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La soledad... ah~la soledad...espera ¿quién eres tú? [Priv Rainer]

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La soledad... ah~la soledad...espera ¿quién eres tú? [Priv Rainer]

Mensaje por María Daghetti el Sáb Ene 17, 2015 9:29 am

¿Qué era eso? No iba a mentirse a sí mismo al decir que se sorprendió y no de manera excesivamente grata al ver que, por quién sabe qué causas, el comedor estaba completamente vacío. ¿Qué era eso, valga la redundancia? ¿Toda la gente era tan inútil de no madrugar un poco y estar tirado en la cama como un simple y gordo oso recién entrado el invierno? Y a pesar de todo, una vez entró y en su armonioso rostro se reflejó cierto desconcierto en un parpadeo, acabó por admitir… que tampoco se estaba tan mal así. Sin jaleos innecesarios y conversaciones sin un trasfondo interesante de ambiente… si, en cierta manera era mejor así.

¿Pero qué hacía alguien como María a casi las siete y media de la mañana allí? Bueno… era tan sencillo de explicar que hasta el propio joven de dorados y largos cabellos llegó a reírse interiormente de su despiste: los hábitos de vida que había tenido anteriormente. ¡Venía de una maldita institución católica que, no solo te obligaba a levantarte a esas insanas horas, si no que encima él tenía que prepararse! Y claro, para alguien normal, exceptuando a ciertos seres que quién sabe porqué se eternizaban a la hora de arreglarse, quizás por ser seres horrendos; sería sencillo el prepararse en unos cuantos minutos. Pero para María no por una simple y extravagante causa a su vez: era un chico. Y tenía que ir de mujer. Así de simple. Y cuando era pequeño, el problema era muchísimo menor, al fin y al cabo los niños son andróginos absolutamente de pequeños. El problema fue entrada la adolescencia… porque, claramente, aunque el cuerpo de María fuera de por sí andrógino…seguía siendo un hombre. Y nada se podía hacer al respecto aparte de usar ciertos métodos que, curiosamente también usaban algunas mujeres. ¡Ha! Y pensar que él únicamente necesitaba un corsé y rellenos en el pecho para conseguir una apariencia delicada y femenina.

Como fuera, dejemos las divagaciones de la mente de este ‘peculiar’ chico, y prosigamos. Ya se ha mencionado la causa de por qué se encontraba en ese lugar a esas horas. Ahora… ¿allí la gente no madrugaba? ¿De verdad? Sentir el tiempo corriendo y no sentir que estabas dejando escapar algo precioso era un pensamiento que llegaba a decepcionar en magnitudes inmensas al joven de carmesí mirada. Y aun así… dejó de lado sus pensamientos, o más o menos, y con un leve suspiro se dirigió hacia una de las mesas, sin escogerla realmente, total… todas estaban libres. Y esperó un poco. ¿Estaría eso realmente ya disponible al público? Si no fuera por la luz que alumbraba la sala, hubiera pensado que no. Entonces… ¡¿por qué demonios no veía a nadie?! Eso comenzaba a irritar su humor. Pero, por supuesto, no se reflejó en el rostro del andrógino muchacho, ni mucho menos.

Por ello, mientras los minutos pasaban, acabó por apoyar ambos codos sobre la pulida superficie de la mesa, y tras entrelazar en un delicado gesto sus dedos, acabó por reposar su barbilla sobre los mismos mientras dejaba escapar un sutil suspiro de resignación, aunque en su interior se hubiera sentido como si fuera de extremo aburrimiento. – Ah… la soledad a veces es mala…- musitó sutilmente en un pensamiento en voz alta, acabando por entrecerrar sus orbes de aquel peculiar tono rojizo y ladear un poco su rostro. ¿Alguien le salvaría de aquel aburrimiento y monotonía que, para qué mentir, resultaba irónico de decir ya que nunca le había ocurrido algo así?
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Re: La soledad... ah~la soledad...espera ¿quién eres tú? [Priv Rainer]

