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No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

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No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

Mensaje por Natasha Leisser el Mar Nov 17, 2015 2:13 am

Seguramente quien me viera pasar de aquella manera fácilmente le daría la razón a mi esposo con el calificativo de "torbellino rojo". Y es que así era como me encontraba actualmente, corriendo a una velocidad vertiginosa cual huracán andante transitando por las calles de Idarion. Sentía cómo mis pulmones escocían por  la urgente necesidad de oxígeno y un punzante dolor atravesar mi pecho ante el esfuerzo exigido, pero... no podía detenerme. ¿Debido a qué? A que Gerhard era un maldito tacaño envidioso que no me facilitaba el auto para trasladarme, eso exactamente. Bueno, y también porque la prisa era demasiada como para buscar un taxi disponible, también a eso. Tenía que llegar a casa antes de que el energúmeno osara en irse a algún lado, probablemente a hacer horas extras en el hospital... ¡No, tenía que evitar tal catástrofe! ¡No teníamos tiempo para eso! Ahora bien, si las circunstancias apremiaban tanta necesidad de contactarle... ¿Por qué no coger el móvil y llamarle antes de cualquier cosa? Pues bueno, yo no tengo la respuesta a todos los enigmas del mundo, ¿o sí? Sencillamente me encontraba tan apurada por verle que no medité en dicha posibilidad, sumamente irónico si tenía que ser sincera.
Pero eso ya daba igual, sólo una cuadra más y me encontraría frente a la puerta de mi dulce hogar. Pensar en ello hacía que mi corazón se acelerara con creces y que mi mente se concentrara únicamente en una cosa: en llegar, nada más importaba. Ni siquiera el auto que a punto estuvo de arrollarme cuando crucé la calle ni de los insultos del conductor ante tal suicida acción por mi parte.... ¡Misión cumplida! Ni siquiera me atreví a detenerme por c0mpleto por temor a desplomarme en la entrada de nuestra casa; a medio correr saqué las llaves de la puerta principal y la abrí con brusquedad, sin parar mi carrera ni un segundo al hacerlo.
-¡Gerhard! ¡¿Estás en casa?! -grité con toda la potencia con la que fui capaz, buscándolo de habitación en habitación al hacerlo- ¡Mi amor, por favor responde! -estaba comenzando a temer que el otro ni siquiera estuviera... en cuyo caso bien podría ir planeando arrojarme de un puente, porque la suerte no podía ser tan desgraciada conmigo. Una luz se encendió en mi mente al llegar a la obvia conclusión de que el pelimorado estaría en su estudio. ¡Por supuesto! ¿Cómo no lo pensé antes? De la misma forma en la que no pensé en llamarle a su celular antes... Pero antes de dirigirme allí, primero cogí el frasco de mi medicina y una botella de agua de la cocina pues presentía que no tardaría mucho en necesitarlas- ¡Aquí estás! ¡Al fin di contigo! -exclamé victoriosa una vez que abrí la puerta de la habitación de par en par y sin mayor preámbulo me dejé caer de rodillas en el suelo, sin fuerza alguna ya para moverme. Después de todo, el haber recorrido un kilómetro aproximadamente a tal velocidad tenía que cobrarme factura tarde o temprano. Mi respiración agitada se tornaba dificultosa por momentos, y al tratar de tragar saliva me di cuenta que mi garganta estaba completamente seca; aún así hice un esfuerzo supremo por darme a entender- M-mira lo que tengo -en mi rostro acalorado y sudoroso apareció una radiante sonrisa cuando alcé mi mano temblorosa y agité frente a mí unos boletos en los que imágenes de las montañas y de un Spa resultaban visibles. Se los extendí para que los tomara y pudiera verlos mejor- N-no fue sencillo, pero... Conseguí boletos para todo un fin de semana en el exclusivo Spa que acaban de abrir el mes pasado en la montañas... La reservación es para hoy a las 10 de la noche, así que debemos darnos prisa y empacar lo necesario para estos tres días... - mientras iba diciendo esto, me fui arrastrando hacia la pared más próxima, donde me apoyé y abrí el frasco de mi medicina con movimientos temblorosos y torpes. Saqué una pastilla y la tragué con ayuda del agua. Suspiré de forma cansada y me llevé una mano al pecho, no porque me doliera, sino como un ademán de tratar de calmar mi agitado corazón a causa de la vertiginosa carrera. Le miré en silencio por unos momentos y la duda comenzó a asomarse en mis ojos rojizos- Vendrás, ¿verdad? Es que... es tu cumpleaños y... y pensé que este sería un buen obsequio...  
¿Y si me decía que no? Lo colgaría de sus extremidades en el jardín trasero, eso era seguro.
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Re: No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

