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✿ Red Roses, White Roses ✿ Priv.

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✿ Red Roses, White Roses ✿ Priv.

Mensaje por Miléne Von Damme el Vie Ene 08, 2016 11:33 pm



"Mi sangre nace en las venas de las rosas..."

Rosas rojas, amor. Rosas blancas, inocencia, pureza. Rosas amarillas, advertencia. Rosa naranja, precaución. Rozas azules, libertad, franqueza. Rosas verdes, esperanza. Rosas lilas, seducción. Rosas negras, separación y tristeza. Rosas gris, desconsuelo. ¿Realmente era así? ¿Realmente regalar flores dependiendo de un color significaba una u otra cosa? Entonces, para ella eso no tenía mucho sentido. Aunque pensándolo bien, algo sí era cierto: Aidan amaba sus rosas y ella también. Pero, en ese caso, si aquella blanca figura como la nieve cayó y fue manchado de rojo, ella sería el revés, su contra parte, su espejo. Si ella cayera, mancharía las rosas de rojo, les daría vida. ¿Bastaría su vida para ello? ¿Pensamientos suicidas? No, para nada. Ella amaba demasiado su vida para pensar en eso, era así de simple todo. Ella estaba dispuesta a seguir adelante, porque le habían enseñado a no rendirse, a no retroceder ni a mirar atrás. A abrir sus brazos al mundo, a avanzar sin importar que fuerte sea la tormenta ante ella. Claro, por ello avanzaría, por ello estaba avanzando sin cesar, sin cansancio, con una hermosa y pacífica sonrisa en sus labios, como una estatua, como una hermosa muñeca, perfecta... Como una rosa. Sí, como una rosa venenosa. Hermosa, pero mortalmente venenosa.

Se volteó, giró sobre sus propios talones y observó. Observó el enorme jardín de rosas, sus diferentes colores, creando un peculiar arcoíris que brillaba bajo los inadvertidos rayos de sol. Los observó detenidamente a cada uno de aquellos pequeños jardines, esparcidos a un lado y otro del jardín. Pero, a pesar de que le agradaban sus diferentes colores, nada llegaba a los talones siquiera de las rosas rojas detrás suya. Fue con aquél sentimiento que volteó y caminó hacia ellas, hacia aquél pequeño sendero que dividía una hilera y otra de espléndidos rosales. Rojos y blancos mezclados entre ellos... Quizás desde el cielo tuvieran una forma coherente, una coherencia que en tierra faltaba, pero, no fue a ello que prestó atención. ¿Qué hacía ahí? Simple... ¿Cómo podría dejarse escapar la oportunidad de ver algo de nuevo? Como aquella botánica por ejemplo, aquél, según entendido sería el último día en que el museo expondría eso y, ella, curiosa de nacimiento, no podía simplemente decir que no a aquél capricho tan infantil cien veces más fuerte que ella. Pero, a pesar de poder encontrar de todo ahí, desde las más comunes a las más sorprendentes flores, esas, las rosas, eran las únicas que por aquél momento se ganaban su completa atención ya admiración. ¿Por qué?. Porque en sus retinas aún habitaba aquella imagen, aquella imagen de un año atrás, aquella que ella y solo ella había visto jamás.

Era poseedora de un gran secreto, un secreto que seguramente solo compartía con las rosas muertas, un alma en paz y la luz de luna y estrellas. Pero, entre todas ellas, ella era la única capaz de trasmitir aquél recuerdo que en el momento preciso estaba surcando su mente, sus ojos. Las veía, las rosas, su figura, pero, era incapaz de percibir su aroma. Cerró sus ojos, en un intento de frenar las memorias y, dibujando una sonrisa suave en sus labios extendió sus brazos a un lado y otro de su cuerpo, aún sonriendo dio una vuelta sobre su propio eje mientras el viento lentamente comenzaba a soplar, balanceando su blanco vestido hasta las rodillas y su largo cabello junto a los pétalos de rosa. Sí, los pétalos que alzaron el vuelo y amenazaron en silencio de nunca volver atrás, de viajar, de llevar sus memorias más allá de las montañas y los océanos. Pero, ni ellos sabían de sus recuerdos. Llevaba consigo a la única rosa que había permanecido con vida en aquél jardín, en sus ojos, en su sangre, en el tacto de sus dedos. No estaba triste, porque de cierta forma llevaría con ella una hermosa leyenda, una historia sobre un chico odiado por todos, pero cuyo jardín de rosas era el más bello. Sobre su vida y su muerte. Sí, porque era la única que había estado a su lado, porque era la única que había sobrevivido.


"Coged las rosas mientras podáis
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta..."
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Re: ✿ Red Roses, White Roses ✿ Priv.

