se había quedado en japón, por lo que necesitaba a alguien que estuviera disponible para viajar conmigo a cualquier parte del mundo al que yo estuviera encaprichada a ir.
Por ahora me encontraba en una interesante clase privada con uno de los mejores profesores de bel canto en aquella institución, quien se encargaba de ayudarme de manera particular con mi técnica vocal. La pieza que estabamos ensayando era la de "Ave María" de Schubert, una de mis favoritas.
Por lo tanto, a pesar de saber que tenía el tiempo contado y una batería de celular muerta, no me preocupé de cargar el artefacto y preferí centrarme de lleno en mi canto. Si no podía llegar hoy, tendrían que hacerlo otro día, o con otra chica, no era la única modelo y tenía en perfecta cuenta que había un sin fin de muchachas detrás de mí listas para ocupar mi lugar. Ser modelo, aunque me ayudaba a darle fama a mi rostro y nombre, no era lo que yo realmente amaba... por ende, no me preocupaba en lo más mínimo si me sustituían.
A mitad de la clase la puerta se abrió y la secretaria del mismísimo directo entró en el recinto que yo en esos momentos consideraba sagrado, por lo que fruncí el ceño con molestia mientras escuchaba con diplomático interés lo que tenía que decirme.
¿Que mi prometido me buscaba? ¿Y ese ahora qué quería?
Sin más remedio, tuve que cancelar la clase de aquel día y tomar mis cosas para encaminarme hacia donde el magnate me esperaba. Que fastidio, ¿por qué se metía en mis asuntos? O mejor aún... ¿Cómo se había enterado de mi sesión fotográfica? Ya después me encargaría de sacarle cuentas a Gastón, por ahora aprovecharía la situación a mi beneficio y aceptaría la oferta que el contrario me ofrecía... claro está,no sin mostrarme renuente al principio, sólo para saber qué más le podía sacar. El hecho de tener que mantener contacto privado con él mucho más tiempo de lo indispensable ya era mucha tortura, tenía que sacar algo a cambio sí o sí.
"Todo lo haces por aquellos deliciosos empanizados que tanto amas, junto a la variedad de postres que seguramente servirán en aquella dichosa cenita... Todo por eso... ¡¿Por qué no olvidaste el famosito y rídiculo anillo en la casa, Odette?! Así hubieras tenido una excusa excelente para brincarte aquel aburrido compromiso... ¡Que ni siquiera es tuyo! Pero claro... los compromisos sociales de él, ahora me involucran a mí... ¡Dios mío! ¡¿Por qué?!"
Aquellos pensamientos rondaban una y otra vez en mi mente a lo largo de aquel viaje en carretera hacia nuestro próximo y caluroso destino. Lo único que lo había hecho ameno era el medio de transporte y la velocidad en la que el otro conducía con maestría... Pero el tener que aferrarme a su cintura era tan poco grato...
Gracias a Zeus, llegamos al estacionamiento público del lugar justo a tiempo para frenar el ataque de histeria que amenazaba con hacerme explotar.
Bajé de inmediato de la moderna motocicleta, aferrando con fuerza mi bolso de mano y con actitud arrogante aparté de mi frente un mechón cobrizo de mi abundante y alborotada cabellera. Eché un vistazo a mi alrededor y me percaté que había mucho menos gente de la que hubiera esperado, pero seguramente porque se trataba de la zona más apartada de donde los demás turistas solían visitar, a uno de los extremos de la bahía. Por una parte me alegraba, quería realizar mi trabajo lo más rápido posible y sin interrupciones de ningún fan que estuviera de por medio, aunque no iba a negar que un poco de atención pública no me hubiera caído mal en esos momentos.
Ignoré olímpicamente las primeras palabras de Dante, dirigiendo mis pasos de forma calmada hacia donde un hombre con gafas hacía señales para que nos acercáramos, al cual reconocí al instante como Gastón.
-Y yo ansío ver como te pierdes por la playa mientras trabajo -repliqué sin ocultar mi molestia ante sus insistentes miradas. Era su prometida, por lo que en teoría eso era lo más normal del mundo y tenía todo el derecho a hacerlo. Pero eso a mí me desagradaba- Y, ya que estamos, ¿podrías dejar de verme de aquella manera tan repugnante? Cualquiera que te viera no pensaría que provienes de una buena cuna -espeté con desagrado y en voz baja, para que sólo el me pudiera escuchar ya que nos encontrábamos muy cerca del lugar donde se había montado la carpa blanca. Miré al hombre que nos esperaba con una sonrisa profesional y me permití ya alzar la voz para que pudiera ser escuchada por todos- Bonjour, Gastón -le saludé con besos en ambas mejillas, como era tradición en el país natal del fotógrafo, y me separé un poco para que pudiera fijarse en mi acompañante, armándome silenciosamente de valor para llevar a cabo las desagradables presentaciones de rigor- Ya sabías que estaba comprometida, pero creo que no se me ha dado el placer de presentarte a mi prometido, Dante Zuegg, quien es futuro heredero de la famosa compañía automovilística Fiat. Y él es Gastón Leblanc, el mejor fotógrafo de París y de Europa entera.
-Ay que niña, siempre tan aduladora -rió el aludido, antes de dar dos palmadas al aire- ¡Basta de juegos, a trabajar! La maquillista y estilista te están esperando en aquella cortina de allá -señaló, dentro de la carpa. Asentí en señal de que le prestaba atención al mismo tiempo que entregaba mi bolso a la ayudante del fotógrafo- Allí se encuentra ya preparado el primer traje que usarás. ¡Vamos, vamos, apúrate! Hemos ya perdido bastante tiempo por tu demora.
La asistente me condujo al interior de la carpa y me dejé guiar, sin arrepentimiento alguno de estar dejando a Dante a su suerte. Al fin y al cabo, ¿quién le mandaba a inmiscuirse en asuntos que no le concernían?
Una vez adentro, y con la eficacia que ya tanto tiempo trabajando en este medio me ha dejado, cambié mi ropa formal por el primero de los bikinis que debía lucir: uno sumamente revelador que a duras penas lograba cubrir parcialmente mis curvas, de color naranja a rayas ya que los colores de moda en aquella temporada veraniéga consistían, precisamente, en colores cálidos.
Trabajando al mismo tiempo, la estilista cepilló mi cabellera hasta que esta quedó naturalmente impecable, y la maquillista aplicó un poco de maquillaje para realzar mis racciones, pronunciar mis pestañas y darle un poco de color a mis mejillas. Ambas eran eficaces, por lo que en menos de quince minutos estuve lista para salir para buscar la mirada aprobatoria del fotógrafo francés. Me encaminé descalza hacia el hombre de edad madura, disfrutando de la sensación que la tibia arena producía en las plantas de mis pies al tiempo que contemplaba con orgullo y satisfacción el rostro de deleite y aprobación que Gastón mostraba ante mi apariencia. En cuanto llegué a su lado, me tomó de la mano y me hizo dar una vuelta sobre mi propio eje, para hacer lucir mi atuendo y provocando que mi cabellera suelta ondeara ante aquel movimiento.
-Eres magnífica. ¿Te han dicho ya que eres la mujer más hermosa de esta tierra?
Reí. ¿Cuántas veces no había oído esas palabras provenir de sus labios? ¿A cuántas modelos con las que trabajaba no se las decía?

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Mensaje por Dante Zuegg el Jue Mar 20, 2014 11:36 pm

Tan solo hizo una cabezada en respuesta a la breve introducción de la chica. No se encontraba muy seguro de cómo describir sus palabras, cada una de ellas era cierta pero por alguna razón se sintió insatisfecho con ello. Probablemente por lo obligado y monótono de los enunciados ensamblados por la dama, ¿pero qué mas podía pedir? Declaraciones románticas definitivamente no. Como fuera, a él tampoco le interesaba demasiado el socializar amistosamente con el abstracto francés, suficiente había tenido con recibir sus quejas por teléfono, como si el joven fuese el tutor de la muchacha. Ciertamente la diferencia de edad era mas de la que usualmente aplicaba en sus propios parámetros pero por extraño que pareciera, Odette le parecía lo suficientemente madura para su edad. Quizá se debiera al hecho de que vivió gran tiempo alejada de su familia, llevando una vida un tanto inusual para su edad. En ese sentido, tenía que reconocerle los logros alcanzados, la independencia que mostraba era casi perfecta. Por supuesto que aquellos a su alrededor desconocían esos detalles y por lo tanto resultaba inevitable el ser calificado como “asalta cunas” entre los bajos comentarios que se propiciaban a sus espaldas. El compromiso se había formalizado con toda la discreción posible puesto que ninguna de las dos familias gustaba en exceso de llamar la atención, pero dadas sus posiciones, fue prácticamente imposible que el tema no saliera a la luz y se esparciera como pan caliente.

Y aunque para algunos aún fuera el chisme del día, a otros les venía importando poco, el  famoso Gastón era el ejemplo perfecto de eso. Después de la presentación no le había dirigido ni una palabra, ni siquiera por diplomacia y eso solo conseguía denigrar la imagen que el rubio ya se había armado sobre el susodicho. De cualquier forma, tampoco le afectaba.

Una vez que su chica fue alistarse para iniciar con su trabajo, él buscó con la mirada algún sitio óptimo para dedicarse también a sus propias obligaciones. El sonido de las olas ya conseguía amenizarle el humor y aunque por un instante estuvo tentado a deshacerse de las botas que portaba e ir a mojarse los pies donde el agua se difuminaba con la arena, terminó obedeciendo a su lado responsable que le exigía terminar con el trabajo que le aguardaba en el ordenador. Ni hablar, tendría que dejar el ocio para otra ocasión, con un poco de suerte, para unas horas mas tarde.

Como el sentarse sobre un conjunto de rocas no parecía ser la mejor opción para trabajar, y además se encontraban relativamente alejadas de la carpa, optó por acercarse a una de las chicas que acompañaban al fotógrafo. No tenía ni la mas remota idea de cuál era su función exactamente, pero para él lucía como una eficiente chica de los mandados. A ella compartió la necesidad de un asiento cómodo y ésta a toda prisa le ofreció una silla. Con el pequeño problema resuelto, se dio a la tarea de avanzar en sus propios asuntos colocando el ordenador sobre sus piernas. Por un momento le pareció que la asistente le observaba con insistencia desde su ubicación cercana a la carpa, pero si Odette era capaz de mostrarse educada como la buena prometida que se suponía que era, él también sabría adaptarse a la situación y contener el impulso natural de corresponder a la atención mostrada por la desconocida.

Ya tenía todo listo para empezar a trabajar, todo tal cual lo tenía antes de recibir la llamadita por la mañana. Como último detalle ajustó las gafas que normalmente usaba al encontrarse frente a la pantalla y respirando profundamente el aire fresco del lugar, se dispuso a hacer uso de las teclas. Pero en cuanto las rozó, algo mas llamó su atención. Siendo justos habría que decir que fue atrapado y cautivado de tal manera que poco le faltó para quedar rotundamente anonadado. A los tres segundos de su apreciación, volvió a extender una complaciente sonrisa. Obviamente tenía presente la calidad de curvas que su querida poseía, pero nada se comparaba con observarla en vivo y en directo luciendo tan atrevido conjunto.

-Creativa combinación de palabras. – señaló con sarcasmo forzando un poco la pasividad en su voz, mucho le habría gustado enmarcar el enunciado de manera mas hiriente. La escena de Leblanc tomándose tantas libertades con la rubia no le causó la mas mínima gracia, puede que no haya sido mas que un leve tacto a su mano y un giro inofensivo, pero bastó para provocar un matiz de odio en los azulados orbes del hombre. Había abandonado por completo lo que llevaba minutos preparando, dejándolo todo sobre la silla para ir y marcar límites al extraño que osaba poner una mano sobre la delicada piel de su prometida, a quien ahora rodeaba por la cintura con un brazo ubicándose atrás de ella y con la otra mano la arrebataba literalmente del agarre del cuarentón. – Thea es consciente de la perfecta mujer que es. No necesita frases tan ensayadas y desgastadas. ¿Por qué no empieza de una vez con su trabajo? Creí que tenía prisa~concluyó sonriente permaneciendo tan solo otro par de segundos adherido a la expuesta piel de la jovencita. Le colocó con extrema delicadeza un suave beso sobre el hombro izquierdo, el mismo lado por el que sujetaba su exquisita cintura y deslizando brevemente el tacto por el brazo que un instante atrás le sujetaba de la muñeca, retrocedió un par de pasos. Con anterioridad ya había comprobado que en público podía hacer con ella casi cuanto quisiera sin recibir queja alguna, mas no era su intención abusar de esa curiosa postura, de ahí que pronto anulara todo contacto físico entre ambos, liberándola para evitar tentar su nivel de tolerancia.

