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Mensaje por Miléne Von Damme el Dom Ene 10, 2016 12:36 am


"Entre las flores te fuiste. Entre las flores yo me quedé..."

Apoyó con suavidad su mano sobre el frío cristal mientras sus ojos encontraban el descanso en la oscuridad. Sí, se había metido en aquél mundo por un egoísta motivo quizás, el cumplir una promesa hecha año atrás con su hermano, quién, aún no había ido a visitar y lo sabía, tampoco podría ir a visitarlo, ni a él ni a todos los demás miembros de aquella vieja y enterrada banda cuyo vocalista seguramente estaría correteando en aquél preciso instante por los alrededores de aquella enorme casa de reproducción. Sí ¿quién se habría imaginado que el fato quiso que sus bandas trabajaran para la misma agencia? Claramente estaban separados, pero, seguían trabajando en el mismo edificio gran parte del día, muchos días a la semana. Pero, ese no era su preocupación, todo le simplificaba aún más y, sería mentira decir que no sentía cierta melancolía, porque hacía mucho que nada sabía de la única persona que compartía su sangre... ¿Pero como atreverse? ¿Qué dirían si vieran a Miléne Von Damme visitar una cárcel? Sin duda la opción estaba más que descartada. Doblemente descartada. Pero, a diferencia de su hermano habían personas que no podía volver a ver, sin importar lo mucho que lo deseara y quizás por ese mismo motivo el deseo era aún mayor. Sus ojos se abrieron, aquellos hermosos ojos de un peculiar tono violáceo, casi rosado, que relucían con luz propia, curiosos, atentos y, en aquél preciso instante con un deje de tristeza en ellos... Sí, a él no podía verle, nunca más lo haría y solo podía confiar en sus memorias.

Era culpa suya si estaba ahí, si había podido volver a levantarse y avanzar, porque sus palabras sonarían eternamente en sus oídos, porque era así y así seguiría siendo. Pero no, no era ese momento de pensar en eso. Sí, había aprendido que, las personas seguirían en su corazón, aunque era incapaz de verlas físicamente. Sus pasos comenzaron a resonar en aquellos vacíos pasillos mientras su mano perdía el contacto con el cristal y volvía a su lugar: el costado de la cantante. ¿Lo que planeaba? Aquél día no tenía realmente muchos planes, volvería a casa, aunque quizás antes se pararía como siempre a curiosear a un lado y otro, su día laboral ya había terminado y hasta la mañana siguiente estaría libre. Fue por ello que, sabiendo que no debían ser más de las 16 sus pasos se dirigieron hacia el ascensor y, una vez entrada pulsó la planta baja. Algo no cuadraba, algo le seguía sin cuadrar... Ser una cantante, aquella vida tan... Cargada de responsabilidades. Claro... Durante todo un año no se había dedicado más que hacer lo que se le antojara, hablar despreocupadamente de cosas banales, contar historias delante de una hoguera y cuidar flores... Era un cambio brusco y, si tuviera que elegir entre los dos, se decantaría por el primero sin dudarlo... Pero no podía... Al menos no aún... Y quizás, cuando pudiera hacerlo ya sería demasiado tarde y se habría acostumbrado demasiado al brillante mundo de los artistas. Aunque fuera por un brillo artificial. Aun así, nunca olvidaría el auténtico una vez lo había visto. Estaba segura de ello.

Las metálicas puertas se abrieron y dejaron ver ante sus ojos la elegante entrada por la que se filtraba la luz diurna y se reflejaba en el, casi, espejado suelo de la entrada. Pero, cuando dos de sus pasos fueron suficientes para sacarla del ascensor, una conocida figura logró ver sus ojos. Sí... Ese era Andy, aquél chico con quién tanto se había divertido de niña, el 'mejor amigo' de su hermano, o eso se suponía. Pero ahora era diferente, él había cambiado y ella también. Ya no eran niños que pensaban que la vida era solo luz y esperanza. Ya no estaban juntos en el mismo espacio. Ahora, una transparente pared los dividía. Ella sabía quién era él, pero, él no sabía quién ella podía ser y, era mejor así. Esbozando una sutil sonrisa en sus labios se fue acercando silenciosamente a él, al estar dándole la espalda no resultó demasiado complicado y, tras estar lo suficientemente cerca extendió una de sus tibias manos. ¿Estaría esperando a alguien?. Sus dedos rozaron suavemente su brazo al pasar cerca suyo y, con completa calma se posicionó frente a él, a pocos pasos de distancia.—
Buenos días. Andy —Pronunció con su usual tono de voz, suave y gentil. Esbozó una diminuta sonrisa y juntó ambas manos detrás de su espalda, sin moverse de su sitio.—¿Acabaron su trabajo? —Claro... Ella no era Aileen, era Miléne, alguien totalmente diferente a su antiguo yo, ella había renacido de entre las cenizas, tal como un ave fénix.—Estaba pensando ir a una cafetería, vi una de camino aquí esta mañana... ¿Quieres acompañarme? Si los chicos de tú grupo quieren también, son bienvenidos... Quizás sean más sociales que los del mío. —Se mantuvo calmada, como una extensión de agua, totalmente calmada, sin siquiera una onda que turbara su superficie. Así era ella en aquél preciso instante, con una hermosa sonrisa en sus labios y sus ojos fijos en los ajenos, penetrantes, pero sin malicia alguna.

"Un muero... Un muro de cristal..."
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Miléne Von Damme


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