Mensaje por Andrew Luhrmann el Dom Jun 19, 2016 11:23 am

Silencio. Eso se solía esperar de os museos, ¿cierto? Un inalterable silencio, acorde a las calmadas obras de arte que solía exponer, calladas como si de mil secreto ocultasen y escondiesen. ¿Sería verdad? ¿Qué secretos podrían esconder aquellas pinturas, esas esculturas, aquellas vasijas? Tantas opciones podía haber que de cada uno una gran historia podría escribirse. Y a pesar de todo, en ese momento aquel museo exponía de manera temporal, durante una semana se suponía. Y aquel, era el último día para poder apreciar las detalladas creaciones de jardinería que estaban exponiendo. Pero, en eso no fue en lo que se fijó Andrew cuando se metió de manera algo abrupta e inesperada al museo, no. Él cuando se coló en aquel museo, era con el objetivo de dejar de ser perseguido, de ser libre como aquel viento que removía los muertos pétalos de las flores hacia el cielo. ¿Por qué? Sencillo.

No quería ser entrevistado. Lo odiaba, no le agradaba para nada tener que estar frente a mil cámaras contando supuestas cosas íntimas de él. O simplemente, no podía ya hablar como antes frente a tanta gente, ante la idea de estar entre miles de personas. No podía hablar, un nudo se formaba en su garganta sin remedio alguno, y no era por gusto no. En su momento, fue capaz de ello, de disfrutar de ese mundo de espectáculo, de tolerar con una sonrisa aquello que le pudieran exigir, pero... no, ya no era lo mismo. Porque él mismo había cambiado, lo suficiente como para que alguien que pudiera haberle conocido de antes, percibiera a primera vista que no era el mismo. Y aún así... ¿Qué hacer al respecto?

Y en ese momento, como era ya costumbre desde que se había unido a aquel peculiar grupo, aprovechó el momento que era para el maquillaje y puesta en escena previo a la entrevista que sería retransmitida por televisión, para poder huir vilmente del sitio, del edificio donde se haría aquella entrevista. Por supuesto, fue perseguido por las pobres maquilladoras y estilistas en busca de no recibir regaños o incluso un despido por aquello. Pero claro, no cualquiera se esperaría que un guitarrista que ya se sabía que tenía experiencia en ese mundo fuera a fugarse así de una simple entrevista. Y con los cobrizos cabellos sueltos y revueltos y su rostro con una ligera capa de polvos translúcidos que había dejado que pusieran, no sin menos desagrado, aquellas maquilladoras, fue como, al encontrarse en medio de su carrera a la fuga, el cartel que indicaba que el museo, a la vuelta de la manzana, tenía el jardín abierto para su exposición de botánica. Y entonces, fue de donde surgió la inesperada idea de ir allí. Pero no entró por la puerta como una persona normal, no. Brincó por el alto seto de arbustos del jardín de aquel museo y, cuando cayó al perfectamente cortado césped, miró a su alrededor, aun algo agitado por aquella carrera, y tras asegurarse que la poca gente que había por allí parecía estar distraída y no se había percatado de su presencia, fue cuando corrió a esconderse. ¿Y dónde fue? Claramente, al apartado más extenso y amplio, y al, curiosamente, menos abarrotado aun cuando no es que hubiera demasiada gente: allí donde las rosas creaban un sendero, casi un pequeño laberinto entramado por diferentes colores. Y aunque fue a paso calmo pues nada conseguiría corriendo allí si no que empeorar las cosas, su aun agitada respiración era notable.

Y aun así, cuando se internó hacia aquel camino, se detuvo al ver una figura. Una figura de blanco vestido y lilas cabellos que, ahora por la suave brisa que volvía a correr por aquel lugar, los balanceaba como si de una danza se tratase. Y aunque sus purpúreos orbes se quedaron unos segundos con aquella imagen, parpadeo al escuchar de nuevo las voces de aquellas estilistas gritar su nombre mientras pasaban por justo al lado del seto de arbustos que estaba cerca al sendero. Y casi por inercia, se agachó un poco para ser más ocultado por aquellos rosales mientras una sutil mueca acudía a su rostro. Que no le encontrasen, que no le encontrasen... Y por eso, fue que hacía aquella chica le dirigió un gesto de mantener silencio, llevando su dedo índice a sus labios mientras una pequeña sonrisa curvó sus labios, a modo de petición para que no dijese nada mientras aquellas voces de las maquilladoras iban desvaneciéndose a medida que parecían alejarse. ¿Y qué que se hubiera colado en un museo sin permiso y podría ser arrestado por ello?
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Re: ✿ Red Roses, White Roses ✿ Priv.

Mensaje por Miléne Von Damme el Jue Jul 14, 2016 7:06 pm

"Red like roses fills my dreams
and brings my to the place you rest."