Intentó acomodarse un mechón del flequillo que se rebelaba incitado por la hiperactividad de la brisa, les rodeó parcialmente a pasos lentos y entonces se detuvo cruzándose de brazos.– Me moveré con ustedes. Quiero ver si éste hombre es tan eficiente y profesional como dicen por ahí.– avisó con altivez posando una fría mirada en el francés, dejándole claro que no estaba solicitando autorización - De esa manera puede que disminuyan los… percances.– remató con total seriedad. En el fondo sabía que su sola presencia sería un estorbo en general, mas no tenía intención de dejar a Odette en manos de ese sujeto, ya se comería después los reclamos de la afectada. Y estaba seguro de que llegarían cuando se encontrasen a solas, pero bajo esas condiciones, él también podría explayarse en su trato hacia ella.
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Mensaje por Odette Chrysomallis el Miér Mar 26, 2014 4:43 am

Cuando lo observé encaminarse hacia donde Gastón y yo estábamos, supe que nada bueno iba a salir de aquello... Y dicho y hecho, no tardé en escuchar su monótona voz demandante y su tacto tan irritante. ¿Desde cuando él se tomaba tantas libertades conmigo? Era mi prometido, pero tampoco lo creía tan corto de ideas para no percatarse que antes preferiría morir que ser tocada por él, o por cualquier otro hombre o mujer con ideas romanticosas en la cabeza. Pero no, era obvio que prefería el rápido exterminio propio sobre todo si se trataba de él, precisamente de él.
Reprimí el impulso de dejar lucir mi verdadero sentir mediante mi expresión y me mantuve totalmente inexpresiva, siendo testigo de como el rubio atacaba verbalmente a mi fotógrafo de aquella manera. ¿Por qué lo hacía? Pero algo dentro de mí me decía que era mejor no averiguarlo.
Mi cuerpo se estremeció en los brazos de él al sentir aquel contacto de los labios ajenos sobre la piel desnuda de mis hombros. Cualquiera de los allí presentes, que no me conociera lo suficientemente bien, pensaría que esta acción era la más típica de una joven enamorada que disfrutaba del contacto con el hombre que amaba. No, en mi caso definitivamente era todo lo contrario: el desagrado fue el causante de aquella reacción involuntaria de mi cuerpo.
Pero no hice nada por apartarlo, sencillamente porque tenía una reputación que mantener y aquel exasperante magnate no sería el causante de que esta se fuera al pique; en cuanto nos vieramos libres de observadores u oyentes externos...
Respiré con alivio cuando volví a recuperar mi espacio personal y miré a Gastón, con más curiosidad que preocupación, para saber por la expresión de sus facciones qué era lo que opinaba de aquella escena que en lo personal consideraba ridícula. Definitivamente el francés estaba disgustado con la interrupción e impertinencia de Dante, pero a pesar de poseer un carácter pesado cuando se enfadaba, también no perdía el hilo de la realidad y sabía a ciencia cierta que enfrentarse a mi prometido, era como echarle una soga al cuello a su prestigiosa carrera, hipotéticamente hablando. No le quedaba de otra más que asentir y aceptar, a regañadientes, las exigencias del otro.
E hizo eso exactamente: miró con desprecio al italiano y asintió con una seca cabezada antes de darse media vuelta con desdén y dirigirse hacia una de sus asistentes, con la que desquitó cierta parte de su ira contenida.
-¿No has escuchado que ya estamos por empezar? ¡Trae el bloqueador solar antes de que Odette sufra una insolación! ¿O quieres que recibamos una demanda por atentar contra la salud de una de las modelos? ¡Muévete!
La mujer corrió nerviosamente a cumplir con las órdenes dadas; momento que aproveché que todos estaban entretenidos en sus propios quehaceres, para voltear a ver a Dante con fastidio.
-Te vuelvo a pedir una vez más, que no menciones ese nombre tan desagradable. Soy Odette, Odette -reiteré, marcando cada letra que componía mi nombre para que le quedara lo más claro posible. ¿Era tan difícil de recordar?- Si vuelves a decirme de esa manera, te desconoceré como mi prometido -amenacé con amargura antes de apartarme de él cuando la asistente regañada regresó con la crema. La acepté y sin más, ayudada con una silla, comencé a untármela por todo el cuerpo. Eran una sensación sumamente desagradable, pero no tenía otro remedio más que realizar aquella fatídica misión, o en caso contrario podría perjudicar mi piel al estar expuesta a los intensos rayos solares del mediterráneo. Gastón regresó nuevamente a mí, con aquel ceño fruncido que ya le reconocía perfectamente bien y que no significaba otra cosa que no fuera la de querer apresurar a todo el mundo para que hicieran las cosas perfectamente en el menor tiempo posible. Sí, aquel hombre cercano a los cuarenta y con la fama que sólo una brillante carrera como fotógrafo le podía dejar, cambiaba de temperamento tan rápido como cambiaba de ideas o de calcetines. E incluso podría apostar que estas dos primeras sucedían con más frecuencia que la última
-Gracias, querido Dante -mascullé con molestia mientras frotaba la palma de mi mano con rapidez contra mi muslo izquierdo, para conseguir que la dichosa crema se quedara en mi pie de forma uniforme y que no hubiera ninguna capa extra de la misma que pudiera arruinar mi apariencia.
El francés se posicionó frente a mí y me arrebató el tubo con el bloqueador, haciendo amago de verter un poco de la pegajosa sustancia en sus propias manos.
-Tenemos muchas cosas por hacer y pocas horas de sol para realizarlas... ¡Vamos, querida! -Se detuvo a media acción y sonrió con malicia, volteando a ver a Dante- Cierto, es posible que tu prometido pueda ayudarte mejor en esta clase de faenas, adorada Odette -sin más, se acercó al rubio y le colocó en las manos el bloqueador para que fuera él quien se encargara de terminar de ponérmelo en la espalda- Se lo encargo mucho, Zuegg -y sin más, se retiró a verificar algo del equipo de cámaras.
Me quedé de piedra.
¡¿Qué?!
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Mensaje por Dante Zuegg el Vie Mar 28, 2014 10:45 pm

Disimuló lo mejor posible la sonrisa pero era casi imposible fingir que su recién asignada misión no le causaba gracia infinita. Sonreía como un niño al que se le había otorgado permiso para hacer la mas grande de sus travesuras, sin reprimendas ni limitaciones. Con un brillo juguetón en la mirada enfocó a la bien portada Odette y una vez transcurridos un par de minutos soltó una risa jovial que delataba casi todo lo que estaba pasando por su mente. Pero debía ser cauteloso y moderado, recordarlo consiguió guardar su burla para otra ocasión y en sustitución adoptar la postura mas seria que las circunstancias le permitían. Ciertamente dicha “seriedad” no alcanzaba mas que para silenciarse, obligándose a conservar únicamente una pequeña sonrisa que claramente no convencería a nadie, mucho menos a su prometida.

Aún incrédulo por el curioso giro del destino bajó el rostro momentáneamente, siendo entonces cuando la sonrisa se extendió ya sin rastro de malas intenciones. Simple y sincera diversión. – No me culpes. No  es cosa mía. – le recordó alzando sólo la vista hacia su futura mujer. Ahora sí, un toque de picardía asomaba sin pena alguna por sus ojos aún acompañados de las gafas de lectura. Se encogió de hombros con indiferencia y dio un par de pasos hacia la chica, colocando en el trayecto un poco del bloqueador en su palma izquierda. – Parece que tu francesito es muy huraño. No sé cómo lo soportas. – compartió una opinión bañada con cierto sarcasmo. Se ubicó por segunda vez atrás de ella usando la mano libre de sustancia para apartar el sedoso cabello de la modelo, pasándolo por encima del hombro que él había besado. - ¿Normalmente a quién le pagan por hacer esto, eh? Deberían cobrarle y no aumentar sus ingresos. - ¿Por dónde empezaría? Cada centímetro de ella lucía tan apetitoso que decidir se había convertido en todo un dilema. ¿Por los hombros tal vez?

Pronto inició su labor a partir de la parte superior de la espalda, repartiendo el bloqueador de la manera mas uniforme posible, con suavidad y sin prisa alguna. Entre mas se prolongara el placer de la acción, mucho mejor para él, Odette ni siquiera debía quejarse, su patrón era el único y gran culpable. A decir verdad, el joven empresario no terminaba de entender cuáles habían sido las intenciones del viejo, porque obviamente encasquetando la tarea no conseguiría afectar negativamente al chico, a ella sin duda, pero… ¿no era con su querida niña con quien estaba molesto, o si? Oh… si eso era un desquite enfocado en la persona equivocada empezaría a sentirse culpable, culpable y al mismo tiempo indudablemente victorioso.

-Si no te gusta el ritmo que llevo sólo dilo. Con gusto buscaré otra manera de satisfacerte, querida Odette~ Querida y añorada, tentadora y tan imposible de alcanzar. Dejó escapar un imperceptible suspiro mientras desplazaba ambas manos hacia abajo, deleitándose la pupila en todo momento con la bonita figura que tenía en frente. Tenía que reconocer que sus padres tenían buen gusto, en ese aspecto no tenía la mas mínima queja. Bueno, en realidad en ningún sentido tenía “peros”, ni siquiera en su indomable personalidad ya que incluso esa parte de ella tenía su encanto y le aseguraba sorpresas casi todos los días. Unas menos tolerables que otras, pero conseguía sacarle de la monotonía lo suficiente como para dejar la aburrición en el más recóndito rincón de su existencia. Sí, estaba mas que satisfecho con su adquisición.

De repente se percató de algo curioso, su propia vista se clavaba insistente en el nudo superior que sostenía la prenda al cuerpo de la chica. Su atención puesta en ese punto generaba distracción en el movimiento de sus manos, pero de eso no se dio cuenta. Dejándose llevar por un impulso travieso tiró drásticamente de un extremo del lazo, desbaratando con ese acto el amarre y, antes de que algo mas ocurriera hizo lo mismo con el otro nudo que marcaba territorio en la perfecta espalda de su chica. - ¡Ah! Tenemos un problema Odette~ Mejor dicho dos tirando a tres, porque para rematar se tomó la descarada libertad de deslizar las manos por cada uno de los costados de la rubia, comprobando el delicioso contorno que ésta poseía. Bendito tacto. Si el escenario fuese otro, quizá su atrevimiento le hubiese animado a probar mucho mas que sólo el contorno, pero de momento tendría que conformarse con eso y con alguna posible cachetada o similar porque obviamente no creía salir ileso después de lo hecho.
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Re: ¿Te apetece? [Priv]

Mensaje por Odette Chrysomallis el Lun Abr 21, 2014 5:39 am

Por lo general su risa jovial no me desagradaba, me parecía armoniosa y grata de oir. Por lo general. Ahora era el sonido más molesto y estridente que jamás había escuchado, únicamente superado por el chirriar de un violín desafinado. ¿Por qué tenía que sucederme esto a mí? ¿Es que acaso había hecho enojar a los dioses? ¡Aquello era verdaderamente injusto, y hasta Hades lo sabía!
Le dediqué una mirada de profundo rencor, obviamente sin comprarle en ningún momento su sonrisita y mucho menos esa miradita de dobles intenciones que me erizaba la piel, y no en un sentido amigable. Por fortuna, a lo largo de estos años, había logrado dominar mi temperamento frente a terceras personas ya que para mí era impensable arruinar mi reputación. Así que con una actitud fría e inexpresiva, asentí sin mediar palabra alguna y me erguí, a la espera de la peor tortura de mi vida.
Aunque claro, todo sería mucho más sencillo si el tipo se dedicara a cumplir con su obligación lo más rápida y eficientemente posible. Y sobre todo, con la boca cerrada. Sólo me limité a gruñir por lo bajo ante sus constantes pullas y comentarios de tan poco interés al tiempo que torcía mi cabellera ligeramente sobre mi hombro para que no fuera tan bultosa y de esta manera me dejara a mí también trabajar.
-Siempre lo hace Gastón -repliqué secamente- Y estoy segura que esa rutina no hubiera cambiado si tú no estuvieras aquí, involucrado en asuntos que no te conciernen -realmente deseaba explotar, gritarle a la cara todo lo que pensaba de él, pero debía contenerme, actuar profesionalmente, como siempre lo hacía cuando algo me disgustaba dentro del ámbito laboral o social: fría, autoritaria y demandante; si perder en ningún momento la compostura. No debía perder la compostura. No debía...
Intenté, en verdad intenté contener aquellos escalosfríos que me recorrían todo el cuerpo, en una clara muestra de mi repulsión hacia él. No era lo mismo cuando era Gastón quien me aplicaba la crema... ¡Claro que no era lo mismo! Él lo hacía sólo porque era su deber... el sujeto detrás de mí tenía otras intensiones que me daban náuseas. Lo detestaba. Era inevitable que mi cuerpo se arqueara hacia adelante, en una manera desesperada por cortar todo contacto con el ajeno, pero este se prolongaba... y se prolongaba cada vez más. ¡¿No podía terminar ya?!
-¿Puedes darte prisa? No tenemos todo el día para ti, ya me arruinaste lo suficiente por hoy... ¿no crees? -mascullé con helada voz, segundos antes de que aconteciera aquello que hubiera pagado con toda mi fortuna, sueños e ilusiones, para que no sucediera. Mi cuerpo se congeló y con horror en mis ojos, observé cómo la parte superior de mi bikini caía en cámara lenta, sin ser capaz de retener la prenda, hasta que esta dio a parar sobre la tibia y áspera arena.
No, aquello no estaba pasando, era una pesadilla, una pesadilla horrible...
Lancé un profundo grito antes de cubrir mis desnudos senos con mis brazos y, en un intento desesperado por proteger aquella piel expuesta que no debería estar al aire libre, giré sobre mí misma y busqué refugio en el cuerpo de Dante, pegando lo más posible mi torso al de él al tiempo que cerraba los ojos y tensaba las mandíbulas con fuerza, deseando que todo aquello no hubiera sucedido de verdad.
Ardientes lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos por la vergüenza, aunque estas poco a poco comenzaron a derramarse por otro motivo al comenzar a analizar la situación y los hechos acontecidos: era imposible que los dos nudos del corpiño se deshicieran por sí solos, algo debió ser el causante de tal suceso... y ese alguien había sido nada más y nada menos que él. ¡Él!
-¡¡Tú!! -grité con rabia contenida, separándome de él inmediatamente para perder todo contacto con su despreciable persona. Fue así como dio paso a la ira. Le miré con profundo rencor, mis ojos aún brillosos por las lágrimas. No le dí oportinidad a reaccionar, ni mucho menos esperé a que algo más sucediera: con la ayuda de un sólo brazo me cubrí lo mejor posible mi desnudez y el otro lo alcé para estamparle secamente la palma de mi mano con furia contra su mejilla- ¡Qué poco hombre eres! ¡Te aborrezco! No quiero saber absolutamente nada de ti... ¡Nada! -me quité el anillo de compromiso, el cual hacía segundos había estado luciendo en mi dedo anular izquierdo, y se lo arrojé con toda la fuerza de la que fui capaz contra su rostro- El compromiso queda totalmente anulado... ¡Te desconozco como mi prometido! Ahora largo de aquí, ¡vete antes de que llame a los de seguridad!
Y aún con lágrimas en los ojos ante la rabia y vergüenza padecidas recientemente, me agaché para recoger la pequeña prenda y usarla de escudo para proteger mi torso desnudo junto con mis manos y salir corriendo de allí despavorida, rumbo a las blancas cortinas que fungían de vestidor improvisado.
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Mensaje por Dante Zuegg el Lun Jun 09, 2014 2:19 am


¿Se podía ser más estúpido?

