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¡Huyamos de los fantasmas! → Caín E. Mayfair ←

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¡Huyamos de los fantasmas! → Caín E. Mayfair ←

Mensaje por Krystal Lutz el Mar Ago 23, 2016 4:12 am

Cuando abrí los ojos, lo primero de lo que me di cuenta fue de unas fuertes punzadas en mi cabeza que provocaron que hiciera una mueca de dolor al tanto que gemía, molesta. Me llevé la mano allí donde me dolía y con lentitud comencé a incorporarme, totalmente desorientada. ¿Dónde me encontraba? ¿Por qué sentía que la cabeza se me iba a partir en dos? El sólo tratar de aclarar mi mente de aquella neblina que la cubría provocaba que una nueva jaqueca me asaltara. Pero por todos los dioses, ¿qué había ocurrido esta vez?
Miré a mi alrededor, aún con la mano en la cabeza, y de lo único que pude percatarme era que no reconocía absolutamente nada de lo que me rodeaba, era definitivo que esa estancia no era mi habitación. Pero si no era así, ¿entonces en dónde...?
Un leve chispazo de reconocimiento encendió mi mente y comencé a recordar los sucesos anteriores como si los estuviera viviendo justo en ese instante, volviendo a hacer una mueca de agobio de sólo pensarlo. Estábamos en el auditorio montando una escenografía que nosotros los de artes plásticas habíamos elaborado para una presentación del grupo de teatro. No supe cómo pasó ni el porqué, pero lo único que recuerdo mientras trabajábamos allí, fue un grito provenir a lo lejos advirtiéndome del peligro y para cuando alcé la mirada hacia el techo... fue demasiado tarde, un tabique había caído encima de mí. Después de eso, sólo recordaba la más absoluta oscuridad... hasta ahora.

-Ya, ahora entiendo porqué me duele tanto la cabeza... -me acaricié la zona adolorida antes de lanzar un lastimero gemido de dolor.
En esos momentos me encontraba sobre una reconfortable cama, que supuse pertenecería a la enfermería. Mi vista se desvió hacia la ventana sin cortinas y pude apreciar un hermoso cielo ennegrecido plagado de estrellas; la luz de la luna se filtraba y ayudaba a que la estancia estuviera parcialmente iluminada. ¿Cuánto tiempo había pasado con exactitud desde el accidente? Dudaba que fueran poco más de las seis de la tarde cuando estuvimos en el auditorio organizando el escenario, la duda primordial era qué horas serían en este momento, sólo así podría saber cuánto tiempo había estado inconsciente.
Me puse de pie, pero al hacerlo me percaté hasta ese entonces que no me encontraba sola en aquella estancia como yo había creído, alguien más ocupaba la cama de a lado. Ese no era asunto mío, ahora lo que me interesaba era saber si el doctor rondaba por el lugar y así averiguar todos los detalles que desconocía y pedir permiso para regresar a mi propia habitación. Seguro me encontraría mejor allá que aquí, un cuarto que me era totalmente ajeno. Al menos en el edificio de chicas me sentía más confortada al ya ser familiar para mí y además contar con la presencia de Shizu justo en la recámara a lado de la mía. Eso era más que reconfortante, lo prefería. No quería admitir que me daba un poco de miedo deambular de noche por el edificio principal, pero tenía que hacer de tripas-corazón para encontrar a al enfermero en turno e irme de allí. Así que con mucho cuidado de no perturbar a mi compañero de estancia, libré el espacio que había de la cama ocupada por mí hasta la puerta y quise escabullirme lo más sigilosamente posible.
Claro, olvidaba que estábamos hablando de mí, y que nunca nada salía bien cuando yo estaba involucrada. No supe cómo sucedió, en realidad ya ni siquiera tenía la voluntad para preguntar el por qué a mí, sólo sabía que un segundo atrás mi plan fue hacer girar la perilla y que ahora esta se encontraba en mi mano zurda, fuera del lugar al que pertenecía. Hasta el dolor de cabeza se me olvidó, sólo podía apreciar el martillar de mi corazón, producto del pánico, al tanto que trataba de hacer encajar aquella pequeña manija en el hueco vacío que había dejado tras de sí. Nada, no surtía efecto. Tenía que serenarme, guardar la calma, todo estaba bien, no había razón para alertarse... a excepción de que me encontraba sola, en plena noche, en un lugar desconocida y sin posibilidad alguna de escapatoria... ¡¿Y si aparecían los fantasmas que tanto había escuchado oír entre el alumnado?! ¡¡No, por favor, no quería estar allí!!
Antes de abandonarme a la histeria, en el último minuto recordé que no estaba sola, que allí había alguien... ¡Sí, tal vez podía servirme de algo esa persona!
Di media vuelta y corriendo fui hacia su cama para sacudirle, sin importarme que se trataba de un chico que tenía la aparencia de dormir pacíficamente.