Mensaje por Rainer Anderberg el Dom Ene 18, 2015 2:28 am

Un día más de rutina comenzaba y el príncipe heredero al trono de Dinamarca estaba más que dispuesto para iniciar una vez más con sus habituales obligaciones en aquella prestigiosa academia de artes. Claro que lo que el joven albino tenía que hacer allí distaba mucho de lo que sus padres tantos años gastaron para enculcarle; de ellos estar enterados de sus deberes como camarero no sólo se sentirían sumamente escandalizados e indignados, sino que seguramente morirían de un paro cardiaco ante la sola idea. Cosa que a él le causaba algo de gracia, porque de ser posible daría todas las riquezas que poseía y su título nobiliario con tal de poder mantener para siempre su actual forma de vivir. Pero mientras el tipo durara, él lo disfrutaría sin interrupción alguna.
El horario de la cocina solía darse desde muy temprano, a excepción de los fines de semana en los que se daban el lujo de iniciar una hora más tarde pues los alumnos aprovechaban esos días de descanso para despertar más tarde. Pero ese día en cuestión era entre semana, día laborable entre los estudiantes y profesores y, por lo tanto, día en que el personal de la academia encargado de la cocina debía comenzar con sus labores a las 6:00 de la mañana. La hora en que el comedor abría sus puertas era a las 7:30, aunque de antemano ya se sabía que ningún ser vivo además de ellos haría acto de presencia hasta pasadas las ocho, por lo que los meseros como él entraban una hora tarde que sus compañeros cocineros.
Como era costumbre en el espiritual de platinada cabellera, llegó a la zona destinada a hacer cambio de vestuario a faltando cinco minutos antes de las siete y cuando intercambió sus ropas informales por el impecable uniforme de camarero y cuando se cercioró de que nada estuviera fuera de lugar, salió al pasillo que lo llevaría a la extensa zona destinada para el comedor cuando su reloj marcaba las 7:20. Por inercia dirigió sus pasos primero hacia la cocina para saludar al personal que allí ya había, enfrascado con sus propias labores, y ver en qué podría ayudar antes de tomar las bandejas con los indispensables para servir a los futuros comensales una vez que estos comenzaran a llegar.
Cuando traspasó el umbral de la cocina que conducía hacia el exterior, donde decenas elegantes mesas redondas cubiertas por manteles blancos aguardaban a ser ocupadas, se sorprendió cuando sus ojos de color tornasol se toparon con una frágil figura. Enarcó ligeramente las cejas, sorprendido el príncipe de hallar a alguien allí a tan temprana hora, y dejó sobre el mostrador las dos grandes bandejas, repletas de cubiertos limpios, servilleteros y saleros, que había estado equilibrando con ambas manos en alto. Tomó un servilletero, un salero y una de las libretas que allí se encontraban junto con una pluma de tinta azul, y dirigió sus pasos hacia la joven de dorada cabellera, mirando disimuladamente su reloj: las 7:31; justo a tiempo.
Una vez allí, compuso su más cordial sonrisa hacia la chica, quien sería su primera comensal y, al parecer, la única durante un buen rato.

Muy buenos días —saludó con voz suave al tiempo que iba dejando el servilletero y el salero en medio de la mesa antes de disponerse a tomar su orden— Lamento la demora, no solemos recibir personas tan temprano por la mañana. Mi nombre es Ray; ¿puedo tomar su orden? —finalizó con la libreta y la pluma en manos, listo para apuntar aquello que la señorita solicitara al tiempo que la observaba con sus ojos multicolor, resultando ser una mirada penetrante sin que el albino se lo propusiera.

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Re: La soledad... ah~la soledad...espera ¿quién eres tú? [Priv Rainer]

Mensaje por María Daghetti el Mar Ago 11, 2015 11:45 am

Debido a que estaba dándole la espalda a la zona de cocina, y por tanto a la bara donde parecía ser que los camareros recogían los pedidos para poder llevarlos hasta los comensales, no se dio cuenta que ya uno de los meseros había llegado. Y justamente por eso, el escuchar de golpe, en medio del todo el silencio sólo roto por algun murmullo que surgía desde la cocina, aquel saludo, causó que el pequeño cuerpo del joven se tensara suavemente, pillado por sorpresa. ¡Anda! Si resultaba que sí había alguien. Justo cuando pensaba que al final le tocaría a él meterse en la cocina a hacerse algo. ¿Lo haría? No, ni de coña, él no se ensuciaría las manos así como así. Y aún así, su mirada de aquel peculiar tono carmín, se volteó hasta lograr ver al dueño de aquella voz que resultó ser un apuesto chico con un elegante traje de lo que pudo suponer que sería de camarero.

Ese chico... parecía el tipico príncipe sacado de cuentos de hadas y cosas demasiado empalagosas y cursis para María, aun cuando aquello pudiera sonar bastante irónico debido a la apariencia que llevaba: una falda violeta de volantes asimétricos cubrían completamente sus muslos hasta las rodillas, y la blusa de manga francesa color lila con un pequeño cinto anudado a su cintura acompañaba al conjunto, orotgándo a la esbelta figura del andrógino una apariencia refinada y elegante. Y como calzado, unos sencillos mocasines de un suave color camel era el final de aquella vestimenta.

- Buenos días -pronunció con suavidad, con aquel tono de voz tan femenino que era capaz de sacar de su boca mientras sus labios esbozaban una afable y dulce sonrisa, ya hábito de todas las veces que lo hacía diariamente, aún cuando estaba pensando si en aquel instituto traían tipos así para llamar a la inspiración de las chicas que por ahí rondaran. Y es que... si a él rápido acudían las miradas de los hombres por causas obvias, ya que era un bellezón delicado, ¿como aquel tipo no iba a atraer las miradas de las chicas? Era lógica pura.- Ya veo... es complicado quitar ciertos hábitos, lo siento sin vine demasiado pronto -prosiguió su hablar, mas en su cabeza estaban cruzando los pensamientos de que no era tan pronto y que ademas, era su trabajo, ¡qué demonios! Mañana mismo volvería a la misma hora, bien puntual por su parte. Pero bueno, tenía que comportarse amable como una damita, o eso se suponía.