Mensaje por Gerhard Leisser el Sáb Dic 12, 2015 4:51 pm

Una suave melodía sonaba, tan baja que se podía confundir en el silencio con un sutil murmullo. Y es que, a aquel estricto hombre que era Gerhard, el jaleo y el ruido no era precisamente algo que le agradase, era más partidario de la calma, así era como mejor se podía trabajar y también descansar. Pero...para qué engañarse, pocos momentos había en que aquella casa estuviera calmada. Y la causa llegó de golpe. Y de golpe era más literal de lo esperado, ya que un pequeño estruendo que parecía ser de la puerta principal de la casa resonó por toda la casa que se encontraba en absoluto silencio a excepción del despacho del pelimorado en el que solo había esa suave melodía que escapaba de los altavoces de la minicadena.

La verdosa mirada de él se dirigió por inercia hacia la entrada a su despacho mientras hacia descender un tanto los papeles que tenia en su mano. A su vez, estaba parcialmente apoyado sobre el escritorio de oscura madera en una relajada postura mientras leía aquellos informes. E incluso iba vestido de una manera más informal, con una simple camisa oscura que no estaba del todo abrochada y unos pantalones de un tono similar a la camisa, debido a que había pasado un escaso rato desde que había vuelto del hospital y buscaba poder acomodarse un poco antes de ponerse en serio con su trabajo de oficina en este caso. Pero tras escuchar aquellas exclamaciones de una voz que conocía bien, su mirada se cerró con cierto pesar mientras alzaba una mano para pasarla por su purpúreo cabello. No...ya no iba a tener tiempo ni para relajarse ni para trabajar: el torbellino que tenía por esposa acababa de llegar. Y al parecer estaba reclamando a voz de grito su atención y presencia. ¿Por qué estaba tan alterada? Ni que hubiera corrido una maratón...

Pero ni tiempo tuvo para poder acercarse a la puerta, ya que de golpe se abrió y pudo ver a una sofocada mujer que resultaba ser su esposa y que, como si hubiera encontrado un tesoro buscado, exclamaba que por fin le había encontrado. Y ante aquello, una de las cejas del Leisser se arqueó con suavidad. ¿Qué demonios estaba ocurriendo allí? Pero al verla caer de rodillas al suelo, parpadeó con desconcierto y no menos preocupación. Así que dejó sin demasiados preámbulos aquellos papeles a un lado y se incorporó para acercarse a su mujer algo apresurado, ya que...era capaz de ver que no estaba respirando como debía de ser, y eso en alguien que pudiera tener un problema cardíaco como era el caso de aquella pelirroja, no indicaba nada bueno. Y sobre todo...era también por la cabezonería de ella.- Natasha, ¿se puede saber qué...? -fue a preguntar mientras su ceño se frunció suavemente, mas al ver que ella se había apresurado también a coger aquellas pastillas que eran parte de su medicación, hizo que su expresión se suavizara hasta casi un amago de sonrisa tras ver que estaba tomándola. Y en ese momento fue cuando se molestó en leer los tickets que acababa de darle, ladeando un tanto su rostro por ello. ¿Un spa en las montañas?

Pero al escuchar que tenían que recoger todo de manera apresurada debido al poco tiempo que les quedaba y que, encima, aquella reserva era para tres días, cierto desconcierto se instaló en las facciones del pelimorado. ¿Cómo que tres días?- Espera, ¿tres días? Natasha, yo no...-pero...calló al escucharla preguntar aquello con esa mirada. Y es que...desde que era pequeña, esa mujer tenía la capacidad de ablandar su corazón, aun cuando ella creyera que no. Y durante unos instantes, se quedó mirándola fijamente a los ojos antes de cerrarlos y dejar caer su cabeza al frente, resignado. Que remedio...en el fondo hasta él tuvo que admitir que era un buen regalo, aun cuando no era dado a ese tipo de festejos como eran los cumpleaños o similares.- Esta bien...solo déjame encargarme un momento para organizar el horario -acabó por decir mientras se incorporaba y comenzaba a buscar en sus bolsillos su teléfono móvil para poder realizar las llamadas necesarias.- A todo esto... ¿por qué vienes tan sofocada? ¿Has venido corriendo acaso? -si, esa duda aún la tenía en el aire. Él ni llegaba a imaginarse el motivo por el que pudo haber venido aquella chica corriendo.
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Re: No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