No había meditado en el alcance de sus acciones y ahora… estaba pagando el precio. Pero no solo de la mala travesura recién aplicada, sintió como si cada una de las jugadas trazadas sin buenas intenciones para Odette se le estuviesen cobrando de a una sola vez. ¿En… qué estaba pensando…? Fue como si un ser divino le iluminara en ese instante y le hiciera darse cuenta de lo mucho que había ofendido a la chica, aunque sus intenciones no hubiesen sido con afán de lastimarla… lo había hecho. Y ya no había vuelta atrás.

Todo le quedó claro cuando teniéndola aún apegada a él, fue testigo de las lágrimas que corrían por sus suaves mejillas. Anonadado no supo cómo reaccionar, el rostro se le había encendido sin que se diera cuenta de ello mientras el azul de sus ojos fungía como testigo del gran error que acababa de cometer. No quería… de verdad que no quería verla en ese estado pero… justo cuando sus manos consiguieron el valor de abrazarla, ella llegó a una rotunda verdad entendiendo entonces que aquel en quien se refugiaba no era otro que el culpable de sus desgracias.

Y entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. No hizo ni amago de llevarse la mano al golpe para intentar sostener el dolor, lo tenía tan merecido... Mantuvo el rostro desviado tal cual le dejó la cachetada, sintiendo el peso de sus acciones como jamás imaginó. Claro, siempre obtenía lo que quería, poco era lo que se le negaba en la vida o lo que estaba lejos del alcance de su mano y ahora… ahora le daban su merecido. Y no fueron las palabras de desprecio que lanzó primero lo que caló en sus huesos, no, a eso estaba acostumbrado. Jamás habían embonado uno con el otro, era natural recibir desprecio de sus labios. Fue lo que vino después lo que hizo reaccionar no solo a sus pensamientos, sino también a su corazón. El anillo que él mismo había elegido para ella le era lanzado de regreso, pero tampoco fue el hecho de ver aquel accesorio fuera de su sitio, mucho menos las intenciones de darle en la cara con el carísimo objeto. Nada de eso. El dolor que comenzaba a invadirle venía de todo lo que eso representaba.

Anulado… Desconocido…

Vete…


¿Había algo peor que esos términos en conjunto? Para él no. No en ese instante.

Esa expresión de odio en las facciones de la mujer que tanto adoraba permanecería por siempre en su memoria y es que sencillamente no lo podía creer. Bajó la vista y observó sus propias manos sin saber qué hacer, hasta que su mirada cruzó con la sortija que yacía en la arena sin consuelo. En movimientos lentos se agachó para recuperarla, preguntándose si realmente todo aquello debía afectarle. ¿Es que acaso no se suponía que todo era arreglado? Nunca existió un lazo sentimental entre ambos, ni siquiera se podía decir que hubiesen forjado pizcas de amistad y entonces… ¿por qué dolía tanto…? ¿Por qué sentía un inmenso vacío en su interior? ¿De dónde venía esa… esa desesperación?! Cerró el puño en que sostenía el anillo con tanta fuerza como el cuerpo le permitía, sintiendo al mismo tiempo un ardor incontenible en la quijada. ¿Cómo fue a terminar así si él… si él realmente la quería…  - ¿Por qué…? – volvió a preguntarse conteniendo cuanto sentía en ese momento. Impotencia, tristeza, coraje, decepción de sí mismo. Era cierto que el único motivo por el que sus caminos se cruzaron venía del interés propio de cada una de sus familias, pero con el pasar de los días, se había descubierto profesando sentimientos inéditos por Odette. Se preocupaba por ella, quería verla feliz, verla sonreír aunque esos gestos nunca fueran dedicados para él, no importaba, estaba bien con eso. Tenerla a su lado aunque fuera a regañadientes le era suficiente. Que iluso fue, creer que con consentirla indirectamente bastaría para que todo marchara como debía.

Ahora plantado ahí sobre la arena, entendió que tenerla de esa manera no había hecho mas que crear una ilusión. Pues si ella no sentía absolutamente nada por el prometido impuesto… ¿cómo iba a ser verdaderamente feliz? Obligarla a permanecer junto a él todo ese tiempo debió ser una tortura. Jamás se había detenido a pensar en las emociones de Odette, quizá… su rechazo provenía del amor atesorado por alguien mas, alguien de quien había sido forzada a separarse a favor del estatus familiar. Nunca tocaron el tema, ni siquiera cruzó una vez por su mente, ¿sería eso porque… no eran mas que conocidos? Dos personas que no saben del otro mas que lo anunciado abiertamente, sin confidencias. Aquella relación no había sido mas que un hueco, ponerle fin fue sensato.

Alzó la vista al cielo, después al infinito mar. Tenía ya una decisión. Y necesitaba expresarla. Sin perder mas tiempo corrió tras ella, no le importaba si el equipo de trabajo estaba ahí, si lo juzgaban o lo que fuera, sabía a quien quería y no se rendiría tan fácilmente. -¡Odette!! – le llamó con todas sus fuerzas cuando estuvo mas cerca, deteniéndose de golpe con la vista fija en ella aunque la mirada no fuese correspondida - ¡No me daré por vencido! ¡Lucharé por ti, por conseguir tu amor! Porque es a ti a quien quiero, eres tu la dueña de mis sentimientos. Lamento lo ocurrido, no imaginas cuanto… Pero aún así, ¡sabrás de mí! – sentenció con una seguridad jamás experimentada, sus palabras destilaban coraje. Estaba furioso consigo mismo, pero se esforzaría cuanto fuese necesario para compensar todos sus errores, para tocar los sentimientos de su amada, para conocerla tal cual era. Y si aún después de eso seguía sin provocar en ella sentimiento alguno, entonces aceptaría esa realidad. Mientras tanto armaría su contra ataque, empezando por deshacerse de aquel símbolo de falsos lazos. Dio media vuelta en dirección del débil oleaje que tocaba la arena y, con todas sus fuerzas, arrojó el anillo tan lejos como fue posible. Iría por sus cosas y se marcharía tal cual Odette se lo había pedido, con o sin percances, tenía una agenda con la cual cumplir aún si eso significaba presentarse a la cena sin la acompañante que algunos esperaban verle. Empezaría de cero, la verdadera batalla estaba por comenzar.
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Mensaje por Odette Chrysomallis el Miér Jul 30, 2014 6:31 am

Canción:
https://www.youtube.com/watch?v=dsm0th1qDtw

Me detuve de golpe al escuchar aquella voz gritando mi nombre a mis espaldas. Me detuve a un par de metros del biombo que se había instalado para que yo pudiera mudar de ropa rápidamente, mas no me giré para observarle. Tenía la cabeza baja, tratando aún de contener aquellas lágrimas que no representaban otra cosa más que el orgullo herido y la rabia que en ese mismo instante profesaba por aquel al que acababa de desconocer como mi prometido. ¿Me arrepentía? No, al menos no mientras el odio durase. O al menos eso creía hasta que escuché sus palabras contiguas. Me abracé a mí misma con mayor fuerza, en un intento desesperado por cubrir la desnudez de mi torso y abrí los ojos desmesuradamente cuando las palabras "amor" y "sentimientos" salieron a relucir en el monólogo. Instintivamente un escalosfrío desagradable, reacción natural de mi cuerpo ante la repugnante idea del romance involucrado con mi persona, recorrió mi espina dorsal. Pero para mi desgracia, no fue sólo eso lo que experimenté, pero lo otro lo deseché tan rápidamente como había comenzado a resurgir de lo más profundo de mi ser. Nunca supe qué fue y jamás lo sabré.
Dejé que los minutos pasaran en silencio, sin hacer absolutamente ningún movimiento que delatara que aún era capaz de reaccionar. Y es que sencillamente no podía hacerlo, fue como si me hubieran golpeado con un bate tan cruelmente en la cabeza, que me había dejado totalmente fuera de combate.
¿Qué era lo que había hecho?
Rápidamente giré mi cabeza para poder observar por encima de mi hombro y buscar desesperada si silueta, pero no había nadie allí que encajara con el perfil que yo requería. Se había ido. A pesar de estar plenamente consciente de eso, mi vista se quedó fija en aquel punto a la distancia donde sabía que estaba la motocicleta estacionada, pero que yo no podía ver desde aquel punto. ¿Ya se habría ido o aún estaría allí? Y esas palabras suyas que no dejaban de resonar una y otra vez en mi mente...
-Qué palabras tan más desagradables... -musité de forma inexpresiva, carente de toda emoción y eso incluía el desdén, exteriorizando así en voz alta lo que mi mente replicaba al significado de lo que Dante me acababa de decir de aquella forma tan pasional. ¿Cómo era eso posible?
Sacudí la cabeza suavemente, para eliminar toda la escena anteriormente acontecida de mi mente, y sin más preámbulos me dispuse a encaminarme al biombo nuevamente para poder colocarme como era debido el corpiño y así seguir con el trabajo de aquel día sin más contratiempos. Estaba segura que mis padres me matarían viva si pudieran por lo que acababa de hacer, pero tenía un intinerario que cumplir y no permitiría que nimiedades como el arrepentimiento afectaran mi desempeño laboral. O al menos eso era lo que iba a intentar...
Una vez lista por completo, regresé a lado de Gastón para dar comienzo a la sesión de fotos de ese día. Fue un día arduo de mucho esmero por mi parte y de todos los miembros del equipo del fotógrafo parisino, pero al menos fui capaz de sacarme todo aquel lío acontecido y permití que las horas transcurrieran enfocándome únicamente en mi trabajo, dando lo mejor de mí como siempre lo hacía para rendir de forma satisfactoria y poder satisfacer tanto a mis productores como al público en general. Aunque para mi desgracia, no todo ocurría de manera ordinaria... la voz de Dante aún seguía replicando cruelmente en mi cabeza, trayendo consigo el arrepentimiento por mi reacción pasada. El orgullo, claro está, jamás me permitiría reconocer que me había equivocado, por lo que en mi interior seguía en la firme creencia de que había hecho lo correcto, y que los dos estaríamos mejor de esa manera. Si los demás que estaban trabajando a mi lado en ese momento habían visto la escenta entre aquel que había sido hasta hacía unas horas mi prometido y yo, sabían disimularlo bastante bien porque ninguno hizo comentario o ademán alguno al respecto; cosa que les agradecía fervientemente. Lo menos que necesitaba en esos momentos para conseguir mi concentración profesional era que los demás cuchichearan a mi costa.
Ya sólo faltaban las fotos en el mar bajo la luz del ocaso y podría dar por concluida aquella faena por el día de hoy. Me introduje en la tibia agua salada hasta donde el agua me llegara a las caderas y comencé a seguir todas las instrucciones que Gastón me dictaba. Una hora más de eso y me vi libre de todo hastioso trabajo de modelaje y de tener que posar una y otra vez de la misma forma. Al menos por ese día.
Me sumergí por completo en el agua y me quedé por unos segundos así, aguantando la respiración, hasta salir nuevamente a la superficie y exhalar el aire de forma pausada. Con los ojos cerrados tranquilamente, en un rápido movimiento hice mi cabello empapado hacia atrás, para que dejara mi rostro al descubierto. Escuché el sonido de la cámara al ser accionada y volteé a ver a Gastón de mala manera por tomarme aquella fotografía mientras yo estaba desprevenida, pero se excusó con el argumento de que había salido demasiado magnífica como para desperdiciar la oportunidad. Suspiré, sabiendo que no habría manera de replicarle, y obedecí su orden de salir del mar para reunirme con los demás.
Mientras lo hacía, en un determinado momento algo se incrustó en mi pie al caminar sobre la arena rumbo a la orilla del mar para salir. Un gesto de dolor apareció en mis facciones y me puse de cuclillas para poder tentar a ciegas en el agua aquello que me había lastimado. Mis dedos dieron con el escurridizo objeto y antes de sacarlo del agua, lo sacudí ligeramente en la misma para quitarle el exceso de arena mojada. La luz rojiza del atardecer iluminó aquel pequeño elemento de metal brillante, aunque la observación no fue necesaria puesto que el tacto me bastaba para darme cuenta de que se trataba de un anillo. Mi anillo. Abrí los ojos desmesuradamente y lo observé por largos segundos que me parecieron horas. ¿Se habría... atrevido a arrojar mi anillo al mar? Aunque en teoría, esa joya ya no me pertenecía, se la había devuelto a él. Aún sabiendo eso, y con el arrepentimiento a flor de piel, me coloqué el anillo sobre el dedo anular de mi mano izquierda y salí por completo del mar.
Tomé la toalla que mi compañero me ofrecía y envolví mi cuerpo con esta. No iba a cambiarme allí, el set había rentado habitaciones en el hotel más próximo a nosotros, a pie de playa, y una de ellas me correspondía. Pedí que alguien se encargara de mis cosas y me acerqué tal cual estaba al Jeep que Gastón había rentado para que nos trasladara en aquella ocasión, me subí con él y este puso rumbo a nuestro destino. Una vez en el hotel, el francés me acompañó hasta recámara y antes de que él se fuera a la suya, le pedí de favor que me pudiera conseguir un vestido de coctel lo más pronto posible, y todo lo que necesitaría en mi arreglo personal para poder asistir a una velada. El otro, sorprendido, no se atrevió a negarse y prometió que haría lo mejor que pudiera. Convencida y confiada de que así sería, me introduje a mis aposentos y me preparé para darme una ducha. Permití que el agua caliente se deslizara por mi desnudo cuerpo mientras mi mente se sumergía en mis pensamientos y mi vista se perdía en el pequeño objeto brillante que acababa de quitarme para juguetear con él entre los dedos, a la vez que me daba a la tarea de sacarle, con ayuda del agua, todo el resto de arena que pudiera arruinar su belleza. Quizá estaba cometiendo una locura, pero asistiría a esa reunión, a la que Dante me había invitado aquella misma mañana. Me apegaría a ese plan original, aunque con ligeras modificaciones como el hecho de que llegaría por mi cuenta, y a partir de allí dejaría que las cosas transcurrieran a su manera... Sí, eso era lo que haría.
Cuando terminé de quitarme el agua salada y la arena de mi cuerpo, me enjaboné y enjuagué, di por finalizada mi ducha y cerré las llaves del agua para después envolver mi cuerpo con una toalla. Salí del cuarto de baño y sonreí al descubrir que sobre la cama se encontraba esperándome un hermoso vestido negro escotado y de falda corta, acompañado de unos zapatos de tacón del mismo color y de todos los accesorios necesarios para lucirlos. Como siempre, Gastón había cumplido de forma eficiente. Me dispuse a alistarme y apenas estaba colocándome las zapatillas, con el vestido ya puesto, cuando tocaron a mi puerta y tras abrir descubrí que era la maquillista que me había atendido aquella misma tarde, quien había recibido órdenes del fotógrafo líder de asistirme en todo lo indispensable para mi peinado y maquillaje. Sonreí con gratitud ante la ayuda brindada y por casi tres cuartos de hora, me dejé hacer.
Una vez lista y satisfecha con la imagen que el espejo reflejaba, cerciorándome antes de llevar puesto el anillo de compromiso en el dedo correspondiente, salí del hotel y me subí al taxi previamente solicitado por la recepción. Por fortuna contaba con buena memoria, por lo que los escasos datos que Dante me había proporcionado sobre el evento bastaron para que uno de los asistentes de Gastón pudiera dar con el domicilio exacto en que se celebraría, lugar que quedaba relativamente cerca. Desde que había subido a mi transporte, supuse que llegaría tarde por lo que no me sorprendió al arribar que esta ya había dado comienzo. ¿Dante ya se encontraría en el interior? Pagué el importe del traslado al chofer y una vez en el exterior, respiré profundamente para darme ánimos. Odette Chrysomallis jamás se amedrantaba, por lo que me encaminé hacia donde el hombre encargado de recibir a los invitados estaba. Di mis datos y aclaré que era la compañía de Dante Zuegg, sólo que por motivos ajenos a nosotros tuvimos que presentarnos por separado. Algo en mí le dio confianza al hombre, o no era demasiado receloso, pues me dejó entrar a la primera y sin preguntarme más detalles al respecto.
Y una vez allí, en el umbral del lujoso salón de recepciones y observando nerviosa todo a su alrededor y a la considerable cantidad de personas que ya se encontraban presentes allí, Odette Chrysomallis se quedó con la mente totalmente en blanco.
No supe qué hacer.

