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Decirte Adiós [Priv.]

Mensaje por Lyssandro Chrysomallis el Vie Jun 17, 2016 1:37 am

---Jueves---

Llevaba varias horas practicando lanzamientos en el patio trasero de aquel apartamento, que ocupaba la planta baja del edificio donde me había instalado este año. Ni bien me mudé, lo primero que hice fue acondicionar este espacio de manera de volverlo una cancha simple para prácticas.

Actualmente pasaba las noches intentando despejar mi cabeza con una clase de juegos más sanos para mí, mientras durante el día practicaba con alguno de mis instrumentos y me dedicaba a enviar CVs a distintas, academias y conservatorios con el fin de ocupar alguna vacante ya fuera en el campo de enseñanza o ejecución; no tenía problema con ningún cargo mientras me diera estabilidad suficiente como para solventar mis gastos.

Odiaba depender de las cuentas limitadas de mis padres, no porque estuvieran limitadas, ya que les había dado razones de más para ejercer tan estricto control sobre mí; sino porque tenía suficiente edad y aptitud como para arreglarme por mí mismo; así es que había determinado que en cuanto obtuviera mi primer trabajo, cerraría cada una de mis cuentas y me ocuparía de solventarme por mi propia mano; después de todo, estando alejado de las mesas de apuestas no es que en mi vida me permitiera gastos estrafalarios ni mucho menos.

Cuando acabo con mi rutina de práctica, ya estoy empapado en sudor y agitado, hoy como nunca me había saltado la práctica instrumental y me había pasado el día jugando, solo fui consciente del largo acontecer de las horas cuando el cielo comenzó a oscurecer.

Maldiciendo me apresuré hacia adentro bebiendo agua de la pequeña botella con la que me había equipado hace menos de una hora. Me quité la muñequera de toalla y mi camiseta sin mangas en la sala mientras caminaba hacia el baño. Allí me terminé de desvestir para poder tomar una recomponedora ducha tibia pensando en qué iba a ordenar para cenar esta noche.

Cuando ya estuve limpio y claro con respecto a la cena, salí del agua, rodeándome la cadera con una toalla y echándome otra sobre los hombros. Me estaba secando el pelo al cruzar la sala para buscar el teléfono, cuando me percato de que debajo de la puerta principal asoma un sobre bastante formal.

Algo desconcertado decido levantarlo intentando descifrar la rúbrica del sello, a pesar de que me suena bastante familiar, no es hasta que abro el sobre y leo el remitente que me quedo completamente atónito descubriendo que nada más ni nada menos que el Saint-Tropez Conservatoire me invita a ocupar la vacante de su primer módulo de Vocalización y Teoría Musical, durante los próximos dos años con la posibilidad de ingresar como Concertino de su propia orquesta en caso de superar a otros dos aspirantes durante la próxima audición.

Para cualquier músico sería una oportunidad única e imposible de rechazar, pero yo no estaba muy seguro de que me llegara en el momento apropiado en vista de que llevaba pocas semanas intentando recomponer mi vida en Idarion y mis vínculos más cercanos en la actualidad.

Después de vestirme y comer, me tomo mi tiempo para meditarlo un poco. En realidad no había muchas vueltas para darle, si de Larr estaba pendiente podría notar alguna variación en sus estados de ánimo y de ser necesario regresaría con urgencia catalogando una emergencia familiar.

El asunto de Odette era algo muy diferente, había una profunda necesidad en mí por quedarme a su lado, era vital e irreemplazable, pero así mismo estaba la espina siempre presente de que cada vez que estaba con ella, esa atmósfera opresiva que no podía evitar que se creara acababa por lastimarla; sin contar con el hecho de que un día acabaría por anunciar su matrimonio y yo no estaba seguro de poder enfrentarme a eso sin padecer una recaída en el vicio.

A medida que más lo pensaba más parecían las razones que me empujaban a aceptar la oferta de Saint-Tropez.
Así fue que con la determinación voluble como estaba, escribí un mensaje grupal invitando a mis amigos y compañeros de andadas a la despedida que llevaría a cabo mañana.


Si mañana por la tarde y hasta la noche estás libre, me gustaría que vinieras a casa.
Daré una pequeña reunión. Tengo un anuncio importante que hacer.
Espero poder contar contigo, sino ya nos veremos en los próximos días.


Saludos.
Leandro.

El mensaje fue concreto, a aquellos que no pudieran asistir les vería luego para contarles de mi decisión, pero lo cierto es que aunque la mitad de mí aún dudara de lo acertado de esta determinación, la misma estaba tomada y no había nada que me fuera hacer retroceder al respecto.
 
-----Viernes-----

Ya todo está listo para el pequeño festejo, la verdad no tengo interés en que se sienta como una despedida, por lo que he dispuesto varios juegos y dinámicas en el patio. Agradezco el buen clima que me permite disponer la parrilla para hacer una barbacoa… bueno, para que mis colegas la hicieran, ya que yo probablemente acabaría chamuscando la carne y a mí mismo en el proceso.

Al poco tiempo comienzan a llegar los invitados, que al final no serían mucho más de quince, pero que caían siempre con algún acompañante adicional.

Quizás Odette viniera con Dante, tendría sentido que así fuera, así que debía estar mentalmente listo para ello… No sabía cómo iba a funcionar pero debería apagar mi interruptor de hostilidad y forzarme a ser agradable aunque le tuviera un rechazo inconmensurable al tipo a pesar de ni conocerlo.  Sí, definitivamente era un imbécil sin el menor derecho a esa clase de celos, sin embargo no era como si mi cabeza quisiera razonar ante la evidencia de mi ridiculez; sencillamente se había empecinado en odiarle y ya.

Estoy sirviendo algunas bebidas cuando vuelvo a escuchar el timbre y me apuro a atender; al abrir la puerta me encuentro con mi hermana sola expectante por entrar, sin embargo ante el impacto que me provoca verla allí, por primera vez en este hogar, no consigo reaccionar y hacerla pasar de inmediato.


-V---viniste sola… -Alcanzo a murmurar con la voz trémula, rogando internamente que el hechizo no se rompiera y de pronto apareciera Dante a su espalda preguntando si podían pasar.






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Re: Decirte Adiós [Priv.]