-¡Ey, ey, ey, amigo, despierta! Dime que eres cerrajero en tus tiempos libres, por favor... ¡Despierta! -repetía constantemente ante cada sacudida, aún con la manija en la mano.
A pesar de la oscuridad pude distinguir las facciones del joven y lo pude reconocer como uno de los chicos de teatro que actuaban en la obra en la que ayudábamos nosotros a hacer la escenografía, y que también se encontraba en el mismo lugar que yo cuando el ladrillo me partió la cabeza. ¿Qué estaría él haciendo allí? ¿También había resultado herido, como yo? ¿Qué más daba? ¡Sólo quería que despertara! No me gustaba estar sola en un lugar extraño y a oscuras...
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Krystal Lutz


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Re: ¡Huyamos de los fantasmas! → Caín E. Mayfair ←

Mensaje por Caín E. Mayfair el Vie Ene 06, 2017 7:28 am

El chico acarreaba un importante cansancio de todo el día.
Caín no era particularmente enérgico ni tenía la mayor de las iniciativas, sin embargo este día había excedido incluso los límites de su propio desgano.
Abrumado por la enorme expectativa que estaba teniendo el grupo de teatro a causa de la inminente obra que iban a montar, había resuelto que se escabulliría de aquella engorrosa jornada en la que todo el grupo trabajaba en conjunto con los estudiantes de pintura para recrear las escenografías necesarias para la inminente puesta en escena.
Excusándose con que no se sentía bien, logró que le otorgaran permiso para retirarse a la enfermería. No le costó mucho, Caín no era la clase de alumnos que se saltaba clases, de hecho era uno de los mejores promedios del grupo y tampoco tenía amigos con los que pudiera saltarse clases, de manera que la excusa de su malestar había sido perfectamente creíble y su profesor hasta se había preocupado por la condición del muchacho.
Ganando prisa el chico se aventuró hacia la enfermería, no es que fuera aquel el sitio más cómodo para echar una siesta, teniendo su propio y confortante cuarto, sin embargo, a  fin de mantener la farsa de su dolencia debía comparecer en aquel departamento.   
Surcó los interminables y rebuscados pasillos de la Academia, vacilando en su propio mundo de intrincado desinterés, soñando despierto con la sencilla tarea rutinaria de despreocupación a la que estaba ruinmente acostumbrado.
No registró nada a su paso, como era habitual en él. Todo carecía de trascendencia frente a los ojos de Caín, incluso sus propios propósitos estaban completamente vacíos de sentido; sencillamente respondía de manera mecánica a las pulsiones biológicas de su consciencia ¿Tenía sueño? Bien, procuraría cualquier medio, sin importar lo poco ortodoxo que fuera, con tal de obtener el descanso oportuno que le demandara su cuerpo.
Por eso estaba allí, por eso había urdido aquella pueril artimaña ficticia sobre su dolencia, con tal de poder huir hacia un sitio donde pudiera descansar lo suficiente.
Hubiera preferido, un centenar de veces, fugarse hacia su cuarto; sin embargo era absolutamente consciente de que de ser pillado fuera de la enfermería, le correspondería una sanción acorde a su falta, y por lo que sabía sobre sí mismo, era demasiado sencillo como para querer lidiar con un problema innecesario.
Lo había decidido, dormiría en la enfermería. Al llegar y ser examinado la enfermera le realizó un chequeo superficial, ser hipotenso le jugó a favor en este caso, estaba muy acostumbrado a manejarse con una presión arterial inferior a la media, nunca le había representado un problema, sin embargo, la asistente del Doctor se manifestó preocupada ante los índices del chico.
Si fuera otra persona, Caín se hubiera sentido genuinamente divertido con el semblante intranquilo de la mujer; pero no había absolutamente nada genuino acerca de él, por lo que se limitó a encogerse de brazos mientras preguntaba si se podía recostar hasta sentirse algo mejor.
No tardó en dormirse ni bien lo autorizaron, estaba sumido en su profundo sueño, tan cómodo que no notó cuando la enfermera le avisó que saldría unos minutos a comer algo y le susurró el código de su beeper para que lo discara desde el teléfono de la enfermería si se sentía mal.
Al parecer transcurrió un tiempo prudente en el que siguió en el único estado en el que podía estar más desconectado del mundo que cuando estaba despierto, aunque no podía decirse que se tratara de una diferencia sustancial.
No supo cuánto tiempo llevaba durmiendo, pero en un momento pudo jurar que una voz preocupada lo llamaba con urgencia para traerlo de regreso a su estado de consciencia.
Si hubiera sabido lo que era, Caín se hubiera puesto de mal humor, sin embargo parecía tanto psicológica como fisiológicamente imposibilitado como para reconciliarse con tales estados de ánimo ajenos a la neutralidad absoluta.
Tratando de descifrar si aquel llamado se correspondía con la realidad o con un mero delirio producto de la instancia entre el sueño y la vigilia; el chico parpadeó repetidamente.
Su entornó le resultó igual al que había visto la última vez antes de cerrar los ojos… Quizás estaba un poco más oscuro… y bueno, quizás le enfermera escandalosa se había convertido ahora en una niña aún más escandalosa, pero por lo demás todo resultaba bastante normal.
A pesar de todo, pudo captar perfectamente las palabras que la chica le había dirigido ¿Por qué una perfecta extraña querría saber lo que él hacía durante su tiempo libre? Qué más daba… No es que fuera una información con la que pudiera perjudicarlo y si con responderle conseguiría que se callara y lo dejara seguir durmiendo, estaría bien pagado, por lo que tomó aire, se incorporó sentado sobre la camilla y con su gesto desprovisto absolutamente de cualquier emoción, clavó sus ojos en los de la joven que lo inquiría en aquel momento:


-En mi tiempo libre hago Cosplays-



Respondió con la voz firme y desganada antes de volverse a tumbar y cerrar los ojos nuevamente a la espera de reconciliar el sueño interrumpido. 
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Re: ¡Huyamos de los fantasmas! → Caín E. Mayfair ←

Mensaje por Krystal Lutz el Vie Jun 16, 2017 5:12 am

Quedé desconcertada por el actuar ajeno, por lo que no supe cómo reaccionar después de que el chico de oscura cabellera volviera a acostarse sobre la camilla y pretendiera, una vez más, regresar a su profundo sueño. Había tardado bastante en hacer que se despertara, en vista de que el muchacho en cuestión sufría de sueño pesado, y tras todo lo que había hecho yo para traerle al mundo de los vivos... ¿Me respondía que hacía cosplays y hasta allí?
Parpadeé un par de veces y después negué para mí, obligándome a salir de mi ensimismamiento. ¡Aquel no era el momento para dejarme vencer por la sorpresa! Tenía que hacer algo para llamar la atención del chico y hacerle ver en el enorme dilema en el que nos encontrábamos.
Con eso en mente, volví a zarandearle con fuerza el hombro, sin quererme dar por vencida.

-¡Ey, chico, no vuelvas a dormir que esta es una emergencia! -tras eso le puse la perilla casi en sus narices, para que pudiera contemplarla- ¿lo ves? Es el pomo de la puerta... digamos que yo accidentalmente lo rompí y ahora estamos encerrados...
¡Y era verdad! ¡Ni siquiera supe cómo había terminado esa parte del inmueble en mis manos!
Suspiré, cansada, y miré a mi alrededor con curiosidad y temor. ¿Habría alguna forma de salir de allí sin salir lastimada en el proceso? Estábamos en un segundo piso, así que dudaba que una de las ventanas fuera factible en esta situación... ¡Maldición! ¿Por qué no podían localizar las enfermerías en la planta baja? Hubiese sido todo más fácil...
Me separé un poco de la camilla ajena y me abracé a mí misma, aún contemplando mi alrededor con la aprensión en mis ojos tintos. Necesitaba salir de allí, no quería pasar toda la noche en un lugar desconocido y en donde se rumoreaba la existencia de fantasmas. Y si... ¿Y si uno de esos fantasmas aparecía? Un escalofrío recorrió toda mi espina dorsal y sacudí el cuerpo involuntariamente, reacción al miedo. ¡No, me negaba a que las cosas terminaran así! ¡No quería terminar muerta en un lugar deshabitado y por único acompañante a un narcoléptico!
Con pasos apresurados regresé a la puerta y traté en vano hacer encajar la manija una vez más en su lugar, pero esta caía al suelo al segundo que la soltaba, ni tampoco giraba. En un acto de desesperación, comencé a llamar a baja voz, sabiendo que del otro lado seguramente no se encontraría ni un alma viva... sólo fantasmas, seguramente.
Mis manos en automático cubrieron mis labios para contener el grito ahogado que se me escapó ante esa posibilidad, y de forma inmediata regresé al pie de la cama de mi compañero, alejándome lo más posible de la única puerta de aquel lugar. No había pensado en esa posibilidad, en lo que pudiera estar rondando en los pasillos a aquellas horas de la noche, sin contar tampoco los jardines que debía atravesar para llegar hasta la residencia de las chicas... ¿En qué había estado pensando al tratar de aventurarme en una empresa tan peligrosa?