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Re: ¿Te apetece? [Priv]

Mensaje por Dante Zuegg el Dom Ene 25, 2015 12:54 am

Tenía la mirada perdida en el espléndido panorama nocturno del mar acompañado por una luminosa media luna. Como ser espiritual que era sentía la necesidad de mezclarse con los elementos, tocar la arena sin calzado y sumergir por lo menos los pies en la fría agua. Pero no podía. Estaba atrapado en la formalidad de un evento social que estaba por empezar y del cual debía formar parte a como diera lugar. Tan solo era un invitado, un espectador para el aburrido corte del lazo que haría oficial la apertura del lujoso hotel, y por más que sus pensamientos estuviesen en otro lado, tenía que obligarlos a regresar y fingir que todo aquello significaba algo para él. Exhaló resignado, y a pesar de estar de pie sobre el último escalón de la terraza que conectaba su habitación con la playa, giró sobre su eje y retrocedió. Tenía asuntos que atender, lejos de lo que realmente ansiaba alcanzar.

Dos habitaciones había solicitado al dueño del lugar para que él y su prometida pudieran alistarse para la cena y, al final, solo una se utilizó. Cerró la puerta al salir y se detuvo a mirar unos segundos la puerta de a lado preguntándose si Odette estaría ya en el departamento. Seguramente no, creía mas probable que fuese a pasar la noche en casa de una amiga o en todo caso, en el cuarto que le correspondía en la academia. Nada podía hacer ya, nada borraría las tonterías cometidas esa tarde. –Prepárate Dante Zuegg.– se dijo a si mismo  y respiró profundo cerrando los ojos al hacerlo. Debía entrar en su papel de hombre inquebrantable y dar la cara como cualquier otro día frente a la variedad de personalidades que encontraría en el salón principal. Estaba seguro que la mitad de ellos le daría una puñalada en la espalda si pudiera para quitar a la empresa del camino. Pero él no era presa, sino depredador.

Seguro como siempre, descendió por la escalera principal, confirmando que la mayoría de los invitados estaba ya presente y conversando entre sí con la habitual hipocresía. Estar sólo entre ellos sería un aburrimiento total, si Odette hubiese estado ahí… la noche se habría salvado.

Enojado con él mismo dirigió sus pasos hacia la banda y la vocalista contratados para amenizar por varias horas, Dante los recomendó con el organizador y en ese momento agradeció que el salón tuviese algo decente entre todo el montón de basura que lo llenaba. Hizo una seña a uno de los integrantes para que se acercara y en rumano le pidió una pieza en particular. Ya era hora de que la música opacara el bullicio de los presentes.

En cuanto lacanción empezó se sintió ligeramente masoquista. –Es culpa mía…– murmuró con media sonrisa en el rostro, dándose cuenta de lo mucho que extrañaba a su ex prometida caminando a su lado o por delante de él, no importaba. Alzó la vista removiéndose el flequillo y lo que sus orbes encontraron a continuación lo dejó perplejo. A unos pasos de distancia y contra todo pronóstico, se encontraba ella, Thea iluminando su noche. No esperó, olvidó por completo el hecho de la chica lo quería lejos y se encaminó hacia ella, hasta que alguien se atravesó en el camino…

¿Y bien?¿Dónde esta la afortunada y futura Zuegg?– interrogó con dudosas intenciones otro joven y futuro heredero de una prestigiosa familia de la isla, “conocido” del rubio recientemente abandonado por su prometida. Dante lo encaró y aunque también sonreía, entre ellos sabían perfectamente que ninguno era del agrado del otro. No le extrañaba la pregunta.  –Buenas noches Balzaretti.– ¿Qué debía decirle exactamente?  –Me temo que hubo un cambio en los planes. Odette recibió de improviso una oferta de trabajo.– explicó sin dar precisamente una respuesta a lo que se le preguntaba. Era todo lo que podía hacer, no mentiría pero tampoco expondría sus asuntos personales.
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Re: ¿Te apetece? [Priv]

Mensaje por Odette Chrysomallis el Sáb Oct 24, 2015 10:48 pm

Entre aquel lío de personas y ruidos, traté de buscar con más ansiedad de la que probablemente estaría dispuesta a reconocer, el rostro familiar del rubio. No lo veía por ningún lado. Como tampoco podía quedarme allí en la entrada obstruyendo el paso, me encaminé un poco hacia el centro de la enorme estancia, aprovechando el recorrido para escrutar mejor a las personas que tenía a mi alrededor. ¿Y si el joven al final había optado por no asistir? Esa era una posibilidad que no había meditado previamente. ¿Ahora qué haría, si aquella no era una fiesta a la que hubiera sido invitada de forma directa? Tomé aire y lo retuve unos momentos antes de soltarlo con delicadeza a modo de suspiro. Ya estaba allí, y no regresaría como una persona que se deja derrotar tan facilmente. Odette Chrysomallis no era así. Sólo tendría que actuar con naturalidad y profesionalismo, eso no sería nada difícil debido a que estaba acostumbrada a situaciones muy parecidas a aquella debido a mi trabajo y a la posición de mi familia. Sólo era una obligación más que debía desempeñar con eficacia, como cualquier otra, y si Dante no se encontraba por los alrededores, me encargaría al menos de fungir como su representante para que "mi futura familia" no se viera afectada por la irresponsabilidad del sujeto en cuestión.
Justo pensaba de esa manera cuando, a unos cuantos metros de donde yo estaba y cercano a la zona del escenario, mi mirada se cruzó con los ojos azules de aquel a quien buscaba. Enarqué ligeramente las cejas con sorpresa mientras mantenía aquel contacto visual con él. A pesar de haber asistido a ese lugar explícitamente para buscarle, aún así no había podido evitar asombrarme de verle a él. Me estaba comportando como una cría, el que hacía unas horas hubiéramos discutido no cambiaba en nada nuestra relación y situación como futuro matrimonio. Además, era una persona que no se dejaba dominar por sus emociones tan fácilmente cuando había un público rodeándome. Cuando él comenzó a acercarse a mí, quizá inconscientemente, yo también hice lo mío tratando de acortar la distancia entre nosotros... Cuando un personaje cortó los pasos de Dante y trató de entablarle conversación. Estaba lo suficientemente cerca de ambos como para poder apreciar la clase de emociones que de ambos surgía y podía decir con total seguridad que lo que había entre los dos hombres distaba bastante de ser una cordial amistad. Fruncí ligeramente el ceño, incómoda ante la presencia del recién llegado. Algo me decía que no tenía buenas intenciones hacia mi prometido, y esa idea, por extraño que pareciera, no me agradaba del todo. Con la determinación de interrumpirles, volví a reanudar mi marcha hacia ellos cuando ahora la que se vio asaltada por otra persona ajena fui yo.
-¿Odette Chrysomallis? Eres tú, ¿cierto?
Parpadeé con incredulidad, obligándome a enfocar mi atención en el hombrecillo de ojos rasgamos que tenía frente a mí. Era un hombre de la tercera edad que vestía formalmente de negro y que en su arrugado rostro aparecía una sonrisa de lo más amable. No era necesario haber vivido tres años en Japón para descubrir que aquel hombre tenía sus orígenes en dicho lugar. Le correspondí la sonrisa con cordialidad y asentí, un tanto anodada de haber sido reconocida en aquel lugar. A pesar de mis variados trabajos en el medio del espectáculo, mi fama se centraba casi en exclusivo en el continente asiático, específicamente en el país del sol naciente. El que aquel hombre fuera japonés podía darme una pauta para intuir que probablemente de allá me conociera.
-¡Ya sabía yo que serías tú! Hace un par de años te escuché en el teatro. Quedé completamente maravillado con tu voz y tu talento; quise contactarte muchas veces pero para cuando logré hacerlo, me enteré con tristeza que habías partido de Japón.
No sabía qué decir o hacer al respecto, me sentía halagada de recibir esos elogios por parte de aquel hombre, quien se notaba que apreciaba mi habilidad por el canto y no por mi físico. Pero tampoco consideraba que aquel fuera el mejor momento para ponerme a charlar con él del pasado, necesitaba llegar a donde estaba Dante.
-En verdad se lo agradezco mucho, si gusta podríamos entrevistarnos en un rato más, por ahora...
-Definitivamente el anfitrión deseará tener un talento como el tuyo en esta fiesta. Ven conmigo, él es un muy buen amigo mío y estoy seguro de que le encantaría que te subieras al escenario aunque sea para interpretar una maravillosa pieza.
-Yo... En verdad se lo agradezco, señor, pero no pue... Dante... -volteé a verle de reojo un poco preocupada. Al parecer aún seguía con su conocido-. Necesito...
-Ven -y sin más fui arrastrada entre el gentío hacia otro hombre de edad avanzada igualmente pero con rasgos totalmente occidentales. Supuse que sería el anfitrión y dueño de este hotel; no me equivoqué.
Me quedé allí, presenciando la charla entre ambos hombres como si fuera sólo un espectador más que no pudiera hacer nada por intervenir, por más que su plática se centrara en mí. El dueño se mostró encantado de que deleitara a sus invitados y yo no tuve de otra más que acceder con una sonrisa. ¿Qué podía hacer? El canto era mi pasión y rechazar la oferta sería cerrarme posibles puertas que necesitaría en un futuro. Básicamente estaba atada de manos, y era una chica de negocios... Para mi pesar, sabía lo que me convenía. Me conducieron hacia el escenario y esperamos a que la banda contratada terminara la presentación de su canción, después se les solicitó que se acercaran para presentarles la situación. No tuvieron ningún reparo en cederme por unos momentos el escenario y hasta se mostraron muy amables ofreciéndome ser ellos quienes me acompañaran con la música. Accedí. Tras ponernos de acuerdo brevemente sobre el arreglo sobre la canción que interpretaría al fin estuvimos listos. Por fortuna no eran desconocedores de la pieza que cantaría, por lo que confiaba que todo saliera bien y que ellos supieran hacer bien su trabajo.
El anfitrión subió al escenario y tomó posesión del micrófono. Todos los murmullos en la estancia cesaron para dedicarle toda la atención a su interlocutor.
-Es para mí un placer presentar a una de nuestras invitadas, quien por recomendación de un viejo amigo mío, ha accedido a deleitarnos con su interpretación. Quiero presentarles a la señorita Odette Chrysomallis, quien no sólo es perteneciente a una de las más reconocidas familias de Grecia, sino también toda una cantante profesional con carrera exitosa en Japón.
Aunque me agradaba ser presentada de esa manera, una parte de mí se moría de vergüenza. Los nervios comenzaron a hacer mella en mí, sin embargo me obligué a mantenerlos a raya rapidamente. Sólo era un trabajo más, nada más. Por fortuna mi perfil profesional siempre surgía en los momentos más adecuados, así que con una sonrisa en los labios y con la mayor de las determinaciones, me subí al escenario y agradecí al hombre en cuestión por sus palabras para después tomar el micrófono que me cedía. Miré al público expectante ante mí y mis ojos se volvieron a cruzar una vez más con el perfil de Dante. Bien, ya sabía qué tenía qué hacer.
-Quisiera dedicarle esta presentación a mi prometido Dante Zuegg, quien se encuentra esta noche entre nosotros. Sin su invitación yo no estaría aquí en estos momentos... -tomé aire de forma lenta, cerrando por unos instantes, antes de dar la señal de inicio.
Y sin más, comencé con mi presentación. Me aferré al micrófono con la mano izquierda, allí donde el anillo de compromiso lucía en mi dedo anular. Dejé que la música embargara todos mis sentidos y de un momento a otro me dejé llevar por el ritmo de la misma, volviéndome una con ella y acomplándome a cada sutil cambio, a cada compás y nota allí reproducidas. Y cuando llegó mi turno de cantar, lo hice con toda la seguridad que sentía, trasmitiendo aquel sentimiento que la pieza en cuestión siempre me producía. Queriendo que todos los oyentes pudieran sentir lo mismo que yo. En más de una ocasión fijé mis ojos almendrados en los azules del rubio.
Una vez que la banda finalizó con los últimos acordes, sentí como un gran peso abandonaba mi cuerpo y un júbilo inexplicable me embargo al comenzar a escuchar los primeros aplausos de los presentes, que fueron en ascenso. Aquella era la mayor de las recompensas, sin duda alguna. Hice una leve reverencia, expresando así mi gratitud ante la atención brindada, y me bajé del escenario no sin antes agradecerle a la banda contratada por su amabilidad y ayuda.
Una vez que se reanudaron las charlas y los músicos continuaron con sus propias interpretaciones, busqué de nuevo a Dante entre las personas hasta dar con él. Me encaminé hacia donde se encontraba, trasmitiendo la misma seguridad y determinación que había mostrado en el escenario.
-Disculpen, ¿interrumpo algo?