Mensaje por Natasha Leisser el Dom Dic 20, 2015 5:49 am

Oh, no... No, no, no, no, no. No quería oír el final de aquella frase que el pelimorado acababa de iniciar. La desesperación junto a la decepción hicieron acto de presencia en mi rojizo mirar al tiempo que me mordía el labio inferior con inusitada fuerza. No iba a negarlo, era doloroso ser rechazada... pero más doloroso sería para él pasar el resto de la velada en el baño por causa del purgante que le iba a añadir a su comida por venganza a su desprecio. Desvié la mirada, haciéndome a la idea de resignarme tarde o temprano, pero... no completó la frase. Inmediatamente volví a centrarme en él, dudosa. Mi corazón se detuvo por un segundo sólo para acelerar repentinamente de la alegría, una que no tardó en manifestarse en mi expresión. No era demasiado difícil deducir que con eso me acababa de hacer la mujer más feliz del mundo.
-¿En serio? -me olvidé por un instante de mi sofoco y me incorporé bruscamente, dispuesta a abrazarle, zangolotearle, ¡lo que fuera necesario! Sin embargo el entumecimiento en mis extremidades inferiores me recordaron del maratón que no hacía mucho acababa de realizar y que no era buena idea moverme; por lo que sólo me quedé recargada en la pared, dedicándole una sonrisa de lo más radiante- ¿En serio lo harás? -a pesar de todo, en el fondo no podía evitar dudar respecto a la sinceridad contraria. Tan fácil sería que el otro me diera por mi lado únicamente para que lo dejara realizar en paz sus obligaciones. Pero esta vez no era así, o al menos eso quería creer, porque si en realidad Gerhard estaba tomándome el pelo... Bueno, ya vería qué haría. Parpadeé un par de veces, sin comprender del todo a qué se refería con esa última pregunta, tan concentrada estaba en el otro tema que a mí me interesaba- ¿Cómo? ¡Ah! Ya... -reí, nerviosa, y me rasqué con suavidad una mejilla- Estaba preocupada de que te fueras antes de que pudiera alcanzarte... ¿Ubicas dónde está la agencia encargada de la banda? A un kilómetro más o menos de aquí... Pues de allí vengo corriendo sin parar, antes de que te me adelantaras -lo dije un tanto apenada, desviando la mirada para no ver la reacción de reproche en el rostro ajeno. Porque claro, se suponía que bajo mi condición era algo delicado el hacer un sobreesfuerzo de aquel tipo; ¡pero es que llevaba prisa, no podían reclamarme! De repente le contemplé de soslayo, seria- ni se te ocurra preguntarme porqué no te llamé por teléfono o contraté un taxi -definitivamente iba a ignorarle de hacerlo, porque yo misma me había percatado, demasiado tarde, en esas posibilidades más accesibles. En fin, qué se le iba a hacer-. Te dejaré para que arregles tus cosas, yo quiero meterme a bañar pues no deseo viajar tan lejos estando tan... -traté de mirar el cuello de mi camisa, la cual estaba segura que a esas alturas estaría bañada en sudor- ... bueno, ya sabes -giré para salir por el umbral de la puerta, trastabillando un poco por culpa de mis piernas que aún no deseaban responder del todo, y dejándole a él los boletos porque... ¿En qué manos estarían más seguros? Definitivamente no en las mías.
Entré a mi habitación y sin el atrevimiento de echarme a la cama a descansar aunque fueran cinco minutos por el temor de ya no poder levantarme, saqué lo indispensable para la ducha y me metí a la regadera, permitiendo que el agua calienta recorriera todo mi cuerpo desnudo. ¡Vaya que aquello era como una inyección de vida! Sentía como poco a poco mi cuerpo se vitalizaba de esta manera.
Me tomé mi tiempo en bañarme, consciente también de que teníamos el tiempo contado, y cuando salí del cuarto de baño ya estaba vestida adecuadamente para el largo viaje que nos esperaba en carretera. Con la toalla sobre mi cabeza y gotas de agua escurriendo de mi húmeda cabellera rojiza, saqué una pequeña valija y lancé desordenadamente en el interior todo aquello que necesitaría para nuestra estadía en el spa. Una vez asegurada de que no olvidaba nada, y con un poco de dificultad por el caos allí adentro, pude cerrar la maleta y sacarla de la habitación, acercándola a la puerta principal. Sólo en ese momento me di a la tarea de frotar con la toalla mi cabello aún empapado. Mientras hacía esto, caminé hacia la habitación de Gerhard para confirmar que el hombre ya estuviera listo.
-¿Todo en orden? -inquirí, apoyando la cadera sobre el umbral y aún alborotándome la cabeza con la absorbente tela al tanto que echaba un vistazo al interior para hacerme una idea de lo que estaba sucediendo. Inmediatamente busqué con la mirada a mi esposo, quien hablaba por celular, y sólo enarqué una ceja al puro estilo de '¿vas en serio con esto?'.
Había pasado más de media hora, y él todavía no se dignaba a preparar nada... Maravilloso.
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Re: No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