Mensaje por Odette Chrysomallis el Dom Jul 03, 2016 5:30 am

En cuantro recibí aquel mensaje a mi celular, por parte de mi hermano, y lo leí, supe que nada bueno se avecinaba. Un nudo se me formó en la boca del estómago y mis manos comenzaron a temblar, con el latido de mi corazón acelerado. ¿Por qué? ¿Por qué de esta sensación de desasosiego? ¿Por qué aquel presentimiento de que esto tenía un significado oculto que no era capaz de descubrir, que no se me quería transmitir de forma directa y concreta? Y para cuando quise darme cuenta, las lágrimas ya rodaban por mis mejillas sin siquiera comprender el motivo de estas. Había vivido ya demasiadas experiencias parecidas a esta como para saber qué me esperaba a continuación, o al menos mi parte inconsciente. La racional no encontraba explicación lógica posible... pero eso era lo malo de ser un espiritual, tener la capacidad de percibir las emociones ajenas, de presentir incluso las situaciones y atmósferas más complejas, sobre todo si se tenía relación con una persona tan cercana como lo era mi hermano para mí, con un vínculo tan indestructible y duradero como el nuestro... ¿Qué tan verdadero era aquello? ¿Realmente aún podía creer en esa mentira de que estaríamos juntos para siempre, sin importar nada? Por supuesto que no, ya no era aquella niña mediocre que lloró por la ausencia de su héroe, ni la que esperó por su regreso con ansiedad, creyendo que, una vez que el mayor volviera, todo volvería a ser justo como en los viejos tiempos. Nunca fue así, volvía sólo para dejar en claro, una vez más, que nunca habría una unión para siempre entre nosotros. Y fue así como tuve que aprender a ya no necesitarlo en mi vida.
Ahora, tras lo sucedido aquel día en el bosque había empezado a creer que... Negué con violencia, reprobando mi propia conducta inapropiada. ¿Por qué me dejaba debatir por un sentimiento sin fundamento? No tenía ni una sola base sólida para pensar que las palabras de Lyssandro tendrían otra razón de ser. Lo más probable era que quisiera comunicar alguna novedad, y yo actuando como una niña... Aun así aquella espina de incertidumbre no me abandonó. No pude cenar ni tampoco dormir, por más que me obligué a hacerlo.
Por la mañana había decidido invitar a Dante porque.. ¿Por qué? No lo sabía... Quizá porque era mi prometido y debía tomarle en cuenta, sobre todo si se trataban de asuntos 'familiares' como aquel. O porque no quería estar sola, fuera aquello lo que tuviera que pasar. Era con el italiano con el que había aprendido de nuevo a confiar, en creer que quizá tener a alguien allí con el cual apoyarte cuando lo requieras no era tan... malo. Sin darme cuenta de ello, le estaba otorgando un voto de confianza que no le había dado a nadie desde que Lyssandro había sido mi mundo, y no estaba segura que mi prometido estuviera incluso dispuesto a querer recibir algo como eso. Sin embargo, sus palabras aquella velada en la playa... quería aferrarme a ellas. La cuestión era... ¿podía hacerlo?
Desechando esa clase de pensamientos, decidí mantener en alto mis planes: iría, acompañada por Dante, a la casa de mi hermano y aguardaría paciente a recibir la noticia que tuviera que darnos a todos aquellos a los que seguro había invitado. Después de ello, vería qué hacer... mientras tanto no valía la pena desquiciarme prematuramente y en vano. No era yo tan voluble.
Sin embargo me fue imposible no tener la mente dispersa durante todo el trayecto a la casa de mi hermano, con mi vista sumergida en el panorama exterior que íbamos dejando con rapidez y permitiendo que un pesado silencio reinara en el interior del auto. Quizá mi acompañante estaba haciendo intentos por sacarme plática, por mantener alguna conversación... de ser así, ni siquiera me percaté de ello, tan inmersa estaba en mis pensamientos.
Cuando al fin llegamos, descubrimos que todos los cajones de estacionamiento frente a la vivienda estaban ya ocupados, por lo que tomamos la solución de yo bajarme allí y adelantarme mientras Dante se daba a la tarea de buscar dónde aparcar su automóvil. Me quedé por unos momentos de pie, después de que el vehículo con mi prometido se alejara y mirando la fechada como si esta me estuviera amenazando con devorarme a la menor oportunidad. Cerré los ojos, respiré profundo y conté hasta tres. Cuando volví a abrirlos, mi expresión mostraba la determinación que necesitaba para librar los escasos metros que me separaban de la puerta y llamar. Y eso hice, provocando que los tacones de mis zapatillas replicaran en el asfalto y sujetando mi bolso con firmeza. Esperé a que alguien atendiera a mi llamado y no pasó mucho tiempo antes de que el semblante de mi hermano se dejara ver en el umbral. Al mirarle supe que mis sospechas del día anterior y que hasta ahora me habían mantenido intranquila, no estaban mal infundadas. Un doloroso nudo se me formó en la garganta y por un segundo me creí incapaz de no saber mantener la compostura. Esa mirada... sí, ya la había visto con anterioridad, ya la sabía reconocer. Sujeté mi bolso con mayor fuerza para que el ligero temblor en mis manos no fuera evidente y cerré los ojos de nuevo, buscando por todos los medios posibles detener el acelerado latir de mi corazón, de encontrar de nuevo el modo de poder respirar. Y a pesar de que por dentro estaba hecha un lío, sabía con certeza que mi exterior seguía siendo tan imperturbable como siempre. Tan sereno y diplomático como yo había querido que fuera, para poder hacerme notar y sobrevivir en el mundo de los negocios.
-No, no vine sola, Dante está buscando dónde estacionarse mientras que yo me adelantaba -respondí al fin, volviendo a abrir los ojos para encararle con naturalidad. Le sonreí antes de mirar por encima del hombro-, creo que es aquel que viene por la esquina. Aún no se conocen, ¿cierto? Tú no estuviste presente en la cena en la que se anunció nuestro compromiso. Será una buena ocasión para presentarles...
¿Por qué me empeñaba en mantener un diálogo tan frívolo cuando en realidad quería preguntarle el porqué de todo aquello? Encararle y hacerle decirme la razón por la cual siempre me ocultaba las cosas, sus motivos para hacerme a un lado y olvidarse del que alguna vez fue el vínculo más importante para mí. ¿De verdad ya no existía nada de aquello? ¿Ya no había oportunidad de restaurar nuestra fracturada relación? Él se negaba a confiar en mí, y yo en cambio fingía que no me enteraba de eso. Mejor dúo no podíamos hacer...
Mientras estábamos en eso, finalmente mi acompañante nos dio alcance y me hice a un lado para que también él pudiera ser visible desde la ubicación actual de Leandro. Busqué inconscientemente la mano de mi prometido y la sujeté con firmeza, pudiendo ser notorio para el mayor lo fría de esta.
-En vista de que no se conocen, tendré el honor de hacer las debidas presentaciones. Dante, él es el famoso Lyssandro Chrysomallis... mi querido hermano y el dolor de cabeza de la familia -reí con suavidad-, Adelphos, él es Dante Zuegg... mi prometido y el hombre al que le robé la cama. ¿Sabías que le encantan las motocicletas y la velocidad, como a mí?
¿Por qué sonreía? ¿Por qué me empeñaba en ignorar aquella atmósfera tensa? ¡¿Por qué?!
Por qué no podía dejar de mentir...


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Re: Decirte Adiós [Priv.]