Canción:


Off: ¡Lamento muchísimo lo largo!, creo que en este me inspiré de más(?
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Mensaje por Dante Zuegg el Lun Oct 26, 2015 7:06 am

Todos y cada uno de los intentos de Dante por esquivar al sujeto que literalmente se interponía en su camino fallaron, ¿por qué demonios se empeñaba en bloquearle el paso?! A punto estaba de extinguirse la tolerancia del joven dejando fluir libremente su furia y es que había alcanzado a ver cómo Odette también caminaba hacia él, de ahí que repentinamente se sintiera tan desesperado. –¿Sabes algo? Hablamos de vestidos y zapatillas en otra ocasión. Ahora tengo algo importante por hacer, así que si me disculpas…– dijo con toda la calma que las circunstancias le permitieron, sujetando a Balzaretti por los hombros para hacerlo a un lado sin importarle lo extraño que eso pudiese ser para dos personas de estatus alto como ellos.

¡Oh pero la suerte no le sonreía a ninguna hora! Ni de mañana, tarde o noche, lo supo cuando después deshacerse del estorbo en su ruta vio cómo un hombre de edad avanzada raptaba a su doncella. ¿A dónde la llevaba?! Hizo lo posible por seguirlos entre la multitud, tardando unos cuantos minutos en recordar el nombre del anciano y un breve historial del mismo. Al menos parecía tratar a Thea correctamente, con demasiado entusiasmo por cierto, pero eso pasó a ser algo secundario cuando ambos se reunieron con el anfitrión del despampanante evento. Ok, ahora sí se estaba extraviando, no entendía de dónde a dónde iban esos lazos pero iba a descubrirlo. Lástima que no tan pronto como él quería.

¿De qué va esto? – se preguntó en voz baja. Las miradas más cercanas al escenario ya se posaban en la jovencita rubia que acababa de subir al escenario y hablaba con la banda que hasta entonces había estado tocando. ¿Iba a hacer lo que él estaba pensando?? ¡Iba a cantar! Claro, ¿por qué otro motivo subiría con la banda?

A toda prisa se abrió camino para ubicarse al frente de todo y aún incrédulo posó sus ojos azules en quien hasta hace unas horas se suponía que era su prometida. Pero el dueño del hotel subió también e inició las presentaciones resolviendo en el proceso algunas de las dudas de Dante, pero atrayendo a la vez la atención de otros tanto invitados que sin pensárselo dos veces rodearon el escenario y como roca en medio de una playa, el rubio fue superado por la multitud, perdiendo así su puesto en primera fila.

Resplandeciente como siempre…– murmuró sin poder guardarse una triste sonrisa, Odette lucía más que bien ahí arriba y no podía imaginar lo que ella podría estar sintiendo en esos momentos, después de todo prefería el canto al modelaje y esta sería para la chica una oportunidad inigualable… ¿Pero qué hace aquí tu corazón..? cuestionó en sus adentros, refiriéndose a la dueña de los ojos almendrados, porque no entendía qué podía haberla movido a presentarse en la fiesta después de lo que él le había hecho y de la letal ruptura. ¿Por diplomacia? Sí, tal vez, ¿pero también por ese motivo estaba usando el… el anillo? ¡Alto! ¿Cómo es que lo tenía ella? él personalmente lo había arrojado al mar y sin embargo sabía perfectamente lo que estaba viendo.

Imposible, eso no tenía explicación y todavía más sorprendido se quedó cuando su musa tomó la palabra mencionándolo a él en el camino. ¿Una dedicatoria? Nunca le había dedicado nada… por eso sintió como si un golpe colisionara contra su corazón. –¿Ella es tu prometida?! Sí que le surgió un trabajo de improviso. – comentó Balzaretti que volvía a aparecer junto a Dante. Pero el rubio tan solo le dedicó una fugaz mirada de desconcierto, ni había notado que el otro volvía a estar cerca suyo y poco importaba en realidad, pues todos los sentidos del hijo de los Zuegg estaba amarrada a la chica que a su vez lo miraba a él mientras cantaba.

Su voz lo atrapó por completo, un mar de sensaciones lo atravesaron y hacia el final de la canción se sintió... correspondido. ¿Podía ser eso posible?

Su alma todavía estaba envuelta en la magia de la interpretación cuando el otro hombre lo sujetó por el hombro. –¿De dónde la sacaste? Tienes que presentármela. – le dijo con más entusiasmo del que Dante estaba dispuesto a tolerar, lo conocía y una idea podía hacerse de sus verdaderas intenciones. Destrozarlos, eso seguro. –Aléjate de ella…– advirtió con frialdad al moreno, justo segundos antes de que Odette los encontrara. Él no la había visto acercarse, por estar fulminando con la mirada al otro.

No– respondieron al unísono los dos hombres a la pregunta de la dama –Justo hablábamos de ti, pero tu prometido aquí presente se lo ha tomado de la peor ma…– Por supuesto que Zuegg no iba a dar tiempo a que Balzaretti soltara palabrería, con cuidado tomó a la cantante dela cintura e ignorando por completo al mal tercio, apuró el paso hacia una de las terrazas. En cuanto estuvieron a solas retiró la mano del cuerpo femenino, aún no sabía interpretar todo lo que estaba sucediendo.

Lo lamento– se disculpó primeramente por ponerle una mano encima sin su permiso –Ese hombre es un bastardo…– casi escupió la última palabra. Apoyó ambas manos sobre el barandal de la terraza y cerró los ojos con cansancio. Al abrirlos se mostró ligeramente más tranquilo y enfocó con seguridad a la chica. –Odette…– iba hablar seriamente con ella para aclarar la situación porque al menos él estaba más confundido que nunca y sin embargo fue una jovial risa la que surgió de sus labios y rompió lo tenso del ambiente. Con ella las cosas rara vez salían como las tenía planeadas en la cabeza. –Estuviste fantástica– dijo con sinceridad- No imaginé una noche como esta… Gracias. Por venir y rescatarme.– y es que eso había hecho, en más sentidos de lo que seguramente ella imaginaba.  

Sin preocuparse por ocultar la sonrisa le tomó con cuidado la mano, la misma en que le había visto usar el anillo. Sobre el dorso depositó un suave beso y al erguirse de nuevo se quedó enganchado a sus ojos. ¿Qué de todo debía decirle primero? ¡Ah! cierto… –La cena ya debe estar servida, si gustas podemos…– regresar y comer, claro. Extendió una mano hacia la fiesta dentro del hotel a manera de complemento para sus palabras, aunque se notaba a simple vista que volver allá no le inspiraba para nada.
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Mensaje por Odette Chrysomallis el Vie Dic 18, 2015 6:08 am

En un inicio contemplé a los dos hombres mostrando duda en mis ojos almendrados, aunque no me pasó inadvertida la tensión entre ambos, incluso hasta el ambiente podía ser cortado fácilmente con un cuchillo. En un abrir y cerrar de ojos, y antes de que el aún desconocido para mí terminara de hablar, fui arrastrada de la cintura entre el mar de invitados hacia una de las terrazas. Tan repentinamente como fui sujetada, de igual manera fui soltada y sólo contemplé con seria curiosidad al hombre frente a mí, apoyado en el barandal. Podía percibir su confusión y apreciar en parte el mar de emociones que en ese momento lo dominaban; y aunque seguramente tenía muchas preguntas por realizarme, desgraciadamente yo no sabría tener respuestas satisfactorias a las mismas. Ni siquiera yo sabía el por qué estaba allí, sencillamente había actuado por impulso.
-Lo sé -aclaré con suave voz, siempre mirándole con solemnidad- me inspiró a que no tenía buenas intenciones y por eso intervení -Debería de sentirme tensa estando allí con él, a solas. Furiosa por lo acontecido en la playa y asqueada por sus palabras finales... Pero no era ese el caso, por alguna extraña razón que escapaba a mi entendimiento, me sentía en paz, como si estuviera haciendo lo correcto-. Muchas gracias... -una gentil sonrisa apareció a mi rostro, recibiendo el cumplido con alegría, y caminé hasta situarme a su lado, sólo que me apoyé de espaldas en la terraza y ambos brazos los usé de sostén sobre el barandal, contemplando la entrada al interior por la cual nosotros habíamos salido hacía poco.
Permití que terminara de hablar y de aclarar sus pensamientos, aunque podía suponer que no sería una faena sencilla de llevar a cabo, hasta yo me sentía confundida con mis propios actos y con lo rápido que estaba aconteciendo todo. Confundida, pero a la vez con el presentimiento de que estaba en lo correcto. Volteé finalmente a mirarlo, tras haber permitido que tomara mi mano de aquella forma y lanzara su implícita sugerencia de volver, y por varios minutos me dediqué a contemplarlo en silencio, sin reaccionar ni responder de ninguna forma, dando la idea de que tampoco lo haría.
-Pero no es tu deseo el de entrar, ¿cierto? -pregunté al fin, con un ligero encogimiento de hombros, despreocupada- no tengo problema con quedarnos aquí, podemos contemplar las estrellas -alcé la mirada al cielo al decirlo, y por otro instante más me dediqué a la tarea de observarlas con suma atención y anhelo. Hasta que el leve cosquilleo en el dorso de mi mano me recordó del beso que había recibido por parte del rubio, y este a su vez lo que en dicha mano yo llevaba- ¡Ah! Por cierto... -de improviso extendí mi mano y la contemplé con moderado interés, apreciando el ligero resplandor que lanzaban los pequeños diamantes del anillo bajo la luz de la luna- me lo encontré de casualidad, se incrustó en la planta de mi pie cuando salía del mar... -desvié mi mirada hasta posarla en los ojos contrarios- ¿Tienes alguna idea de cómo mi anillo pudo haber llegado allí? -mis ojos mostraban seriedad en un inicio, casi como si le estuviera reprochando, pero un segundo después una sonrisa cómplice apareció en mis labios, dando a entender que bromeaba. Por supuesto que podía hacerme una idea de lo que había pasado al respecto. Ladeé ligeramente el rostro- Ya que has dicho que te he rescatado, supongo entonces que me debes una... pero por esta ocasión abusaré de tu generosidad y te pediré dos a cambio -me separé del barandal y me acerqué a donde él se encontraba. Por instante desvié mi mirada de la ajena, y sólo para quitarme el anillo de compromiso que portaba en mi dedo anular. Tomé con suavidad su mano y deposité dicha joya en la palma de esta. Volví a mirar el intenso azul de sus ojos- lo primero es que seas tú quien vuelva a colocar ese anillo en mi dedo, por favor... Quiero que lo hagas de la forma que a ti te gustaría hacerlo, aunque... si no es tu deseo el devolvérmelo, lo comprenderé -por supuesto que no iba a disculparme por lo sucedido en la playa, aunque cierto era que me sentía responsable de mi exagerada actitud en ese momento, mi orgullo me impedía actuar de otra forma. Tampoco esperaba una disculpa por parte de Dante-. Y lo segundo que quisiera pedirte es... -hice una breve pausa, buscando la mejor forma de pedir lo último- ¿Podrías... besarme?
Aunque fue un suave susurro, estaba segura que mi acompañante había sido capaz de escuchar dicha petición. La hice mirándole sin temor a los ojos, sin ninguna duda que pudiera nublar el brillo en los míos almendrados.
Deseaba averiguar... No, necesitaba saberlo.
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Mensaje por Dante Zuegg el Vie Feb 12, 2016 10:18 am