-Shizu... ¿dónde estás? -lloriqueé, aterrada. Mi vista volvió a posarse en el semblante del otro ser vivo en la estancia, y lo contemplé en silencio por varios segundos-. Oye... en serio, ¿no te da miedo saber que estamos encerrados aquí? Si... si algo nos llegase a atacar, nadie podría oír nuestros gritos... ¿No lo entiendes? ¡Estamos a solas en un enorme edificio donde nadie habita!
Yo, al menos, sí estaba aterrada...
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Re: ¡Huyamos de los fantasmas! → Caín E. Mayfair ←

Mensaje por Caín E. Mayfair el Miér Jun 21, 2017 9:45 am

De nuevo su glorioso momento de descanso se vio interrumpido por aquella agitación en su cuerpo, tanto como pudo ignoró el lloriqueo ajeno. Si realmente pudiera en este momento estaría seriamente irritado, sin embargo tenía completamente vetadas esa clase de sensaciones; solo tenía un profundo deseo de volver a dormir sin que siguieran interrumpiéndolo y plantándole objetos metálicos en la cara.

Siguió escuchando pasos, ruidos de algo en la puerta, cuchicheos y lamentos. Cuando nuevamente aquella chica se refirió a él con aquel pequeño discurso tan salido de la realidad, se incorporó suspirando cansado, hasta sentarse y contemplarla con la más absoluta mueca de desinterés. 

-De lo que me doy cuenta es de que esto es una enfermería y yo soy el convaleciente –Técnicamente lo era- ¿No te parece bastante fuera de lugar importunar a una persona en recuperación? –Inquirió observando la puerta, más allá del hombro de la muchacha, con los ojos vacíos- Hay un teléfono en el escritorio, si necesitas llamar por ayuda úsalo –súbitamente recordó que la enfermera le había dejado un número para llamarla, por lo que sumergió la mano en su bolsillo, rastreando el papel y dándoselo a aquella chica para que así dejara de interrumpirlo- Ten, este el ID de localizador de la enfermera, llámala y vendrá enseguida.

Solo esperaba que esta escandalosa criatura no le fuera a decir a la enfermera que necesitaba que viniera a rescatarla de un peligro inexistente, porque de ser así ya podría darse por ignorada hasta el fin de la jornada… Después de todo ¿De dónde había sacado que estaban en un edifico abandonado o algo semejante? ¿Tan siquiera sería alumna de aquella Academia? 

No era como si a Caín pudiera importarle menos quien fuera aquella chica, sin embargo el hecho de estar viviendo una situación semejante lo desconcertaba bastante. Incluso cuando él había sido secuestrado por una osa salvaje y mantenido cautivo durante varios días, no recordaba haber experimentado un estado de pánico similar al que esta niña estaba haciendo honor con tan endebles fundamentos. Quizás tenía algún problema mental. Y como lo último que él necesitaba era lidiar con locos, lo mejor era mantener la distancia y tratar de ser tan racional como le fuera posible.


No sería un problema, nunca le había costado analizar las situaciones con frialdad, de hecho el estar desprovisto de emociones era de gran ayuda en las contadas ocasiones en las que debía lidiar con personas que magnificaban las suyas. 

Una pena que lo hubieran pillado sin un sirviente idóneo que pudiera encargarse del conflicto sin que Caín tuviera que mover un dedo o intercambiar una sola palabra  cuando todo lo que quería era recostarse y seguir con su siesta como tenía previsto cuando fingió malestar para salirse de su clase. 

Ahora nada podía hacerse, estaba a merced de este embrollo y no tenía más alternativa que lidiar con él; después de todo la chica había enfatizado bastante el hecho de que los había dejado allí encerrados y, hasta que alguien más llegara a socorrerles allí deberían quedarse; no estaba entre los planes de Caín siquiera levantarse de su camilla para reparar nada que hubiera roto una completa extraña… de hecho, no lo habría hecho ni aunque él mismo hubiera sido el causante de tal inconveniente. 
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Caín E. Mayfair


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