Mensaje por Lyssandro Chrysomallis el Sáb Ago 06, 2016 6:08 am

Dentro de mi mente escuché una especie de crujido, el anuncio de que algo se había roto y no era capaz de reaccionar ante ello, ante aquel anuncio ¿Por qué me afectaba? Si había pasado toda la noche preparándome mentalmente para ello… si había pasado toda la vida convenciéndome de ello; de que ella, inalcanzable para mí, un día se mostraría al lado de un hombre que pudiera reclamarla como mujer…

Sin embargo ninguna de aquellas pasadas experiencias tenían validez alguna ahora, no importaba cuan fuertemente me hubiera intentado abofetear con la realidad, igualmente esta me estalló en las fauces y me arrojó al suelo cuando ella me anunció que él había venido a acompañarla.

Algo me quemó en la boca del estómago cuando aquel blondo asomó su físico por detrás de mi hermana; me sentí como nueve variedades de imbécil cuando el primer pensamiento que acudió a mi mente fue algo como que era un alivio que él no fuera más alto que yo… ¿Quizás más guapo? No era muy bueno apreciando la belleza masculina así que no podía emitir una valoración correcta, probablemente, sin embargo tenía un estilo tan ‘Particular’ que lo hacía ver como un idol más que a Odette; de hecho, si lo miraba bien podía parecer algo afeminado… entre medio de la calamidad ese pensamiento me generó un poco de gracia.

Las presentaciones no tardaron en llegar pero antes de que ella siguiera hablando me percaté de su gesto al aferrarse a la mano del susodicho provocando que mi mirada descendiera directamente hacia aquellas manos entrelazadas y de pronto me sintiera abrumado por una sensación de profunda oscuridad que convergía con una absoluta desolación ante lo que suponía ese gesto; Odette jamás se aferraría así a alguien a menos que confiara en tal persona lo suficiente como para sentirse segura con ese gesto… Estaba seguro de que en mi mirada estaba siendo demasiado evidente el deseo de cortarle la mano al prometido, sin embargo me obligué a mí mismo a fingir diplomacia, aunque mi tono fue casi tajante cuando conseguí hablar.


-Puedo decir mi nombre por mí mismo, Hermana.-Murmuré y falsee una sonrisa hacia la actual pareja de mi hermana mientras me hacía un poco a un lado para permitirles pasar.- Gracias por venir… Es un placer recibirlos… -Agregué mientras aguardaba a que ingresaran y luego cerraba la puerta tras ellos, respirando hondo para permitirme enfocarme y lidiar con aquella situación con madurez.

Pasó un rato mientras recibía al resto de los invitados, lanzando miradas furtivas sobre la pareja, por momentos quería acercarme e intentar hacerlos sentir cómodos pero mis pies parecían anclarse al suelo como si hubiera cemento en ellos; aún si era el anfitrión tenía la suerte de que Daphne y Kostas habían tomado las riendas del asunto por mí y se encontraban atendiendo al resto de invitados.

Si bien durante mi educación básica y el instituto no había tenido suerte haciendo amigos una vez que me instalé en Austria había conocido a estos dos personajes en mi residencia y por ser los únicos tres griegos de todo el Conservatorio nos habíamos hecho cercanos pronto; de hecho Daphne había sido mi última novia y quien me había ayudado a recomponerme de un romance fallido con una mujer mayor.

De hecho, a pesar de la sensación incómoda que me generaba la presencia de Dante allí, agradecía la presencia de aquellas personas que de un día para el otro se habían movilizado desde Grecia para hacer acto de presencia aquí… aunque no engañaban a nadie y en realidad en gran medida estaban aquí por curiosidad; aún así me sentía más seguro para reafirmarme en mi decisión desde lo que había presenciado en la puerta.

A pesar de que llevaba varias semanas sin probar ni una gota de alcohol, por un momento sentí que necesitaba una cerveza bien fría para despejarme  y acabé cediendo al impulso; a una cerveza le sucedió otra, luego algún que otro trago y pronto mi humor se había disparado y estaba mucho más animado… ¿Adormecido? Quizás… pero siempre y cuando pudiera quitarme de encima aquella sensación horrenda, el precio estaba bien pagado; además aún era plenamente consciente de todo y estaba siendo coherente, solo había recuperado el ánimo, uno que, de hecho, ni siquiera debía haber perdido…

Después de que todos bebiéramos un poco fue el turno de Daphne de arrastrarme al patio con una excusa barata, pero no estaba yo a por la labor de negarme, por lo que accedí y finalmente fui colocado encima de un asiento suspendido sobre un tanque de agua; un juego muy común en las ferias que consistía en acertar un pelotazo a una diana que automáticamente acciona un dispositivo que hace caer el soporte que mantiene a la víctima en equilibrio … El asunto era que cuando había dispuesto este juego, nunca había sido mi intención ser YO el colocado en semejante sitio, pero allí estaba y pronto todos se estaba tunando con un balón de fútbol americano para intentar acertar a la diana a unos cinco metros de distancia, afortunadamente todos ellos eran un asco con su puntería y yo mientras tanto me reía y burlaba de todos y cada uno de ellos hasta que Kostas se acercó a Odette para darle el balón y enseguida palidecí volviendo a ser consciente de que ella estaba allí siendo testigo de todo, por lo que no podía permitirme ser un bufón.



-Hermanita… No quisiera que salieras humillada delante de tu novio… Mejor dale ese balón a alguien que pueda conmigo en mi peor día… -Quizás sí la estaba provocando e instándola a desatar esa faceta suya que podía aterrorizar a cualquiera pero no me importaba en lo más mínimo… Después de todo, esa era la única manera en que podía acercarme a ella en una situación así.-






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Re: Decirte Adiós [Priv.]