Convencido de que era imposible que las cosas giraran otro poco a su favor el ánimo de Dante comenzó a apagarse muy lentamente. Odette correspondía a su mirada mas no decía nada y el tiempo no se detenía, en base a eso se dio por perdido. Una necesidad enorme de suspirar su resignación lo atacó pero no podía, permitirse un gesto de ese tipo no era aceptable, no cuando él tenía la culpa de que su prometida sufriera tantos percances ese día en la playa. No, “percances” era ofensivo considerando el daño que le había hecho…

Su mirada ya iba de camino al panorama del frente cuando la voz de su compañera decidió iluminarle nuevamente la noche con una observación de la que no se sintió digno. Con pesar volvió a mirarla, preguntándose desde cuándo lo sabía leer tan bien. –En ese caso, te tomaré la palabra. No quiero estar adentro– admitió sin dudar ni un poco, repentinamente se sentía capaz de ser totalmente sincero con ella, de exponer sus pensamientos y sentimientos como normalmente se hace con los grandes amigos, esos de los que él carecía.

Con un peso menos encima alzó la vista al cielo, después de todo ese era el plan, ¿no? contemplar las estrellas y no dejar que su vacío interior acabara con todo. –¿Por cierto? – repitió sin mirarla en espera de la continuación del enunciado, hasta que sus oídos le obligaron a mirar en dirección de la mano femenina que muy tranquila lucía el anillo que él había arrojado al mar esperando que se perdiera por siempre. Terriblemente avergonzado tuvo que sostener la mirada ajena mientras Odette formulaba la obligada pregunta. No comprendía cómo de entre todos los destinos que esa sortija pudo tener al caer al agua, el menos probable fue el ganador y ahora estaba de regreso en los dedos de su obligada prometida. ¿Qué quería que le dijera? Si la explicación era bastante obvia y… desastrosa.

Lo siento Odette, yo…– ¿lo lancé molesto al mar? No había modo de que le dijera eso pero los ojos almendrados no le daban tregua y debía responderles cuanto antes. Exhaló preparándose para el enésimo cataclismo del día pero, al abrir la vista de nuevo –porque la había bajado al exhalar– lo que encontró fue una sonrisa inusual en el rostro de la chica. El desconcierto debió ser mas que evidente en sus facciones porque le estaba costando asimilar que esa mujer estaba sonriendo especialmente para él, ¿qué estaba ocurriendo exactamente esa noche?

Pero… ¿dos cosas??– ¡Alto! No le había respondido sobre el asunto del anillo aunque ya no parecía interesada en saber los detalles de tal evento. No, en lugar de eso avisaba que le cobraría el doble por el favor de rescatarlo allá adentro. ¿Generosidad? ¿Estás segura de que tengo algo como eso?, se preguntó internamente, recomponiendo al instante su semblante. Bien, cumplirle un par de peticiones era lo menos que podía hacer para compensarla y por eso se irguió y esperó por sus deseos.

El ligero aumento en su humor patrocinado por la sonrisa contraria de hace unos minutos volvió a consumirse y lo hizo de golpe pues frente a sus ojos Odette se estaba quitando el anillo de compromiso… Por supuesto, ¿qué le había hecho pensar que ella lo quería usar con formalidad de nuevo? Supuso entonces que solo lo usó adentro para no dañar tan crudamente la imagen de su supuesto prometido. En silencio recibió la joya y atónito se quedó tras escuchar la primer petición de la señorita. Si la primera lo dejó atascado mentalmente, la segunda petición lo asesinó y revivió allí mismo.

Una sonrisa nunca antes experimentada apareció en el espiritual, la mirada lo delataba como enamorado y el tenue color en las mejillas lo hizo sentir un tanto ridículo pero ¿a quién le importaba? –Hoy te has propuesto dejarme sin palabras y lo has conseguido sin dificultad alguna– comentó al apretar la sortija en su puño. Lo pensó un segundo y al siguiente se llevó el anillo a la boca, o mejor dicho a los dientes donde lo sujetó para poder sujetar a la chica de cabellos dorados por la cintura. Emocionado la despegó del suelo y la elevó al nivel del barandal para que sobre el mismo pudiera sentarse. Mantuvo todo el tiempo los ojos atentos a su reacción y en cuanto la sintió segura arriba desprendió ambas manos del cuerpo femenino.

Mi mayor deseo es hacerte feliz Odette Chrysomallis y si estas convencida de que soy el hombre indicado para llevarte al límite, cásate conmigo.– pidió al tomar con delicadeza su mano y lentamente le colocó el anillo. Su atención naturalmente se posó en lo que hacía hasta que la joya estuvo de nuevo en el sitio a donde pertenecía. Solo entonces llevó la vista hacia los orbes que sin darse cuenta lo habían conquistado y de los que ya no se quería desprender –Cuidaré de ti hasta el fin de mis días y si en algún momento me consideras insuficiente para hacerte feliz, quiero que te sientas libre de hacer lo que más correcto te parezca. Yo… lo entenderé…– imposible no ir acortando la distancia hacia el rostro de la cantante, una sonrisa mostró estando ya a milímetros de sus labios y entrelazando sus dedos con los de la mano en donde acababa de colocar la sortija, se unió a los delicados labios de su Odette.

Quizá debió prolongar la ternura con que se amoldó a la boca que tan feliz lo había hecho esa noche, pero no pudo. Su sentir lo llevó a besarla con mayor intensidad y cierto arrebato. Quiso creer que se trataba de un nuevo inicio, pero si ella decidía que no quería mas de esos sentimentalismos entonces… el corazón de alguien caería en pedazos con pocas posibilidades de sanarse.
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Mensaje por Odette Chrysomallis el Dom Feb 14, 2016 11:01 am

Mis ojos se abrieron parcialmente por la sorpresa ante las palabras del rubio que tenía ante mí. ¿Dejarlo sin palabras? No, en realidad esa no había sido mi intención en ningún momento y eso me llevó a analizar qué de todo lo que había hecho había asombrado tanto al heredero de los Zuegg. No lograba identificarlo, pues escapaba de mi entendimiento que el hecho de acceder a nuestro matrimonio era lo que hacía feliz al hombre; no podía creer que algo tan simple como eso fuera causa suficiente para provocar aquella mirada y por eso ni siquiera me había detenido en pensar en dicha opción.
Si aquello me había desconcertado, el inusual agarre a mi cintura y después el haber sido elevada de esa manera sencillamente me dejó atónita. No pude evitar lanzar un suave jadeo de temor ante la inestabilidad sobre el barandal, pero eso había sido principalmente por inercia ya que, ahora que lo razonaba, nos encontrábamos en la planta baja y de la arena no iba a pasar. Aún así mis ojos almendrados no se desviaban de las acciones y expresión de aquel que era mi prometido, deseando poder leerle como lo había hecho hacía un momento y encontrándome con la sorpresa de que me costaba ahora hacerlo. ¿Se debía a que probablemente se trataban de sentimientos a los que rechazaba percibir? No podía saberlo a ciencia cierta. Aún así, por instinto, ambas manos mías fueron a aferrarse a los hombros contrarios para tener un punto de apoyo o si no, no podría quedarme tranquila. Después pasó a ser sólo una pues la otra fue secuestrada por Dante para, tras lanzar aquel breve discurso, colocarme la sortija en el dedo anular como lo dictaba la tradición. Quise responderle que aceptaba, y agradecerle por no haber sido él ahora quien me rechazara, pero... tenía un asunto más apremiante de cual preocuparme, y ese era su repentina cercanía. Esta me incomodaba, pero no porque se tratara de él precisamente, en general siempre lo hacía todo tacto o acción que conllevara una intención más profunda a la de una simple amistad o admiración. Lo romántico no iba conmigo, me repugnaba y siempre huía cada que podía. ¿Por qué de ello? ¿No sería porque, probablemente, temía internamente a salir herida? Aquella sería la explicación más lógica a mi distanciamiento, mas había sido yo la que solicitase recibir aquel inminente beso, razón por la cual el rubio cada vez acortaba más la distancia. Fue involuntario, pero mi espalda se inclinó hacia atrás, tratando de mantener mi espascio personal intacto y prolongar el suceso antes de que nuestros labios se encontrasen. Y cuando así lo hicieron, enmudecí.
En un inicio aquello me causó un escalofrío de rechazo y desagrado; tuve que reservarme muy bien el impulso nato de empujarle para apartarle. Pero eso se debía a que era ya un mecanismo de defensa automático en mí. El segundo estremecimiento... ya no fue de disgusto, definitivamente. Mis mejillas se ruborizaron y de golpe sentí un inexplicable calor recorrerme todo el cuerpo, principalmente en el rostro. Paulatinamente mi cuerpo se relajó y se inclinó un tanto hacia el ajeno, facilitándole aún más el acceso a mis labios. Viré un poco mi rostro para que mi prometido se pudiera amoldar con comodidad y mis ojos finalmente se cerraron, permitiéndome analizar y capturar las sensaciones que aquella acción provocaba en mí. Mis manos se aferraron más a él, una correspondiéndole el entrelazar de los dedos y la otra sujetando con mayor firmeza el hombro ajeno. Me costaba demasiado seguirle el ritmo, de un momento a otro había cambiado de intensidad y yo no tenía experiencia en ese ámbito, por lo que muy probablemente estaba siendo un tanto torpe a la hora de corresponderle y eso me hacía sentir aún más intimidada y vulnerable ante su presencia, pero me permití sentirme así frente a él. Sólo frente a Dante.
La mano que sujetaba su hombro ascendió con suavidad hacia su cuello y de allí a su nuca, donde se amoldó como si esta estuviera diseñada para que cupiera en aquel hueco. Aquello era bastante extraño, y la falta de oxígeno tampoco ayudaba a que pensara bien las cosas; pero no quería detenerme, no deseaba que él se detuviera. Aun si era inexperta, torpe e ineficaz a la hora de corresponderle al beso, no quería parar. Deseaba darle a entender que en verdad deseaba aceptarlo, y que trabajaría para poder estar a la altura de sus expectativas.
Había sido eso lo que necesitaba saber, lo que había estado buscando todo el día. Y ahora que había encontrado la respuesta, me aferraría a ella por más prematuro que pudiera resultar.
No sólo fue la necesidad apremiante de jalar aire la que me instó a interrumpir un beso que me hubiese encantado prolongar más, de ser posible, sino también un ruido a espaldas de Dante lo que me había obligado alzar la mirada para descubrir al dueño de la silueta que en unos instantes se había asomado a la terraza y que ahora se alejaba con pasos apresurados. Cogí aire de golpe y volví a colocar mi mano diestra sobre su hombro, sin deshacer aún el agarre de la otra con la de él.
-C-creo que tu amigo nos vio, y no parecía muy contento... -musité entre ligeros jadeos. Las emociones que había emanado antes de desaparecer no habían sido de lo más amistosas. Desvíe mi mirada del umbral y la centré en los ojos contrarios- supongo que nos descubrió haciendo lo que cualquier pareja de prometidos haría... -al recordar eso, mis mejillas se ruborizaron visiblemente y desvié una vez más la mirada hacia mi costado, totalmente avergonzada. Levanté la mano y con el dorso de la misma cubrí parcialmente mi rostro, para ocultar mi sonrojo-. N-no me desagradó... -musité entrecortadamente. Era evidente mi nerviosismo, algo que no se podía apreciar todos los días en mí, acostumbrada ya a mantener una imagen. Pero él había logrado desestabilizarme. Mi orgullo no me permitía ser más elocuente a la hora de describir el mar de sensaciones que sus labios habían causado en mí, más tuve que hacer un esfuerzo para que no malinterpretara mis palabras y pensara que me había disgustado. Todo lo contrario. Tomé aire- de hecho... fue extraño pero me gustó, bastante -le miré de reojo- esta es la primera vez que me besan -¿estaba dándome a entender? Porque no tenía mejores palabras para hacerlo-. Quizá sea un poco tarde ya para responder, pero acepto Dante Zuegg, acepto ser tu futura esposa. Y esta vez no por obligación... Te habrás dado cuenta que no tengo experiencia en este ámbito, pero tal vez pueda aprender a besar... tan bien como tú lo haces -y en este punto volví a desviar la mirada una vez más.
Me sentía ridícula, y en verdad batallaba para no salir corriendo de allí. Y aunque no tenía ni la remota idea de cómo darme a entender, en verdad estaba siendo sincera con lo que decía. Tenía que luchar con muchos demonios internos para eliminar por completo aquella barrera que me impedía expresarme como se debía, y sabía de antemano que no lo lograría a la primera. Tampoco sabía si lo que sentía por Dante era el preludio del amor u otra cosa... pero en verdad deseaba averiguarlo, y como muestra de ello era que daría de mí para limar diferencias entre ambos. Estaba dispuesta a intentarlo.
-¿No dirás nada? -pregunté, comenzando a sentirme incómoda por el silencio que se había prolongado entre los dos.
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Mensaje por Dante Zuegg el Lun Mar 14, 2016 6:37 am

La diferencia entre besar por apetito carnal y hacerlo guiado por sentimientos era grande, en la memoria del espiritual no había ningún otro recuerdo que hiciera referencia a un beso inspirado por emociones románticas. Por eso y muchas otras cosas besar a Odette fue especial e inesperadamente reconfortante, ya había imaginado unas cuantas veces que tocar sus labios sería maravilloso, pero nadie le dijo que hacerlo en la realidad sería tan… fuerte.