Lo último que se esperó fue que él apareciera en aquél preciso instante. Se volteó, levantando su mano para mantener su cabello fijo a un lado, sin dejar que el viento tomara control de él y le impidiera ver, que le impidiera ver algo que ella sí quería tener la posibilidad de ver con claridad. Era él, lo recordaba, lo recordaba como si hubiera sucedido ayer, al igual que recordaba aquella imagen de una blanca figura entre las rosas rojas, porque ambas cosas, si bien la segunda con más fuerza, se habían grabado a fuego en sus retinas. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué aquella situación le pareció tan singular? Verle correr, esconderse detrás de los rosales y pedirle silencio en un simple acto... ¿Será porque de alguna forma todo se estaba repitiendo? De hecho era así, la historia se repetía una y otra vez porque los seres humanos no querían aprender de ella. En sus labios, ligeramente coloreados por un lápiz labial, se formó una sonrisa, una misteriosa y distante sonrisa. Como si ella realmente no fuera de aquél mundo, como si realmente ya estuviera esperándose aquél encuentro, en medio de las rosas que ella ahora tanto amaba. Supuso que estaría escapando, de alguna forma le veía capaz de hacerlo... A primera vista no parecía haber cambiado mucho, seguía pareciendo el alegre e hiperactivo Andrew Luhrmann que ella había conocido cunado no era más que una niña, todo eso gracias a su hermano, su hermano que ahora estaba encerrado, encerrado por haber cometido un pecado, uno que ella no cometería.  

Cuando las voces que parecían estar persiguiendo a su particular amigo desaparecieron, ella se fue acercando hasta donde estaba él, agachándose a su lado no sin antes asegurarse que su falda quedaría bien colocada, su antebrazo terminó apoyado sobre sus rodillas y su codo, al lado de su mano, únicamente para apoyar su mejilla en la palma de su mano y observar con sus particulares ojos lilas al otro. Permaneció poco, pues no pretendía ser considerada de buenas a primeras una acosadora y, al cabo de unos escasos segundos extendió su mano hacia el otro—
¿El billete? —Inquirió, fingiendo gravedad durante escasos segundos antes de relajar su sonrisa, una amistosa y a la vez misteriosa— Solo bromeaba. No te delataré —Le guiñó un ojo y se levantó de nuevo, pasando las manos por su blanco vestido en un intento de quitar de él cualquier rastro de tierra que pudiera haberse quedado en él. Retrocedió unos pasos con elegante diversión y le siguió sonriendo, como alguien que compartía un secreto y que, tampoco estaba dispuesto a revelar a terceros. Miléne era igual, ella sabía mantener un secreto, su misma vida lo era y con esta, todos aquellos que de una u otra manera tuvieron que ver con ella. Porque los secretos tenían su encanto, porque sin ellos el mundo sería pobre y aburrido y ella, extraña como era, estaba dispuesta a protegerlo, proteger algo tan 'insignificante' como un secreto. ¿Egoísmo? No... Quizás solo un poco.

¿Cuál sería su destino? Aileen murió en cuanto todos dejaron de utilizar su nombre... Pero... ¿Qué sería de Miléne Von Damme? Si se habían encontrado en ese lugar y la historia se repetía... ¿Lo salvaría de su desdicha y moriría como Aidan lo hizo? ¿Sería un hada y salvaría a alguien más con su propia vida?—
¿Estás escapando de alguien? ¿Quizás de tus admiradoras? —Se cruzó de brazos, aún fijando su mirada en él. Ladeó a un costado su rostro en un lento movimiento y añadió— ¿Qué te asegura que no sea una de ellas? —No lo era, no necesitaba serlo en realidad. Y aun así, su mente seguía dándole vueltas a aquella particular reunión... ¡No estaba lista! ¡No habría deseado aún encontrarse con él! No sabía que decirle, como acercarse... No podía ser Aileen, pero, Miléne había nacido prácticamente de ella, y ahora, a esas alturas ya, simplemente actuaba de instinto, fingiendo ser lo que no era por una mera promesa... Porque temía que acercándose a él como hermana de aquél amigo que lo había traicionado no lograría más que distanciarlo... Y aun así... Aun así se parecía tanto al antiguo Andy... En cambio ella había cambiado tanto en tan poco tiempo... Tanto...— Eres...—Se le acercó, unos pocos pero melodiosos pasos mientras se inclinaba un poco al frente, hacia el otro— ¿Andrew Luhrmann? ¿El guitarrista de Avalanche? —Inquirió, en tono bajo, asegurándose que él y solo él escuchara aquél susurro suyo, tan bajo como un ligero soplo de viento, tan bajo como un secreto, como una promesa, como un juramento olvidado. Pero ella sonreía, sonreía con calma y tranquilidad, inquebrantable, hermosa como una muñeca.

Sopló el viento y se llevó las palabras con él.
Se las llevó lejos, acunándolas en los brazos del mundo.
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Re: ✿ Red Roses, White Roses ✿ Priv.

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