Mensaje por Gerhard Leisser el Sáb Feb 20, 2016 12:52 pm

A punto estuvo de sujetarla al verla incorporarse de aquella inesperada manera. Sin duda era un remolino, venia medio muerta y aun así tenía energías para levantarse de golpe. Pero solo reprimió un suspiro mientras comenzaba con ese listado de llamadas que tendría que hacer para ajustar todo y poder dejar libre ese fin de semana. Ay...eso le iba a causar migrañas, seguro...demasiados quebraderos de cabeza, en verdad esperaba que ese viaje al spa cumpliera su objetivo y lograra relajarle, por que si no...

Y aun así, mientras escuchaba los lentos pitidos del móvil que indicaban que estaba estableciendo la llamada, observó a aquella pelirroja que era su esposa y que parecía estar en el séptimo cielo a pesar de su estado. Eso sí, cuando aquella explicación de ella llegó a su oído, parpadeo levemente, algo desconcertado. ¿Vino corriendo un kilómetro? Así había llegado, con una posible taquicardia...- ¿No podrías haber pedido un taxi? O mejor, llamarme -claro, para él aquello era mucho más coherente, razonable y 'sano' al menos para ella que el salir corriendo cual prueba de velocidad a contrarreloj por la calle. Peor justo mientras preguntaba eso, escuchó esa advertencia de ella de que no le preguntara precisamente lo que acababa de pronunciar. Así que...simplemente rodó su mirada y volvió a atender al teléfono, el cual pocos instantes después cogió la persona con la que pretendía hablar. Y ante la indicación de ella solo alzó su mano para indicarle que la había oído y, entonces, comenzar ese reto de encajar todas sus tareas para la semana que viene y poder librarse el fin de semana mientras caminaba hacia su habitación con las entradas en su otra mano, cosa que sorprendió muchísimo al hombre que estaba al otro lado de la línea. ¿Gerhard Leisser tomándose un fin de semana libre? Era como encontrarse con un perro verde con alas en medio del Himalaya.

Por supuesto, como era de suponer, hacer esos cambios de horario eran un reto, pero aquel hombre que era compañero de trabajo del pelimorado realmente pareció casi hasta encantado de hacerlos. Pero cuando aquel hombre estaba diciéndole: "¡Disfruta de esos días! Un médico como tú debería coger más a menudo algún descanso no estar hasta la garganta de trabajo" fue cuando escuchó también aquella pregunta por parte de su mujer. Y en ese momento pasó fugazmente por su mente si esos dos tenían algún plan maléfico acordado mentalmente para alejarle del trabajo o algo. Y a su vez, ante ese pensamiento...cerró sus orbes con un tenue suspiro, confirmando que sí, necesitaba un descanso.- Esta bien, te encargo el resto. Adiós -y tras esa escueta despedida, presionó el botón de colgar y dejó a un lado su teléfono, sobre la superficie de la mesilla, al lado de donde había dejado las entradas previamente. Y en ese momento, fue cuando se volteó hasta quedar frente a la vocalista.- Si...más o menos. Solo deja que prepare la maleta y nos vamos. Tu asegúrate de secar bien tu pelo, que solo faltaba que además de medio morir por una carrera, ahora te acatarraras -y tras decir eso, con una simpleza y rapidez que habría sorprendido a cualquiera, sacó del armario una maleta oscura y tras extenderla en la cama una vez abierta, sacó de su armario un par de camisas y pantalones perfectamente doblados con una muda extra por pura prevención si ocurría algo y alguna cosa más necesaria para un viaje como el que era de un fin de semana como unas chanclas de baño. Entró en el baño y a los escasos dos minutos, ya salía con un neceser perfectamente cerrado que guardó junto a todo. Y tras esa breve preparación hecha con eficacia y rapidez, cerró la maleta y la bajó al suelo. Y entonces, volvió al armario solo para coger una chaqueta y, con la chaqueta sobre uno de sus antebrazos y la maleta sujeta por la otra mano, se acercó a la mesilla para coger sus pertenencias: móvil, cargador del mismo, llaves de casa y del coche y las entradas imprescindibles para la estancia en el spa. Y en ese momento fue cuando la miró a ella.- ¿Vamos? -bueno...cualquiera que conociera un poquito a ese hombre sabía que su complejo de perfección y de tenerlo todo el hombre podía llegar a considerarse un tic obsesivo-compulsivo, pero....en ocasiones como esa, era muy cómodo el tenerlo, pues todo se acomodaba rápida y eficazmente y no se tardaba nada.
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Re: No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