Y aun así, en cierto momento su mirar se clavó en los orbes ajenos, con curiosidad. Ese chico... que peculaires ojos tenía. ¿Incomodo por la intensa mirada? Para nada, la sostuvo sin problema alguno, únicamente.... estaba intentando contar la cantidad de colores que aquellos iris tenía. Pero en cierto momento recordó que aquel albino le había preguntado ya por su pedido. Es verdad...- Ah, disculpe -acabó por decir mientras dejaba escapar de sus labios una quizás azorada sonrisa, claramente mentirosa, e inclinaba un tanto su rostro al frente, haciendo que los dorados mechones de su larga cabellera descendieran por sus hombros.- Es que nunca había visto una mirada tan interesante como la que tiene usted -¿descaro? todo el que quisieses y más con María. La magía estaba en lograr hacer que pareciese un ingenuo e inocente comentario, y el joven Daghetti lo lograba sin problema alguno. Y volviendo a alzar su rostro para mirar al chico mientras dejaba reposar sus manos en su propio regazo en una delicada postura, le sonrió suavemente.- Un 'caffé macchiato' con canela y un 'ciambelle', per favore-pronunció con perfecta soltura, en un algo marcado acento italiano al pronunciar aquellos productos de su país natal y que, en realidad, no se encontraba lejos.
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Re: La soledad... ah~la soledad...espera ¿quién eres tú? [Priv Rainer]

Mensaje por Rainer Anderberg el Sáb Dic 19, 2015 3:42 am

El heredo al trono de Dinamarca observó a la chica frente a sí con suma paciciencia, esperando a que atendiera a la pregunta que hacía unos segundos atrás le había dirigido. Era normal que los comensales se tomaran su tiempo en decidir qué deseaban degustar, y era deber suyo como mesero el respetar el tiempo implícito solicitado por estos para tomar su decisión. Sin embargo, había algo que le incomodaba. No podía decir qué con exactitud, pero algo en aquella joven señorita le hacía ser cauteloso y precavido. Excasas eran las personas que le hacían sentirse de aquella forma, pero tampoco era algo por lo cual alarmarse; al tratarse de un lugar donde habitaban las más diversas personas, era lo más normal que la escencia de más de alguno no concordara con lo que el albino estaba acostumrado. Ser un espiritual no era fácil si se tomaba en cuenta con los cientos de personas con las que se tenía que laborar día con día; demasiada mezcla de sentimientos y emociones. Pero a pesar de eso, a Rainer le gustaba su trabajo.
Sin embargor no pudo evitar un ligero fruncir de su ceño ante tal sinceridad contraria con respecto a su mirar. Por supuesto, esto no era anormal y ya estaba acostumbrado a que todo el mundo se fijara en esta peculiaridad suya, sobre todo las personas de género femenino. Pero, la forma en la que esta chica en cuestión había hecho notar esto, no fue del agrado del Anderberg.

Lamento si mi mirar le distrae, no es intención mía el hacerlo —aclaró con voz ligeramente grave y aterciopelada, haciendo una ligera reverencia en señal de respeto ante la fémina. Y eso era verdad, el que su mirada atrajera la atención de los demás estaba totalmente fuera de sus facultades el evitar. Desvió la mirada de las facciones ajenas y anotó lo que esta le había ordenado— entonces un caffé macchiato con canela y un ciambelle, en seguida le traeré su orden, señorita.

Sin más, y con una nueva reverencia, se retiró hacia la zona de barras y, en lugar de encontrar allí a alguien dispuesto a recibir el pedido y hacerlo llegar en las cocinas, como sería lo habitual a una hora más concurrida; él mismo traspasó el lugar y se dirigió a la parte posterior del recinto para comunicar los alimentos que se debían preparar para la chica de doradas hebras. No tuvo que esperar demasiado a que este estuviera listo, debido a que aquella hora la gente solía mostrarse animada por iniciar su jornada... aunque aquello iba cambiando con el transcurrir de las horas y la cantidad de gente a la que se debía atender.
Colocó la orden con sumo cuidado sobre una bandeja, añadiendo a parte una pequeña jarra de leche y un recipiente con endulzantes y jaleas para añadir tanto a la bebida como al pan, en caso de así desearlo su consumidor. Regresó a la zona destinada para los comensales y se acercó a la única mesa ocupada por el momento.

Espero que sea de su agrado —manifestó calmadamente, con aquella sonrisa cordial característica en él. Colocó lo pedido frente a la joven, dejando en el centro de la mesa los acompañamientos— en caso de ser necesario, estaré a su servicio. Por el momento, ¿le puedo ofrecer algo más?
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Re: La soledad... ah~la soledad...espera ¿quién eres tú? [Priv Rainer]

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