Mensaje por Odette Chrysomallis el Mar Ago 09, 2016 9:53 pm

¿Qué hacía allí? No me sentía cómoda bajo ningún ángulo y lo único que podía hacer, una vez que Dante y yo nos adentramos en aquel departamento que visitaba por vez primera, era contemplar a todos los invitados convivir entre sí y soltar sonoras carcajadas de vez en cuando; observar a Lyssandro ir de aquí para allá siendo el perfecto anfitrión de la velada hasta que, en determinado momento, desapareció de mi vista por varios minutos. ¿Por qué ni una sola vez había hecho ni el menor intento por acercarse a donde Dante y yo aguardábamos? No, no podía sentirme cómoda con nada de esto. Y era notorio debido a la forma en la que, poco a poco, aferraba más y más la correa de mi caro bolso. Sólo tenía un fuerte impulso rondándome por la mente: salir de allí y regresar a la seguridad de mi casa, un impulso que tenía que acallar constantemente para mantenerlo oculto y así sostener mi fachada diplomática y serena. ¿Desde cuándo había tenido que recurrir a un truco tan barato para poder estar en compañía de mi adorado hermano? ¿Desde cuándo nuestra relación se había fracturado hasta este preciso punto? Lo sabía, mas no quería pensarlo.
Transcurrieron las horas como si de un evento obligatorio se tratase, sonriendo y conviviendo con todo aquel que se acercaba a conocerme ya fuera porque me reconocían por mi trabajo de modelo o sencillamente porque tenían curiosidad de saber cómo era la 'hermana pequeña de Leandro'. A cada uno de ellos los traté con amabilidad y cortesía; a cada uno de ellos les infringí aquella barrera de diplomacia que me caracterizaba en los negocios. No podía ser yo misma, no en ese ambiente tan pesado y que no hacía más que recordarme constantemente que el término del día no auguraba nada bueno.
Quería irme de allí, ya.
Para cuando volví a ser capaz de descubrir el paradero del rubio, este se mostraba mucho más radiante y motivado que en un inicio y no fue para mí difícil sospechar que seguramente había estado bebiendo, situación que me hizo fruncir el ceño con disgusto. Si fueran otras las circunstancias, seguro me estaría divirtiendo de forma genuina... No así, ni yo podía ser tan buena actriz. Terminé por tomar la resolución de irme de allí, y tras consultarlo con Dante en un breve intercambio de palabras, me encaminé hacia el patio, por donde había visto que se habían llevado a mi hermano mayor. Al parecer mi prometido también había sido capaz de percibir la incomodidad en el ambiente, y la mía propia, así que no tuve que convencerle para que accediera. Sin preocuparme siquiera en si me seguía o no, llegué al patio descubriendo con desconcierto la clase de artefactos que allí estaban instalados, como si de una feria se tratara. Por un momento no pude hilar la información y ni siquiera me interesó hacerlo, sino que con la mirada busqué a Lyssandro para despedirme como la buena cortesía dictaba, que si no fuera porque mi imagen estaba en juego, lo más probable hubiera sido que me fuera de allí sin darle explicación a nadie de los presentes, mucho menos a aquel que compartía lazos sanguíneos conmigo y nada más.
Dolía, pero era una realidad  que no se podía negar por más tiempo, y lo cierto era que a estas alturas del camino... yo ya no podía confiar en Lyssandro. Ya no podía verlo como aquel adorado hermano de antaño.
Lo sucedido en el bosque no sería más que un lindo sueño del que tuve que despertar, un sueño que terminó siendo la mayor de las falacias. Y yo ya no podía, ni quería, albergar más inútiles esperanzas.
Enarqué una ceja con incredulidad al ver que Lyssandro se encontraba encima de uno de aquellos juegos, cucando y burlándose de aquellos que osaban en tratar de tirarle al agua. No supe cómo terminé en primera fila, contemplando el espectáculo como si se tratara de un ente ajeno a todo lo que estaba ocurriendo, y no miembro de aquella reunión sin sentido. ¿A qué hora hablaría Leandro? ¿A qué hora se atrevería a encararme y mirarme a los ojos? Una mezcla de sensaciones me abrumaba en aquellos momentos, y no era capaz de decir cuál de todas era el que sobresalía: si la aprehensión de saber que algo estaba mal y se me ocultaba, la rabia de que el mayor no fuera capaz de decirme las cosas de forma directa, o el dolor de saberme cada vez más distante de él... Y mientras el griego se encontraba allí, riendo y disfrutando del convivio con todos sus invitados como si estuviera en su elemento, yo estaba aquí, apartada del resto y sintiéndome ajena en aquel ambiente, totalmente fuera de lugar. ¿Realmente eramos tan diferentes? ¿De verdad sólo la incompatibilidad y la falta de confianza podría haber entre ambos? Y mientras me percataba de estos crueles hechos, la acidez en la boca del estómago se hacía más evidente en mí. No podía fraquear... no ahora, no allí.
Salida de mis cavilaciones de forma abrupta, me percaté que uno de los amigos de mi hermano me había depositado un balón en las manos. Miré de este, al hombre frente a mí y a Lyssandro de manera aleatoria, como tratando de hacer que mi cerebro asimilara la información. Después comprendí que lo que se me pedía era que intentara tumbarle. Estuve a punto de negarme, aprovechando el momento de atención sobre mí para llevar a cabo mis planes originales, pero la estúpida boca de mi hermano no dejó de soltar tontería tras tontería. Basta de todo aquello, basta de actuaciones, todo terminaría aquí y ahora. Sentí cómo la furia era la que salía ganadora de tan contradictorias emociones y arrasaba con todo lo que quedaba de mi cordura. La seca y gélida mirada que le dediqué hubiese bastado para mandar a callar incluso a nuestro progenitor, pero no a un Lyssandro ebrio, así que terminé por devolverle el balón a su amigo y sin pensar en las consecuencias ni medio segundo, me encaminé de forma directa y sin escalas hacia aquel botón que accionaba el mecanismo. Tres segundos de silenciosa espera entre los presentes... y tras eso un puñetazo lanzado con todas mis fuerzas terminó por colisionar contra la superficie rojiza de metal. El dolor en la piel de mis nudillos desgarrándose por el duro golpe pasó desapercibido por la adrenalina y rabia del momento, y sintiéndome liberada aunque fuese un poco, finalmente me atreví a girar mi rostro hacia el estanque, allí donde la rubia cabellera del chico terminaba por romper la superficie del agua y aparacer para jalar aire. Le contemplé con seriedad, con una fría ira contenida.
-Espero que esto empeore aún más tu día, sólo así podrás compensar un poco el que hayas hecho del mío el más miserable de todos... otra vez.
Sin esperar a una respuesta, sin detenerme siquiera a averiguar si el otro había sido capaz de escuchar mis palabras en medio del furor que sus amigos provocaban con sus gritos y vítores de burla hacia él, me di la media vuelta y me encaminé hacia donde Dante esperaba a por mí, pudiendo leer en su mirada un claro '¿qué fue lo que te pasó allí?'.
Que no me lo preguntara, ni yo lo sabía.
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Re: Decirte Adiós [Priv.]

Mensaje por Lyssandro Chrysomallis el Sáb Ago 13, 2016 7:29 am

Quería romper un poco con aquel clima de tensión, esta sería una de las últimas veces que viera a Odette y ni siquiera era remotamente parecida a lo que había esperado… Pero ¿Cómo iba a serlo si había traído consigo a aquel tipo que no pintaba nada en mi vida? Ella había sido la primera en poner una distancia conmigo y yo… Yo tenía que aceptarlo. Respirar profundo, contar mentalmente hasta diez y hacer tripas-corazón para no mandarlos al demonio…

 Al final había acabado por comprender que no tenía derecho a estar furioso ni triste y mi deseo de que el día de mi despedida no fuera recordado con tristeza, para nadie más que para mí, había acabado por ganarle terreno a todas las emociones negativas. 

De manera que así había acabado… retando a mi hermana para compartir aunque sea un momento de diversión para los dos en medio de aquella vorágine de gente… Pero lejos de eso estuvo el panorama que debí enfrentar a continuación… 

Como si de una secuencia en cámara lenta se tratara, contemplé las siguientes acciones ininteligibles de  mi hermana. Cuando rechazó el balón estuve bien seguro de que estaba rehusándose a caer en mis provocaciones… 

Fatal error mío. 