Mensaje por Natasha Leisser el Dom Abr 03, 2016 6:45 am

Enarqué una ceja, con sorna, mientras él seguía atendiendo la llamada sólo por un instante más antes de colgar y así encararme con aquella respuesta. ¡¿Sólo tenía que hacer la maleta?! Vaya... casi nada, ya podía ir subiendo el carro antes de que me dejara atrás. Rodeé la mirada ante su indicación y salí de allí sólo para apoyarme en la pared del lado del pasillo, junto al umbral de la habitación ajena. Mi mirar se tornó solemne por un instante al tanto que, de forma automática y cansina, seguía frotando mi corta cabellera roja para secarla lo mejor posible. Si fueramos un matrimanio normal, esa también sería mi habitación... pero me preguntaba si realmente contábamos como uno o sencillamente eran puras apariencias. Me preocupaba y dolía pensar de esa forma, pero por más esfuerzo que hice para sacar esas cavilaciones de mi mente, estas no se iban.
Abrí los ojos cuando escuché el ruido de las llaves y pasos acercándose a donde yo me encontraba, mucho más rápido de lo que yo hubiera previsto. Giré mi rostro hacia él con incertidumbre cuando pasó a mi lado y me costó un poco reaccionar a tiempo ante su pregunta. Tragué saliva.
-Sí, vamos... ¡Espera! -le retuve la mano izquierda con las dos mías, dejándome la toalla como mal adorno sobre la cabeza, y le miré directa a sus ojos de aquel precioso tono turquesa. Pero eso sólo duró unos segundos, pues justo después desvié mi vista hacia aquella mano entre las mías y contemplé el brillo dorado de la argolla que exhibía allí mismo. Me permití soltar un quedo suspiro de alivio-. Sí es verdad... -musité para mí, a modo de respuesta a mis pensamientos anteriores, antes de llevar dicha mano a los labios y dar un sutil beso sobre sus nudillos. Y de la misma manera en que le había cogido desprevenido, le solté, sonriéndole radiante- Vámonos.
A punto estuve de arrojarla toalla, sin preocuparme el destino que esta pudiera tener, pero consideré que sería imprudente teniendo a mi compañero a un lado, así que lo más que hice por ella fue extenderla sobre la parte posterior de una las sillas del comedor. De allí me fui a trote alegre hacia la entrada, donde el violáceo y mi maleta aguardaban. No me preocupaba peinarme, puesto que mi cabello se amoldaría de la forma rebelde acostumbrada una vez que terminara por secarse. Lo que sí no preví fue llevar una chamarra conmigo, en caso de que fuera a un más intenso el frío en las montañas. ¿Pero importaba? Claro que no, estaba acostumbrada a ese clima y, además, mi blusa de manga larga me brindaría todo el cobijo necesario... esperaba.
Sin esperar a que Gerhard tomara mi maleta, pues no creía que fuera a hacerlo en segunda instancia y en segunda no deseaba ocasionarle problemas, salí de allí con rumbo directo hacia el coche. Una vez allí dejé descuidadamente la maleta en el suelo, en la parte posterior, donde aguardaría a que el maletero fuera abierto, y de inmediato fui a posicionarme justo a un lado de la puerta del piloto, allí donde recargué la cadera.
-¡Ey! Yo manejo~ -canturré, preparando mis manos a modo indicativo para que arrojara las llaves del auto- nunca me dejas hacerlo, pero esta vez no puedes tener excusa... será un viaje largo y es tu cumpleaños, tengo que consentirte -tosí un 'supuestamente' después de eso-. Déjate hacer, ¿vale? Esa es la idea... -le guiñé el ojo de forma traviesa, sabiendo ya de antemano cuál sería la respuesta de todas formas.
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Re: No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