El miedo inicial de no ser correspondido ya se había esfumado y ahora se dejaba abrazar por los deseos que la cantante le transmitió, esos que le decían que podía seguir y a la vez le invitaban a ponerse cómodo contra sus labios. El que ella acomodara su rostro naturalmente le benefició y tener entrelazados los dedos de una mano y la otra de la chica en el hombro le ayudó a sentirse más seguro. Lo que le tomó por sorpresa fue que la señorita se inclinara un poco hacia él voluntariamente, esa acción la disfrutó y con creces, igual que el tacto de la mano que antes se aferraba a su hombro y que pronto ascendió hacia su nuca.

Allí cambiaron las cosas, sin querer Odette despertó en el hombre otra clase de sensaciones que alcanzaron a arder suavemente dentro de él antes de que ese exquisito beso llegara a su fin. Al abrir la mirada pudo ver la agitada respiración de su prometida, detalle que le dejó un sabor aún mejor en la boca pues algo de interesante tenía el verla en ese estado mientras él se encontraba sin marcadas complicaciones por la falta de aire.

Zuegg se percató de que ella miraba algo detrás de él pero no fue hasta pasados unos segundos que se dignó a voltear en esa dirección. Apenas y alcanzó a ver la figura de Balzaretti antes de que se perdiera entre el resto de la gente. –No tiene porqué afectarle, nada tiene que ver con nosotros.– dijo un tanto serio, de verdad le importaba un comino si ese tipejo se amargaba, aunque tal vez debería preocuparle lo que pudiera tramar… Después lo pensaría, de momento tenía una hermosa señorita en quien concentrarse.

En el momento en que el rubio regresó la vista al frente Odette se cubría el rostro, acción que a ojos de Dante la hizo lucir tierna, delicada. Y en medio de sus observaciones la primera crítica le fue dada. –Es bueno escucharlo…– fatal se habría sentido si ese primer beso con su prometida le hubiese parecido terrible a ella, pero no había sido el caso y más detalles le fueron pronto proporcionados. Pero… ¿estaba escuchando bien? Perplejo parpadeó sin poder decir palabra pues Odette acababa de decir que le había gustado y saberlo fue un golpe directo al corazón. No uno malo por supuesto, sino uno que exigía que esa parte de su cuerpo palpitara con más fuerza.

¿La… primera?– preguntó por inercia, con incredulidad. Ese dato no lo había imaginado nunca, sí la había percibido inexperta pero eso no necesariamente significaba que nunca hubiese besado a alguien. A tiempo se recuperó de la sorpresa para no ser atrapado con expresión de desconcierto al recibir un por parte de su prometida a la propuesta que él había hecho antes de cumplirle el segundo pedido. La alegría lo llenó de pies a cabeza, empezando justamente desde abajo. Sintió el ascender de la emoción hasta que ésta le llegó de golpe al rostro, mejor sonrisa no podía tener. –¡Odette!– entusiasmado como nunca le tomó las dos manos, después de que la jovencita le exigiera una reacción en palabras. Había tardado en reaccionar pero la culpa le pertenecía a Chrysomallis, quien lo había desconectado con sus palabras de todo lo ajeno a ella.

A punto estuvo de decirle que tratándose de amor él también era prácticamente novato pero recordó que soltar algo como eso sí que la iba a hacer correr lejos de ahí. –No imaginas lo feliz que me has hecho Odette… Adoptaremos el ritmo que más cómoda te haga sentir, no te arrepentirás.– afiló la mirada y a la sonrisa de su rostro agregó un matiz travieso. Le iba a costar ir con calma, lo presentía, pero pondría todo de su parte para que las cosas marcharan lo mejor posible entre los dos. Los besos se podían practicar cuánto le apeteciera a la de ojos almendrados, el proceso sería fascinante y no hacía falta que nadie se lo dijera.

Contuvo el impulso de unir su frente con la de ella así que desde su posición lanzó una segunda propuesta, mucho más sencilla naturalmente. –¿Me acompañas a la arena? Podríamos ver las estrellas sin que nos interrumpan de nuevo. No sé a qué vino Balzaretti pero no quiero averiguarlo, no me gusta cómo te mira…– admitió y un lento suspiro se permitió –Tú decides, dime qué quieres hacer. Estoy a tu entera disposición.
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Re: ¿Te apetece? [Priv]

Mensaje por Odette Chrysomallis el Lun Abr 04, 2016 6:00 am

No pude evitar fruncir el ceño ligeramente, incómoda ante su sorpresa. ¿Acaso era muy extraño que aquel haya sido mi primer beso? ¿De qué tanto se asombraba? Terminé por desviar la mirada, apenada, aunque no tardé en regresarla una vez más a sus azules ojos cuando aquella radiante alegría comenzó a emanar de él, desconcertándome por un momento. ¿Por qué se mostraba tan jubiloso? Yo no había hecho nada en particular para que se sintiera de aquella manera, salvo aceptar aquella segunda propoción de matrimonio por parte suya. Creía que había quedado claro que mi respuesta sería un sí, como había sucedido el día de nuestro encuentro oficial. Ah, pero me estaba saltando el detalle de que nada era igual en aquella ocasión. El sólo recordar los motivos actuales que me orillaban a permanecer a su lado me hacían enrojecer.
Porque, por increíble que pudiera parecer, esta vez existían sentimientos involucrados de por medio.
-¿Cómo me mira? -pregunté al final, incrédula ante sus últimas palabras, las cuales lanzaron al inicio aquella sugerencia de alejarnos más de allí. ¿Su 'amigo' se fijaba en mí de manera especial? No podía creerlo, o quizá no estaba al tanto de ello. Sólo estaba segura que las emociones que emanaban de él no eran de lo más amistosas, eso sí lo podía afirmar. Hice un gesto negativo con mi cabeza, desinteresada sobre el tema. No me importaba qué fuera lo que aquel tipo pensara de mí, sólo me importaba estar bien con mi prometido; y él no se sentía cómodo con el asunto. Quizá, más adelante, me atreviera a interrogar-. Olvídalo; ¿algo dijiste de ir a la arena? -volteé a ver por encima de mi hombro, allí donde la clara arena nos esperaba para darnos una cálida bienvenida. Volví a retornar mi mirar hacia él con expresión serena, casi imperturbable- sería muy descortés hacia el anfitrión brincarnos la velada de forma tan descarada -le informé como lo haría aquella voz de la consciencia que te dicta a hacer lo correcto. ¿Pero para qué negarlo? Yo también deseaba escabullirme un rato y permitirme ser parte de la naturaleza aunque fuera por un pequeño momento. Dejar atrás las pesadas obligaciones y hacer lo que realmente queríamos hacer. Al fin y al cabo, aunque no lo pareciera por el tipo de vida que solía llevar, yo sólo contaba con dieciocho años de edad. Le dediqué una sonrisa cálida- me parece bien, entonces. Contemplar las estrellas y mojarnos los pies en la orilla del mar...
Por un segundo me vi tentada a tomar la ruta larga, permitir que él me ayudara a bajar del barandal y allí conducirnos juntos a los escasos escalones que nos separaban de la suave arena blanca bañada por la platinada luz de la luna. Pero no, ¿por qué? Porque si existía un camino más corto, no veía objeto el demorar más el tiempo, y en ese sentido ganó la practicidad a lo adecuado. De forma rápida, pero con cuidado, me giré de forma que mi frente quedara no hacia donde se encontraban Dante y la fiesta, sino hacia el hermoso panorama que la naturaleza nos obsequiaba, teniendo la debida precaución de que la falda de mi vestido no se alzara demasiado para evitar dejar a la vista más de la cuenta. Con una sonrisa jovial, que él fue incapaz de mirar, y aferrándome por un momento al barandal para aguardar el equilibrio durante mi movimiento, me deshice de las zapatillas formales y de allí me dejé ir al otro lado.
No se trataba de una gran altura, pero tampoco conté que la inestabilidad de la arena no me ayudaría para mi aterrizaje, por lo que mi pie izquierdo se dobló completamente al llegar a la playa y perdí el equilibrio, cayendo sobre la mullida superficie y rondando un poco cuesta abajo debido a la inclinación de la misma. Una vez que me detuve, quedé boca arriba, contemplando las estrellas sin decir nada al no saber cómo reaccionar.
¿Que me dolió? ¡Claro que sí! Las punzadas en mi tobillo no dejaban de recordarme que me había ganado una lesión que perduraría por un par de días. ¿Que acababa de arruinar mi atuendo y que ahora no tendría cara para regresar? Probablemente. ¿Que lo más sensato hubiera sido pedirle a Dante que me ayudara bajar cuando él ya estuviera del lado de la playa? Sí, eso también... Pero todo eso valía la pena, porque tenía tiempo ya que no me sentía tan llena de vida.
Así que reí.
Y seguí riendo cuando vi que Dante llegó a mi lado. Ni siquiera le di tiempo a que se preocupara, me incorporé y traté en vano de deshacerme de la arena que se había impregnado a mi negro vestido. Y ni qué decir de mi peinado, seguro a Gastón le daría un infarto si me veía.
-Estoy hecha un asco, ¿verdad? -pero a pesar de la pregunta, mis ojos almendrados fueron iluminados por una sonrisa que no podría ocultar aunque quisiera. Pero por aquella ocasión, no quería. Le tomé de la mano, entrelazando los dedos con los suyos y conduciéndole hacia la orilla del mar, esperando que la fría agua nocturna lograra calmar un poco la hinchazón de mi pie-. Vamos.
Una vez allí y cuando sentí la relajante sensación del liquido sobre mi piel, me detuve pero no le solté. Sólo me dediqué a mirar, extasiada, la inmesidad del mar siendo iluminado por una hermosa luna llena.
Los segundos pasaron en silencio hasta que finalmente cerré los ojos y solté un suspiro. Tomé aire y comencé a entonar una cálida melodía. Primero lo hice absorta en el panorama, pero en el transcurso de la misma me viré hacia mi prometido, buscando su mirada con la mía y tomando su mano libre con la otra disponible que tenía yo. Aferrándome a él, y contemplándole sin barreras, fija y francamente, continué cantando hasta el final. Hasta que el silencio volvió a reinar, sólo interrumpido por la calma del oleaje. Esa era mi manera de disculparme por lo sucedido al mediodía y a la vez un agradecimiento por no haber rechazado mis dos peticiones pasadas, cuando había tenido la total libertad de hacerlo.
Volví a encararle.
-¿Te molestaría si vuelvo a pedirte que me beses una vez más?


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Mensaje por Dante Zuegg el Mar Jul 05, 2016 4:43 pm

Le habría gustado afirmar que nadie notaría su ausencia en la fiesta, ni siquiera el anfitrión, pero bien sabía que en esos eventos siempre había quienes se fijaban con exceso en ese tipo de detalles. Aunque estaba casi seguro de que se preguntarían más por el paradero de la cantante que por el de él. Curiosamente ese pensamiento le reafirmó que lo mejor era alejarse de la multitud porque compartir a Odette con otros no le agradaba ni un poco. Dante se preparaba para insistir con el plan B a pesar de lo incorrecto que pareciera cuando se encontró con una agradable sonrisa en las facciones de su prometida, y también luz verde para marcharse juntos a la playa.

Una sonrisa de complicidad alcanzó a darle a Odette antes de que ella girara sobre el barandal y por su cuenta descendiera hacia la arena que se encontraba al otro lado. –Ah, espera, Odette…– quiso detenerla precisamente para ayudarla a bajar pero ya era tarde, frente a sus ojos la jovencita resbaló y con la preocupación instalada irremediablemente en él, Dante apoyó ambas manos en el barandal y lo saltó a toda prisa.
En efecto no tuvo tiempo de formular ninguna clásica pregunta, porque cuando llegó hasta la rubia ella ya se levantaba y… ¿reía? Bien, se guardaría el reclamo por no haberlo esperado ya que al parecer su humor se encontraba impecable, aunque él todavía tenía algunas dudas sobre el verdadero estado en que se encontraba Odette.