Al parecer no solo la provoqué, sino que desaté una tormenta de ira implacable que avasalló el clima festivo del día… Por unos segundos todo fue tensión mientras ella se acercó hacia la diana para impactarla con tal fuerza que esta se hundió y accionó súbitamente el mecanismo que me mantenía en equilibrio, haciéndome caer hacia el agua con violencia. 

Solo un segundo permanecí allí abajo, agitado por la falta de aire ante el sorpresivo impacto. 
Cuando volví a asomar hacia la superficie, todo eran risas hacia mí y festejos hacia ella, pero lejos de concentrarme en eso, solo pude ser consciente de la gélida rabia que transmitía su mirada y la áspera cadencia de su voz. 

Aquellas palabras calaron en mí tan profundamente que cualquier rastro de ebriedad que no me hubiera quitado el chapuzón me lo quitó aquel frío monólogo. 

Estuve a punto de indagar e intentar comprender lo que estaba sucediendo… pero de nuevo Dante me ganó terreno, de nuevo ella me dejó allí sin respuestas y cargando con el opresivo desasociego mientras buscaba su  refugio en él… Entonces tuve la súbita comprensión de que, efectivamente, él era el elegido, él era la persona que la acompañaría y protegería en cuanto yo dejara este lugar ¿Por qué me extrañaba? Si sabía desde el día 1 que esto era así… que él sería su esposo llegado el momento… Que solo podía ser un mero espectador de la felicidad que ella construiría de ahora en adelante. Solo quedaba avanzar. Fingir diplomacia y forzar una máscara de aparente altruismo aún cuando era la persona más egoísta en el planeta… Nunca podría ser el hombre que la mereciera… ni siquiera el hermano que merecía… Lo mejor que podía hacer por ella era desaparecer de su vida, lo suficiente como para no estancarla… pero no lo suficiente como para que se atreviera a pensar que no me interesaba. 

Antes de que terminara de salir del estanque de agua, ya estaban anunciando que la comida estaba lista, hacía suficiente calor como para que me molestara quedarme mojado, de manera que ni siquiera me preocupé por ir a cambiar mi ropa; luego tendría tiempo para eso. 
Sentarnos a comer fue un poco caótico, todos estaban en sus propias cosas y al mismo tiempo intentando ser parte de las de los demás… y mi atención solo fija en Odette, en aquella distancia que nos mantenía en opuestos planos de la realidad. 

Estaba tan consciente de ella que el mundo a mi alrededor se me había olvidado; incluso Dante… por lo que me sentí seriamente sorprendido cuando él se levantó a las corridas cubriendo su boca con ambas manos y encaminándose al baño.

Desde luego que no debía ser un genio para saber lo que le había ocurrido, pese a mi aislamiento era consciente de que la mayoría de los invitados estaba bebiendo en exceso, y al parecer mi “cuñado” no era la excepción… de hecho me sentí infantilmente entretenido con la idea de que fuera blandengue con el alcohol. 

Aún así el almuerzo siguió su curso y yo expectante de cómo Odette fuera a reaccionar ¿Se preocuparía lo suficiente como para correr a ayudarlo? ¿Se enojaría lo suficiente por considerarlo un irresponsable?

¿Qué vas a hacer? No soy capaz de descifrarte… 


Todos habían acabado ya con sus hamburguesas y apenas tuvimos tiempo de respirar cuando ya Daphne y Kostas comenzaban con una nueva dinámica disparatada. 

Pronto los dos se habían subido a una tarima dispuesta, en el patio, a modo de escenario y comenzaron a anunciar que el siguiente juego del día era la “subasta de besos”, un juego que consistía básicamente en que todos los presentes podían ser “ofertados” para ser besados por el que pusiera el precio más alto a sus labios; desde luego que solo se podía participar con el efectivo que se tuviera encima, de manera que a veces la competencia podía ponerse sanguinaria… 

Aunque nunca imaginé que tan involucrado acabaría con el asunto, siendo que solo quería  rehuirle a un juego tan tonto…






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Re: Decirte Adiós [Priv.]