Mensaje por Gerhard Leisser el Miér Abr 06, 2016 9:06 pm

Su rostro se ladeó sutilmente con una muda pregunta en su serias facciones al ver aquella mirada que acababa de dirigirle aquella pelirroja. ¿Qué le ocurría ahora? Pero cuando sus labios ya se estaban entreabriendo para poder preguntar sobre aquella reacción, escuchó las palabras de ella y su prosiguiente petición de detención, aunque era más una orden vista de esa manera. Y con cierta extrañeza, sus verdosos orbes se fijaron en aquellos rubíes que aquella chica parecía poseer como iris, viendo como poco después dicha rojiza mirada descendía hasta su mano. ¿Qué se suponía que pasaba allí? ¿Acaso ella estaba buscando la alianza en su dedo anular?- ¿Te creías acaso que no llevaba el anillo? -preguntó con seriedad escasos instantes antes de sentir el contacto de los suaves labios de aquella que era su esposa sobre los nudillos de aquella mano que aún ella sostenía entre las suyas. Esa mujer...

Parpadeó meros instantes como único gesto de desconcierto que esa acción había causado en él, mas no tardó en cerrar su mirada con un amago de sonrisa amenazando por curvar sus labios durante unos instantes, lo justo para ver una vez volvió a abrir sus párpados y de reojo pues ya estaba caminando hacia la puerta con su maleta de la mano, como aquella joven decidía dejar la toalla extendida en el respaldo de una silla. Bueno...no podía pedir mucho más, conociéndola podría haber sido posible que simplemente la lanzara por ahí como si nada. Dicho eso, es de suponer que se quedara conforme.

Por eso, con una mano apoyada en su cadera en una relajada postura y la otra sobre el agarre que tenia disponible la maleta para poder arrastrarla, espero en plena entrada a que ella volviera. Y con una sencilla calma se dirigió al coche, abriendo con el control remoto de la llave las puertas del automóvil. Pero tras escucharla, volvió a guardar las llaves en el bolsillo de su oscuro pantalón y se dirigió al maletero para abrirlo y guardar ambas maletas ya que las tenía a mano. ¿Permitirla conducir?.- Ni de coña -fue su directa respuesta al respecto, y no necesitaba añadir nada más para dejar clara su postura. Y quien se atreviera a rebatirle, que lo intentara.

Claro que...lo obvio en ese caso era que recibiría las quejas a modo de rebate de aquella explosiva pelirroja. Era así y seguiría siendo así, de otra forma...dejaría de ser ella, la mujer de la que el estaba prendido más de lo que podría llegar a admitir aquel pelimorado.
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Re: No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

Mensaje por Natasha Leisser el Mar Jun 07, 2016 4:45 am

Se podría hacer un poema con la descripción de mi expresión al escuchar aquella simple y directa respuesta. Fue como si una pesada baldosa cayera justo en mi cabeza, trayendo consigo una punzada muy poco grata, pero a la vez mi mirada dejaba en claro un 'ya lo sabía'. Porque sí, ya había esperado algo semejante... quizá con la inocencia de que no sería tan directo al respecto, pero sí, ya lo había previsto. Le dediqué una mirada de muy pocos amigos y después lancé un suspiro de resignación total. ¿Qué se le iba a hacer? ¿Hacer plantón frente a la puerta del piloto para que me diera las llaves sí o sí? No, por supuesto que no, ni yo era tan inmadura. Tenía una idea mucho mejor.
Aprovechando que el otro ya me había hecho el favor de guardar también mi maleta, me separé con fastidio del carro, dando un leve golpe de cadera para impulsarme. De allí me encaminé hacia el cofre y... y sí, me encaramé a este como si fuese mi propia cama. Me estiré boca abajo cual larga era y afinqué ambos codos sobre la superficie, para así apoyar la barbilla entre mis manos y contemplarle con deleite, placer y malicia. Un plantón frente a la puerta hubiera sido para niñas de primaria; yo, señores, yo ya estaba en ligas mayores.
-Bueno, pues en vista de que se hará su santa voluntad... Pues nada, que ya me instalé, ya puedes arrancar el auto, 'James' -claro, no podía faltar el típico mote que se le daban a los choferes en las películas clichés.
Me quedé así por unos segundos más, pero un escalofrío recorrió toda mi espina dorsal, desde el coxis hasta la nuca. Me estremecí por ello, y todo a causa de aquella maligna mirada suya que no auguraba nada bueno; incluso por un momento creí que quien tenía los ojos rojos como el fuego era él y no yo... ¡No, mentira! Los suyos seguían siendo de ese hermoso tono turquesa que a veces daban la apariencia de ser verdes y otras azules. Justo ahora eran azules... de un intenso y gélido azul que congelaría incluso las mismísimas entrañas del averno. Tragué saliva y di la vuelta sobre mí misma para quedar de espaldas y permitirme resbalar hacia abajo. En cuanto sentí que las suelas de mis botas tocaban tierra firme, me incorporé de un brinco y me dirigí con pies en polvorosa hacia el lado del copiloto.
-¡Está bien, Gerhard! Esta vez ganaste la batalla, ¡pero no la guerra! -mascullé un 'amargado' entre dientes antes de abrir la puerta y dejarme caer sobre el elegante y bien cuidado asiento del interior. Sin más, y mal intencionadamente, cerré la puerta de un portazo y me dejé resbalar hasta quedar prácticamente sentada con la espalda, cruzándome de brazos y fijando la vista al frente cual adolescente a la que no le permitían salir un viernes por la noche.
Pero, como había dicho antes, no había él ganado la guerra aún... ¡No, señor! Yo todavía podía realizar un par de motines que el de cabellera morada no podría evitar. ¿Como cuáles, por ejemplo? Sencillo... estaba en mi derecho de no ponerme el cinturón de seguridad... ¡Viva la libertad constitucional de hacer lo que a uno se le acojonara! Omití olímpicamente aquello que dictaba las normas de tránsito y preferí aferrarme a las lagunas legales de aquel derecho. Ya podría él ponérmelo si se atrevía... y de hacerlo, pues sí le creía capaz de ello, aún me quedaba un as bajo la manga.
Y es que, para desgracia de mi marido, quien manejaba el estéreo era el copiloto...
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Re: No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