Suspiró y después sonrió ligeramente más tranquilo. Sintió la necesidad de ayudarle a sacudirse la arena pero… ¿pensaría ella que intentaba tocarla más de la cuenta? –Para mi luces perfecta con arena.– dijo divertido, claro que para el tipo de gente que se encontraba en la fiesta aquello sería desastroso, pero eso a él no le importaba.

Un toque de sorpresa se llevó el espiritual cuando los dedos de su pareja tomaron la iniciativa de entrelazarse con los de él, pero naturalmente los recibió con gusto, incluso los tomó con fuerza porque así quería fuera siempre… Que no se soltara de él sin importar lo que pasara. –Tan lejos como quieras. – agregó al “vamos” de Odette y sus pasos acompañó sin dudar. Tan relajado se sentía que se olvidó por completo de que él aun llevaba los zapatos puestos y solo reparó en ese detalle cuando entraron al agua.

Definitivamente no podemos volver, pensó el empresario con una gran sonrisa, mientras alzaba la vista al cielo nocturno y, después volteaba hacia Odette para admirar su perfil. En eso se ocupaba, en admirar su propia estrella, cuando ella empezó a entonar una melodía que no tardó en atrapar a Dante en una oleada de profundos sentimientos. Su voz le encantaba, magia parecía llevar en sí misma porque no solo el cuerpo del hombre se estremeció, también su alma vibraba sin descanso. Y una emoción de mayor magnitud se encendió en Zuegg luego de que su reina girara hacia él y le tomara también la otra mano. Le hizo reír por lo bajo, bajó la vista un instante, apenado o algo parecido. Claramente volvió a enfocarla a la brevedad y cada segundo de la canción se aseguró de hacerlo suyo, de grabarlo en su alma.

Pero como siempre, todo llegaba a su fin, o al menos la voz de la cantante cesó su interpretación, porque las emociones que despertó en el empresario no desaparecieron. –No necesitas preguntarlo, solo hazlo, Odette. Cuantas veces lo desees…– respondió acortando ya la distancia entre ambos, con una cálida sonrisa y una mirada de semejante alegría. Como esta vez no se encontraba ella en un punto alto el hombre tuvo que agacharse para alcanzar los labios de la señorita y, cuando lo hizo, le saboreó con más soltura que antes. Con amplitud la besó, cuidando por supuesto el abordarla sin prisa. Mentalmente admitió que besarla era adictivo y que le iba a doler no poder besarla a libre demanda, pero quería creer que con el tiempo eso podría cambiar. Mientras tanto sobreviviría con lo que Odette decidiera obsequiarle.

No me... diste oportunidad de preguntar si te encuentras bien– dijo suavemente entre los besos –¿Te lastimaste?– cuestionó todavía con deseos de devorarle la boca. No quería detenerse, pero de la respuesta de ella dependería si pausaba para cerciorarse de que no tuviese alguna herida.
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Mensaje por Odette Chrysomallis el Jue Mayo 18, 2017 7:31 am

Contuve el aliento ante su cercanía, pero esta vez logré controlar a tiempo el impulso de retroceder y acepté los labios ajenos con un suave gemido, cerrando mis propios ojos para poder disfrutar, una vez más, de la sensación. Roma no se construyó en un sólo día, y estaba consciente que me costaría librarme de ciertos vicios, como lo era el rehuir a cualquier contacto con intenciones románticas. Pero quería hacerlo, por Dante e incluso por mí misma. Quería darnos una oportunidad de descubrir qué nos podría deparar el futuro, pues inevitablemente nuestros destinos se habían visto cruzados y de nosotros dependía si este hecho sería para bien o para mal.
-Yo... -traté de responderle a sus palabras, a lo que dijo antes de que nuestros labios se unieran, pero en ese momento me resultó imposible el hacerlo.
Con cierta timidez solté una de sus manos para posarla con delicadeza en el cuello del hombre. Sin ser consciente de ello, mis dedos comenzaron a deleitarse de la calidez ajena a través de quedas caricias cerca de su nuca al tanto que nuestros labios se recreaban con un contacto aún más íntimo. Un pequeño sofoco se instaló en mi pecho y traté de corresponder a las nuevas demandas del rubio, quien al parecer esta vez no se contenía en explorarme con aquella unión.
Era diferente a todo lo que había experimentado antes. Aquella noche la recordaría, sería imposible pasarla por alto ya que en ella había logrado descubrir sensaciones que nunca antes había sentido. No sólo en cuanto a las cuestiones físicas, sino también a asuntos más personales. ¿Quién diría que yo, Odette Chrysomallis, iría tras aquel italiano después del espectáculo dado en la playa, si esto hubiese ocurrido en el pasado? Me sorprendía de mí misma, de las decisiones tomadas impulsivamente.
¿Lo necesitaba en mi vida? ¿Significaba más que sólo un prometido impuesto por mis progenitores? Por eso estaba allí, ¿no? para descubrirlo... quizá no fuera en aquel preciso momento, pero eso estaba bien. Ambos marcaríamos nuestro ritmo, y nos tomaríamos el tiempo que fuese necesario para descubrirnos mutuamente, para conocer a la persona con la que nos uniríamos algún día, cercano o no.
Salí de mis cavilaciones cuando sentí que aquel beso estaba por concluir, y abri los ojos para concentrarlos en el mirar contrario incluso cuando este aún se negaba a abandonar los besos y entre estos se dedicó a expresar su interés por mi bienestar. ¿Que si me había lastimado? ¡Ah, mi pie! Negué con suavidad, retrocediendo un paso para frenarle. Necesitaba explicarle con sinceridad, o presentía que no se quedaría tranquilo.
-Me lastimé en la caída, pero no fue nada grave -por el rabillo del ojo contemplé la extremidad lesionada, cubierta parcialmente por la fría agua del mar, la cual relamía la piel con cada nueva oleada-. Creo que me torcí el tobillo, así que es probable que deba vendármelo una vez llegue a casa... pero por ahora está bien, no me molesta demasiado.
Y era la verdad, incluso había pasado por alto aquel detalle si no fuera porque Dante lo había sacado a colasión. Por ahora necesitaba decirle algo más a mi compañero, y necesitaba aprovechar aquella tregua para hacerlo antes de que los dos nos volviéramos a distraer. Así que, una vez más, volví a enfocar mi vista directamente a él, con una expresión serena en mí.
Y es que yo no quería que él se reprimiera. Entendía que el hecho de que mi prometido se autorestringiera se debía únicamente a las barreras que con tanto empeño me esforcé por erigir entre ambos, y que quizá era consciente a mi propia renuencia por aceptar dichos tratos, pero esta vez quería iniciar con el paso correcto, deseaba que nuestro compromiso fuera uno sólido y real, no sólo aquella farsa que nuestros padres nos obligaron a montar.
-Retomando lo que dijiste antes de... bueno, eso. Yo quiero que tú también lo hagas cuando te nazca la necesidad -desvié un poco la mirada, con las mejillas rojas por la vergüenza- que si sientes la necesidad de tocarme o... besarme, lo hagas sin frenarte en tu hacer o sin esperar mi permiso -retorné a él-. A estas alturas ya podrás hacerte una idea que en estos temas yo soy... inexperta; no estoy acostumbrada a muestras tan intensas de afecto y sólo me causan repulsión... hasta ahora. Tú eres especial, contigo no tengo necesidades de alejarte de un empujón, lo cual es extraño porque hasta esta tarde tu contacto me provocaba desagradables escalofríos -¿estaba siendo muy ruda con mi hablar? Muy probable, pero deseaba que me entendiera... que supiera el esfuerzo que estaba poniendo de mi parte por estar con él- no sé qué pasó, algo cambió en mí tras lo del accidente en la playa... no, lo correcto sería decir que algo cambió entre nosotros. El punto es que no me creo capaz aún de ser yo la que dé el paso para realizar estos acercamientos, no sabría ni siquiera cómo hacerlo o cómo podrías interpretarlo tú, en caso de que los realice en un momento que no sea adecuado -reí, nerviosa-, debes de pensar que soy una niña, ¿verdad?, pero lo cierto es que no entiendo muchas cosas. Me ayudarías bastante si me enseñaras...
Tomé aire con fuerza y di un giro de 180° para así darle la espalda y poder controlar mi propia vergüenza, retomar las fuerzas para encararle con aquel semblante imperturbable que me caracterizaba. Solía ser una persona sincera cuando las buenas costumbres no dictaban lo contrario, pero aquello no significaba que no me exigiera fuerza mental hacerlo. Lo principal sería reponerme de aquel encuentro y serenarme para continuar con el paseo... o al menos eso me hubiese gustado hacer.
Cuando alcé la mirada una vez más, ya con la idea de volver a mirarle, mi vista se clavó por un segundo hacia la fachada del hotel que acabábamos de abandonar y pude contemplar que una silueta se dedicaba a contemplar el panorama donde no hacía mucho había sido nuestra ubicación anterior. Entrecerré los ojos, tratando de descubrir algo que me delatara la identidad ajena, pero desde aquella distancia y oscuridad era imposible; la luz del salón resplandecía detrás de ella y la sumergía en la total negrura por el contraste. ¿Sería el conocido de mi prometido o sólo un invitado más tomando aire fresco? No podría saberlo...
-Oye, Dante... creo que será mejor que regresemos a casa. No sería correcto que nos descubrieran en este estado tras fugarnos de una reunión tan importante como es esta. Seríamos la comidilla de la sección de sociales en los periódicos.
Y tanto él como yo teníamos una reputación que mantener. Como modelo que era, no podía darle demasiado material negativo a la prensa, y él como heredero de una industria seria aún menos. Ya no podíamos regresar, por nuestros respectivos atuendos, y bajo este panorama era mejor retirarse sin excusarse que ser encontrados en algún lío íntimo, por más prometidos que fuéramos. Me giré hacia él y comencé a andar hacia el extremo opuesto a donde se encontraba el edificio, buscando un modo de rodearlo sin ser vistos. Para ello le tomé una vez de la mano, justo en la muñeca, y tiré de su brazo para instarlo a andar.  
-¿Vamos?
Mis zapatillas abandonadas al pie del balcón se me hacían un precio inclusive bajo para la recompensa que había recibido aquella noche. Aunque lo más correcto sería decir que el precio lo pagó Gastón, al ser él el propietario de las mismas.
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Re: ¿Te apetece? [Priv]

Mensaje por Dante Zuegg el Lun Jun 19, 2017 4:30 am

No dijo nada, pero por dentro una maraña de preocupación apareció luego de escuchar a Odette afirmar que no se había lastimado de gravedad, ya la había observado en otras ocasiones y sabía que no daba suficiente importancia a su estado de salud. Era necesario atender adecuadamente ese pie, una simple venda no lo convencía para nada. Se encargaría de ello en cuanto salieran de ahí, pero primero escucharía lo que su querida prometida tenía que decirle. ¿Era su imaginación o por primera vez tenían una conversación seria sobre ellos mismos?

Y poco faltó para que quisiera pellizcarse y averiguar si no estaba en medio de un sueño, porque las declaraciones de la modelo fueron una tremenda sorpresa para el espiritual. Si lo que estaba escuchando era verdad entonces… ¿estaría bien dejar fluir el deseo de estrujarla por lo adorable que lucía sonrojada? Todavía no asimilaba semejante verdad, fue necesario llegar a la parte que ya conocía de la historia para aceptar que sí estaba pisando suelo firme y no nubes imaginarias. –Ah, gracias– sonrió tras saberse especial por no ser objeto de los empujones de la señorita. ¿A cuántos habría maltratado hasta entonces con esas bonitas manos que tenía? Seguro era mejor no preguntarlo, no quería arruinar las circunstancias y volver a ser aquel que, en base a lo escuchado, solía generarle pésimas sensaciones a Odette. Bueno, había que agradecer su extrema sinceridad…

Primeramente permíteme agradecer el que me compartas todo esto– habló segundos después de que su prometida se girara y le diera la espalda. Un paso dio hacia ella y entonces giró el rostro en la misma dirección que ella. ¿Quién buscaba interrumpirlos justo en esos momentos?? No lo sabía, pero tenía la seguridad de que no traía buenas intenciones. –Estoy de acuerdo contigo. La prensa solo trae problemas…– respondió y sin dudarlo avanzó en la dirección seleccionada por la chica.

Pero a los pocos pasos se soltó del agarre en que Odette lo tenía y con seguridad la tomó en brazos, no se le olvidaba que estaba lastimada. –Estoy acostumbrado a que las cosas funcionen según mis planes y hoy… me derribaste por completo. Claro que… me lo merecía. – comenzó a explicarse sin dejar de mirar hacia el frente, en el camino frente a ellos que se alejaba de las luces del hotel. –Sería imposible no cambiar después de eso… Afortunadamente fue para bien, ¿cierto?– concluyó y al hacerlo bajó la vista hacia los hermosos ojos de su reina. Normalmente no aceptaba sus errores, mucho menos en voz alta, pero todo indicaba que al estar juntos habría que aprender numerosas lecciones. Ahora Dante veía el amor desde un ángulo sumamente distinto, uno al que jamás había prestado atención. –Por cierto, no pienso que seas una niña. Antes tal vez sí.– agregó divertido y sin decir nada más aceleró el paso, dejando atrás el mar.

Aquel que antes se dirigía hacia ellos ahora los observaba desde un punto fijo. No parecía encontrarle sentido a seguir a la pareja, pero estaba claro que eran su foco de interés.
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