Mensaje por Odette Chrysomallis el Jue Ago 18, 2016 8:08 pm

Bien, llegados a ese punto en el que toda mi ira se había desatado en aquel puñetazo al metálico artefacto, y quedando como único recordatorio dolorosas punzadas en la rojiza piel de mis nudillos, segura también de que aquello dejaría violáceas marcas por varios días, ya no sabía qué haría a continuación. Desahogada, había perdido mi motor que me impulsiva a actuar y ahora sólo me dejaba arrastrar por el resto de emociones opacadas en su momento por la rabia contenida hacia mi hermano. El dolor de saber que aquello era una despedida, aun si el ambiente festivo lo disfrazara. ¿No era yo acaso un ser espiritual? ¿No se trataba de mi propio hermano? Cierto era que desde que él había dejado en claro que yo no tenía cabida en sus objetivos, cuando sólo eramos críos y así tomó la decisión de estudiar lejos de casa, yo no tenía ya la facultad de descrifrarlo del todo. Me costaba mucho, y a la vez me dolía saber que las cosas estaban así con una persona que fue sumamente importante en mi vida. Cuando, tras perdido su rastro por varios años, decidió instalarse en Idarion, aquí donde yo también me encontraba, me había sentido dichosa de haber recuperado a mi hermano... Qué estúpida ingenua, como si no hubiera ya sufrido con antaño el 'modus operandi' del griego. Siempre me hacía lo mismo, regresaba para volverse a largar, como si le regodeara la noticia de que con eso a mí me hacía miserable. Pues bien, ya no le daría el gusto, no de nuevo. Si estaba dispuesto a irse, bien por mí, que así fuera.
¿Por qué llegaba a esa fatídica conclusión sin saber de antemano qué era aquella 'noticia' que Lyssandro deseaba darnos a los presentes? ¿Para qué otra cosa pudiera armar esta tan elaborada falacia de un convivio sano? Quise sacarme de la mente estos pensamientos, quise aferrarme a que sólo exageraba las cosas, a reprenderme por tal infantil actuación mía ante unos hechos que eran inciertos hasta el momento. ¿Y si me equivocaba y nada de aquello tenía que ver con lo que sospechaba? Debería sentirme mal por él, y avergonzada por todo lo que le estaba haciendo pasar a mi hermano... Pero no, no podía. Mis instintos espirituales eran fuertes, sobre todo cuando se trataba de aquellos tan cercanos a mí... o 'supuestamente cercanos'. No podía estar equivocada, aun si deseaba en verdad estarlo; ¿pero para qué engañarme? ¿Sólo para sufrir una decepción más? Era mejor no esperar nada de nadie... así, al menos, el sufrimiento no sería tan notorio...
Ahora que había perdido la compostura de aquella forma y aunque los presentes, salvo Lyssandro y Dante, habían pasado por desapercibidos que mis motivos distaban de seguir la juerga del momento, no podía marcharme para levantar sospechas. No sólo por mi propia reputación, sino por la de mi hermano. Si me iba ahora, eso arruinaría aún más el ambiente festivo y le traería consecuencias al mayor por ello. Era su momento, y no era tan ingrata como para dejarle a la deriva a pesar de yo no contar con ni una pizca de misericordia ajena. Ya bastante había hecho perdiendo los estribos de ese modo, ahora tenía que morderme la lengua y soportar el resto de la velada aunque con cada segundo que pasaba, yo perdía la vida en el intento.
De ello le siguió la comida, pero no pude probar bocado alguno dando la errónea idea de que llevaba una dieta estricta como modelo y por eso no comía. No, nada más alejado de la realidad, cierto era que cuidaba mi figura como me lo mandaba mi representante, pero no al grado de privarme de comer hamburguesas o cuanta comida rápida se me presentara en el camino... Era porque de verdad me sentía tan enferma con todo aquello, que dudaba que el nudo formado en mi garganta me permitiera tragar cosa alguna. Pero por mí mejor que se creyeran lo otro, así no tendría que dar explicación alguna a terceros... Sólo a Dante, quien ya conocía mis costumbres alimenticias y mi actitud le extrañaría, pero por alguna razón el italiano estaba más entretenido en empinarse cerveza tras cerveza... así que tampoco debía preocuparme por ello. Más bien era yo la asombrada por la actitud ajena... ¿Estaría bien? Nunca le había visto actuar de aquella forma ni perder la compostura, pero con lo que acababa de hacer hacía poco tampoco tenía cara para decirle algo, así que sólo le dejé ser. Total, ¿qué tan más catastrófica podría ser aquella velada?
En todo aquel rato pasé por alto la presencia de Lyssandro, ni siquiera me atreví a mirarle de reojo. Era lo mejor para ambos, si es que deseaba salir ilesa de aquel convivio sin abandonar mis planes de continuar hasta el final. Que él se divirtiera con sus amigos, que por algo los había citado... yo me encargaría de mi prometido y mis propios asuntos.
En cuanto Dante se apresuró a llegar al baño yo le seguí los pasos, en verdad preocupada por el bienestar de mi prometido, y le hice compañía en el interior de la casa hasta que logró sentirse mejor, al menos lo suficiente para poder ponerse en pie y continuar. Aquello me brindaba una excusa perfecta para retirarnos temprano, y no la pensaba desaprovechar. Lo sentía por el anfitrión, pero como él tenía cosas que atender, ahora mi obligación era procurar la salud de aquel que se convertiría en mi marido. De nuevo resuelta a despedirme como la buena cortesía mandaba, salí otra vez al patio para hacer el anuncio oficial... pero como si de un lugar maldito se tratase, una vez más se me impidió el hacerlo. ¿Acaso las moiras se estaban burlando en mi propia cara? Aquello no podía ser cierto....
En cuanto mi pie pisó el exterior, una veintena de pares de ojos se enfocaron en mí y yo devolví la mirada con incredulidad, sin saber siquiera qué estaba pasando allí... Y en un abrir y cerrar de ojos, los hombres ya proclamaban mi nombre con el entusiasmo suficiente para provocar desagradables escalosfríos en mí, como si mi cuerpo presintiera de antemano lo que estaban pensando. Sin saber qué demonios estaba sucediendo allí, y el porqué me arrastraban hacia aquella improvisada tarima, me vi encima de esta por más resistencia que puse para evitarlo. Dante se había quedado rezagado y cuestionaba a un invitado que tenía junto a sí con respecto a qué pasaba, pero el doloroso nudo que se formó en la boca de mi estómago no me vaticinaba nada bueno.
Y allí estaba la respuesta, caída como una pesada loza sobre mi cabeza y trayendo como consecuencia que mi mente quedara en blanco por varios segundos: una subasta de besos... y ahora querían subastarme a mí. Aquello no podía ser verdad.
-Yo... No, están cometiendo un error, yo no... No, les digo que yo no puedo... ¡Por el amor a Zeus, esperen un momento y escúchenme! ¡No quiero hacerlo! -terminé por exclamar lo último en griego ante mi desesperación por hacerme entender... Pero por obviedad no entendían mi idioma natal, y aunque así fuera ni siquiera me estaban prestando atención así que el resultado era el mismo.
Contemplé como ajena al grupo excitado de hombres, lanzando ofertas tras ofertas cada vez más elevadas con tal de adquirirme, ¿quién tenía todos los días la oportunidad de besar a una modelo? Y yo me sentía desfallecer, sintiendo arcadas ante la repugnancia de que alguno de los allí presente pudiera osarse siquiera en tocarme. Mi mente daba vueltas y si no fuera porque la amiga de Lyssandro, quien se encargaba del estúpido evento, me sujetaba con fuerza del brazo mientras se encargaba de monitorear las ofertas, yo ya hubiera bajado y huido de allí. Estaba aterrorizada, por completo fuera de sí, y la palidez en mi rostro junto con el pánico mostrado en la expresión de mis ojos almendrados no podían desmentirme.
Busqué con urgencia entre el público a aquella persona que necesitaba que me salvara, esa que sabía que podía hacer que aquel miedo en mí se mitigara. Y fue así como mi mirada terminó por encontrarse con la de mi hermano. Sentí las lágrimas agolparse en la comisura de mis ojos, entre las pestañas.
Ayúdame, te lo ruego...
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Re: Decirte Adiós [Priv.]

Mensaje por Lyssandro Chrysomallis el Jue Oct 06, 2016 7:59 am

Desde que ella se había marchado tras Dante supe que la respuesta había sido fuerte y clara. Quizás habría preferido por cualquier medio no enterarme de ello, no ser consciente de cuan profundo podía llegar a ser su interés hacia él ¿Acaso era estúpido? Por supuesto que le interesaba; al fin y al cabo convivían juntos, llevaban una vida de pareja preparándose para el futuro… un futuro juntos donde forjarían su propio hogar y su propia familia… 

Ante el mero pensamiento de eso, la bilis se me subió hasta la laringe y se me atoró en la garganta… ¿Qué podía hacer? ¿Dónde podía clavar mis ojos para evadir aquella realidad detestable? ¿Dónde podía ocultarme de la horrible sombra de mi egoísmo? La respuesta a todo era la misma: Francia. 

Lejos. Donde mis deseos no pudieran herirla… donde mi voz la pudiera alcanzar, pero no estas manos que quemaban por la ansiedad de tocarla… no estos ojos que no resistían desviarse hacia ella… no estos labios que anhelaban más que nada anidar en los suyos  y reclamarlos como propios por el resto de mi vida. 

Al parecer huir siempre sería la respuesta, no importaba con cuanta férrea voluntad lo hubiera intentando, esta máscara pronto se caería y la patética farsa que había orquestado se desmoronaría sobre mí, arrastrándola a ella como parte del elenco satírico de esta función mediocre. Odette era espiritual y tan empática como yo, mis sentimientos la alcanzarían y la herirían tanto como a mí en el proceso… y lo más absurdo era que jamás lograría entender las razones de tanta angustia; acabaría pensando que la odiaba o detestaba el tiempo que pasaba con ella; con esta decisión me aseguraba de que mis acciones quedaran debidamente justificadas en la necesidad de mi progreso profesional.