Mensaje por Gerhard Leisser el Vie Jul 08, 2016 11:44 pm

Obviamente, no esperaba algo normal a pesar de todo. No, no lo esperaba, porque esa chica no era normal, no actuaba como se lo esperaba y, a pesar de estar advertido, seguía sorprendiéndose por las acciones que realizaba. ¿No se cansaba de intentar molestarle? Y a pesar de todo, se lo seguía permitiendo...más o menos. Porque, aunque no dijera nada, su mirada expresaba muchísimo mejor a veces lo que necesitaba decir que si lo hiciera solo con palabras.

Y tras esa especie de 'rebeldia a modo de venganza' de la que era su esposa, encaramándose allá arriba y tumbándose como si fuera una hamaca, causó que su mirada se entrecerrara hasta dejar una linea y cortante veta de un turquesa tono, tan afilada y aguda como podían ser los bisturís que manejaba aquel cirujano. Y es que, no necesitaba nada más que eso, una mirada echada con una gélida determinación para que ella captara lo que había. Y, efectivamente, observó con deleite ahora él como le obedecía a esa indirecta orden y se metía en el asiento del copiloto con esa advertencia que parecía sacada de una película. Pero únicamente acabó por contener en sus labios un suspiro y él mismo se dirigió al asiento del conductor para, tras abrir la puerta, sentarse, cerrando tras de sí y acomodando el asiento, dejando en la parte trasera la chaqueta que tenía los billetes en su bolsillo. Pero, tras enganchar su propio cinturón de seguridad, se quedó observando la berrinchuda actitud de ella y, al ver que no daba indicios de ponerse ella el cinturón... si, lo hizo él mismo. Extendió su brazo tras voltear un tanto su torso y tomando el extremo del enganche, lo cruzó por el torso de la pelirroja y lo enganchó con calma, como si eso fuera algo común y habitual que hacer. sí.

Y entonces sí, insertó la llave y arrancó el coche que, con un suave ronroneo se puso en funcionamiento.- Bien... ¿hacia dónde debo ir, copiloto? -inquirió segundos después mientras daba marcha atrás tras asegurarse por los espejos retrovisores que ningún coche pasaba por la carretera.
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Re: No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