Resolví que debía aceptarlo… aún si me estaba quemando por dentro, aún si sentía erupcionar mi sangre de rabia y dolor por el conocimiento de la verdad y lo que nos deparaba el futuro. Tarde o temprano las manecillas del reloj acelerarían su curso, el tiempo dejaría de estar estancado para mí y tendría que empezar a correr con su ritmo real… después de todo, el tiempo de Odette había avanzado sin pausa todos estos años y lo seguiría haciendo. 

Mientras todos aquellos pensamientos no hacían más que volver un caos mi juicio, ella pasó los siguientes minutos acompañando a Dante… Cuando ambos regresaron hacia la sala lo supe; no solo el aspecto pálido y debilitado de él me lo gritaba, el andar resuelto y la firme determinación en su rostro me lo confirmaban: La farsa había terminado. Ambos se irían en este momento.
 
Sin embargo, si en el mundo había algo capaz de arrollar incluso, la inamovible voluntad de mi hermana, eso era probablemente la avasallante e imprevisible iniciativa de Daphne; desde luego que esta vez contaba con ayuda y de seguro sin la complicidad apabullante del séquito de hombres que le estaban facilitando el asunto de arrastrar a los subastados a la tarima, le hubiera sido imposible imponerse ante mi hermana de aquella manera en que lo hizo. 

Podría haberme sentido divertido… de hecho si hubiera sido cualquier otra mujer en el mundo; incluyendo a mi propia madre; lo hubiera hecho, sin embargo, tratándose de Odette, aquello me provocaba un nudo, de proporciones astronómicas, en el esófago; en especial desde que había acabado clamando comprensión con tal desesperación que había acabado por referirse a ellos en nuestra lengua materna. 

Seguramente esto era más de lo que yo podía y estaba dispuesto a soportar… ¿Pero quién era yo para intervenir? Si allí estaba su novio rico para asegurarse de actuar como un clásico Príncipe de cuento de hadas y rescatar a la doncella de las fauces de sus atosigadores para luego marcharse dignamente de este escenario de ridícula fantasía. 

La siguiente oleada de ofertas que no duraban ni dos segundos en pie, comenzó a  darme mala espina ¿Qué les pasaba a cada uno de estos cabrones que  no tenían el menor reparo ante el hecho de intentar colarse a mi hermana en mi propia casa y delante de mis narices? ¿Es que ya no había códigos en este mundo? Yo jamás hubiera aspirado a algo semejante con ninguna de sus hermanas, pero al parecer no todos tenían mis mismos principios. 

Como fuera, estaba anclado en aquella postura, como si mis pies se hubieran convertido en cemento y se negaran a moverse en absoluto de allí, como si supieran que como diera un paso acabaría armando un escándalo que no sería capaz de explicar… En un gesto de frustración cerré los puños con fuerza, mientras mis ojos observaban que Dante palidecía más al percatarse de que no tenía nada de efectivo consigo, sino puras tarjetas de crédito. 

Mis ojos regresaron a  Odette, llenos de dudas y cuando los encontré casi pude haber gritado por la frustración de notar en el estado de inseguridad que se encontraba. 

Siempre había sabido la clase de reservas que ella tenía ante las demostraciones de romanticismo…  Siempre había tenido presente el hecho de que ella no besaría ni acariciaría a un hombre con que realmente no se conectara de una manera profundamente especial… y aún así había permitido que la arrastraran hacia esta situación sin poner objeciones… Y ahora era demasiado tarde para hacerlo sin verme como realmente me sentía, sin demostrar la clase de interés prohibido que yo poseía hacia aquella mujer.

Sin pensármelo durante más tiempo salí de aquella estancia; dando probablemente la falsa impresión de que estaba huyendo de mi responsabilidad… huyendo de aquel mudo pedido de auxilio… huyendo de la posibilidad de ver a otro hombre tomando aquellos labios que falsamente sentía como míos.

En realidad sencillamente había tomado la resolución más lógica para el asunto. Yo ganaría esa maldita subasta. Parecería que era por mi orgullo o por mi responsabilidad como hermano mayor, cualquier fachada estaría bien… cualquier excusa estaría bien… Solo necesitaba llegar hasta ella y darle un beso casto en la mejilla y todo habría acabado. 

Sin perder tiempo abrí mi caja fuerte y de allí tomé hasta el último de los ahorros que tenía reservados para Francia, de todos modos viajaría, así que no me preocupaba la clase de precaria vida que tuviera que llevar; si con esto conseguía salvar la integridad de mi hermana, entonces estaría bien pago. 

Abandoné el cuarto con mis manos rebosantes de dinero y enseguida estuve de regreso en aquella perniciosa puesta en escena. Ya no había cemento en los pies ni nudos en la garganta, solo una determinación mucho más sólida que la que había mostrado Odette cuando regresó de auxiliar a su prometido. 

-50.000- Anuncié con la voz firme. Era mi oferta, la oferta final… la que nadie podía igualar ni superar con lo que traían encima; la que me otorgaba la victoria definitiva en este rebuscado entuerto del destino. 

Daphne sonrió con cierto aire de malicia mientras me anunciaba como el ganador definitivo; tenía que subir a reclamar mi premio. Mis piernas se movieron por su propia cuenta y antes de subir a la tarima crucé con Dante, mirándolo de soslayo y susurrándole con un matiz casi compasivo…

-No haré nada cuestionable, solo acabaré con esto rápido así pueden irse a casa.-Recuperé la compostura enseguida mientras andaba hacia Odette con la vista fija en ella y su expresión indescifrable… 

¿Incertidumbre? ¿Alivio? ¿Indignación? ¿Desilusión? ¿Qué estabas sintiendo?¿Qué más podía hacer para que dejaras de sentirlo?


Cuando la tuve frente a mí, todo se volvió silencio… un silencio críptico que me permitió apreciar mi propia respiración acelerada y el pulso disparado de mi corazón haciendo eco hacia el interior de mis oídos.  Recortar los últimos metros hacia ella fue como el eterno trecho final de una maratón cuando ya no te quedan energías para acabarla. 

Al alcanzarla, mis ojos se anclaron en los suyos y la respiración acelerada se detuvo por completo mientras con un brazo le rodeaba la cintura y la atraía contra mí, pude notar su espalda arqueándose, como si el instinto la obligara a buscar una distancia… podía comprenderla pero ya no había marcha atrás y lo mejor era acabar con aquella tensión tan rápido como fuera posible. 

La determinación en mis ojos le dejó claro que no retrocedería y no alcancé a darme cuenta si eso la relajó  o la tensó más, sin embargo pude percibir claramente como sus ojos aún brillaban indescifrablemente mientras mi rostro se reclinaba sobre el suyo. 

Tuve una rápida retrospección del pasado… de aquella mágica noche cuando habíamos cantado para los niños del pueblo, esta vez no había confesiones veladas ni palabras cómplices, solo una incómoda tensión que no desaparecía sino que crecía con cada intercambio que realizábamos. 

Podría haberla besado en la frente y hacerle saber con eso que no había olvidado aquella noche y lo que había significado, que aún quería volver allí y volver a ser quiénes y cómo habíamos sido durante ese día lejos del mundo… sin embargo hubiera sido hasta cruel revivirlo cuando estaba a punto de huir nuevamente, entonces mi rostro descendió un poco más… mis labios, por recortados milímetros, pasaron de largo de los suyos, entonces finalmente la respiración regresó y estalló en su cuello mientras mi boca se posaba en su clavícula expuesta.

Primero fue un roce casto, algo frágil que podría haberse desvanecido con la suave brisa salina del Mar Jónico; sin embargo en cuanto su fragancia me inundó el sentido del olfato, me encontré incapaz de apartar mis labios de aquel  tibio hueco bajo su cuello… De hecho pronto mi juicio se encontró completamente obstruido y mi cuerpo comenzó a actuar por su cuenta.

El brazo con que la rodeaba la apretó contra mí torso, mientras mi cabello caía sobre su cuello y mis labios se entreabrían permitiendo que la punta de mi lengua le rozara la piel sutilmente, arrancándome un suave gemido en el instante en que saboree la nívea tez a mi alcance… entonces, casi siguiendo un instinto primitivo, mis labios ejercieron como ventosas, succionando el escaso aire en torno a ellos de manera de que la piel misma los atorara permitiéndoles succionarla hasta que estos imprimieron una perfecta marca ligeramente morada; solo cuando un ligero quejido suyo me llegó hasta los oídos fui consciente de la clase de brutalidad que había cometido al dejarme llevar de manera tan irresponsable…

Cuando me separé de ella, ni siquiera era capaz de escuchar los vitoreos a mi alrededor… Solo podía mirarla pálido y horrorizado por semejante acto de barbarie y acto seguido echar a correr para huir del nuevo gesto que era incapaz de codificar. 

Incapaz de enfrentarla salí del escenario hacia dentro de la casa, más precisamente hacia mi cuarto, donde me encerré dejándome caer de espaldas contra la puerta y arrastrándome hasta sentarme en el suelo, tiritando y abrazando mis rodillas incrédulo de haber sido capaz de llegar tan lejos cuando todo lo que había querido era absolutamente lo contrario.

-Maldita sea… ¿Qué he hecho? 






Gracias Callimou ♥️:
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Re: Decirte Adiós [Priv.]

Mensaje por Dante Zuegg el Lun Ago 07, 2017 12:26 am

Dante pudo sentir que algo inusual ocurría desde el momento en que Odette le habló de la fiesta que su hermano daría, al principio se limitó a suponer que se debía a la distancia que sabía que existía entre los dos Chrysomallis, no había razón para pensar que algo más grave ocurría. No, no la había, pero entonces… ¿por qué se sentía tan… muerto?

Intentó por todos los medios mantenerse tranquilo, ya antes había entendido que por mucho que se callara, su prometida alcanzaba a percibirlo incluso a él. Claro, no podía ser de otra forma. Pero… afortunadamente esa tarde ella parecía completamente sumergida en sus pensamientos como para percatarse de que alguien más estaba a su lado.

Beber había sido la manera más simple de disfrazar el caos que lo inundaba por dentro y que había comenzado a afectarlo físicamente, porque desde el momento en que Lyssandro los recibió en la puerta, el empresario comenzó a tener todo más claro. No hacían falta miradas de odio ni palabras cortantes, no cuando el desgarre de los otros podía sentirlo quisiera o no. Nunca antes le había pasado, pero llegó un punto en el que las náuseas lo acapararon, como si su cuerpo quisiera librar a cualquier costo al alma de la tortura que resultaba el simple hecho de estar en aquel lugar esperando a que Odette se decidiera afrontar sus sentimientos. ¿Qué era lo que la chica realmente sentía? A esas alturas Dante estaba más confundido que nunca, ni siquiera le encontró sentido a que ella lo acompañara al baño en busca de un poco de paz para su organismo. Por una vez maldijo el haber nacido como espiritual.

Desde luego apoyó por segunda vez la decisión de su prometida de abandonar de una vez por todas aquel sitio tan desastroso, mas nunca imaginó que dejarla ir sola a dictar la sentencia al anfitrión… acabaría… de aquella manera.

Intencionalmente alguien lo retuvo cuando empezó la subasta de besos con Odette como objetivo, la explicación del “juego” la recibió con un desfase que lo dejó en desventaja, y su desesperación se disparó una vez que cayó en cuenta que su billetera no contaba con dinero tangible suficiente para superar esa maldita estupidez de violar los labios de la mujer que amaba. No iba a quedarse de brazos cruzados, decidido se dirigió hacia la tarima quitando del camino a todo aquel que le estorbaba, pero, antes de que pudiera arruinarles el jueguito a los asistentes, el hermano maravilla alzó la voz con una cifra que acabó con la tolerancia del italiano.

¿De qué iba todo eso? ¿Por qué demonios no se sentía aliviado de que fuese ese sujeto el que rescatara a Odette de la asquerosa situación? Con rabia apretó los puños tras escuchar el susurro de Lyssandro que campante se encaminaba hacia la griega. Los labios se mordió hasta sangrar, con la vista clavada en el par de hermanos, repitiéndose una y otra vez que no debía desconfiar de él. No debía, con todas sus fuerzas intentó convencerse de la mentira más grande del mundo. ¿Por qué las cosas habían resultado así?

¿Qué exactamente le estaba cobrando la vida?

Lo que ocurrió a continuación frente a sus ojos, frente a su alma, lo dejó vacío.

El lugar se inundó de voces escandalosas, pero para Zuegg, todo excepto los Chrysomallis pasó desapercibido. Fue hasta que Lyssandro escapó como cobarde del escenario que Dante reaccionó, y por primera vez, un sentimiento oscuro y peligroso clavó bandera en su ser. Se suponía que un espiritual no debería caer en emociones como el odio, pero ya era demasiado tarde.

Nos vamos– declaró en seco para Odette. Había subido a la tarima ignorando a todos lo demás, no permitiría más burlas hacia ella. La mirada posó sobre los orbes contrarios, hasta que recordó el instante en que la mirada de la señorita se encontró con la de Lyssandro y no con la de él. –Perdona el que sea insuficiente. Al menos… te sacaré de aquí. – murmuró al inclinarse para tomar en sus brazos el fino cuerpo de la griega. ¿Algo como eso también le incomodaría? No estaba seguro, lo mejor era abandonar cuanto antes esas paredes y encontrar un sitio donde la cantante pudiese sentirse a salvo. Con o sin él.
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Dante Zuegg


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