Mensaje por Natasha Leisser el Sáb Ago 13, 2016 11:10 pm

¿Se había atrevido...? Sí, se había atrevido, el muy cabrón. Le miré, hiriente, cuando terminó de colocarme el cinturón de seguridad. ¿Ni eso me dejaba decidir por mí misma? ¡Si sería un completo tirano! Y él como si nada, sin inmutarse ni provocarle siquiera un cargo de consciencia ante el hecho de que estaba metiéndose con mi derecho de libre albedrío. Miré hacia el techo del auto, buscando de alguna fuente divina la paciencia que me hacía falta para no decir alguna burrada que pudiera traer como consecuencia un pesado silencio en el interior del vehículo. En camio sólo me encogí de hombros, indifirente, y bajé la ventanilla una vez que el motor fue encendido.
-Debes dirigirte hacia la avenida principal para tomar la salida a la carretera norte -le indiqué de forma eficiente, como la buena copiloto que era- de allí será todo recto hacia las montañas noroeste. Si todo sale bien y si no cae un meteorito que nos obstruya el camino, deberíamos estar llegando cerca de las 9:30 de la noche... -puse los ojos en blanco ante eso, sonriendo con cierta ironía-. Bueno... podríamos llegar mucho antes si cierta tortuga dejara a las liebres conducir -le miré de reojo, en una clara indirecta, antes de clavar la vista en el camino y fingir como allí no se dijo nada.
Ya estando en la avenida, rumbo a nuestro destino, apoyé el codo en la portezuela y me dedique a contemplar el panaroma con desinterés al tanto que el viento azotaba mi rostro y provocaba que mi corta cabellera rojiza se alborara más de lo que por sí ya era al natural. En un determinado momento saqué mis lentes oscuros del compartimiento frente a mí para colocármelos, más que nada por el aire que ya me estaba resecando los ojos que por el escaso sol que existía a esa hora del atardecer. Mal disimulé el reprimir un bostezo y suspiré, aburrida. No llevábamos ni veinte minutos de camino, aún siquiera salíamos a la carretera, ya estaba comenzando a fastidiarme de aquel lento rimto que el de cabellera morada llevaba. ¿Por qué tenía que ser tan estúpidamente meticuloso y cuidadoso en esos detalles? El dejarse lanzar una cana no le afectaría demasiado, sino todo lo contrario.
Cinco minutos más de apabullante silencio, sin animarme siquiera a iniciar una conversación pues ni siquiera estaba segura de qué podía hablar con él, terminé por tomar la decisión de estirar mi brazo y encender la radio, sin siquiera consultarle. Como ya había dicho con anterioridad, quien manejaba el estéreo era el copiloto y en eso el conductor se jodía. Sonreí casi con malicia ante la nueva perspectiva... Ahora, ¿qué podíamos hacerle oír a mi amado acompañante? Sabía que por gusto ajeno, música clásica... pero a mí me haría dormir pasados los diez minutos, así que opté por buscar algo de mi propio gusto, casi pegando un grito, mezcla de asombro y emoción, al reconocer una de nuestras canciones en la radio. Lancé un suave ruido de deleite y clavé la mirada en Gerhard, quien no apartaba la suya de la carretera que ya habíamos arbordado un par de kilómetros atrás.
-¡Escucha, escucha, escucha! -exclamé, emocionada, casi pegando brinquitos de júbilo sobre mi acojinado asiento-, ¡esos somos Larrence y yo...! ¡Oh, y allí viene el solo de guitarra de Andy! ¡Sí, ese, ese! ¿Nos escuchas? ¡Somos nosotros!
En verdad estaba encantada con la casualidad de encontrarme en una de mis estaciones favoritas una canción interpretada por Avalanche. No estaba muy segura de si mi pareja alguna vez nos había escuchado actuar antes, segura sí de que nunca había asistido a un concierto nuestro pero... Me hacía ilusión la idea de compartir con él algo que me hacía ser yo misma y a la vez me satisfacía a tal grado como para querer dedicarme a ello el resto de mi vida. Mayor alegría fue para mí al enterarme que sería toda una hora especial dedicada a nuestra banda con motivo de nuestra gira en Estados Unidos del mes próximo. Tragué en seco, cruzando los dedos para que Gerhard estuviera lo suficientemente concentrado en lo que hacía como para escuchar a la conductora del programa decir, al finalizar ya el programa, un infundado y sobre todo improbable rumor de un tórrido romance entre dos integrantes de la banda. Más específicamente, entre Andy y yo.
Me estiré para apagar la radio de forma tajante, con el ceño fruncido, cuando la misma voz chillona empezó a dar detalles de que se nos había visto 'acarameladitos' después de salir de una firma de autógrafos en España.
-¡Qué vil mentira! -exclamé en alta voz, negando con violencia, al tanto que le daba en el botón de apagar-. Estupideces...
Yo estuve allí, nada de eso pasó. Además, nunca había ocultado mi condición de mujer casada, sin embargo a nadie parecía interesarle este hecho y me contaban como mujer libre de hacer y deshacer a su antojo... Bueno, eso último sí lo hacía, pero no en el sentido que ellos le daban. Siempre se me había promocionado como soltera, y como no me importaba del todo si el mundo entero lo sabía o no, tampoco me dedicaba a la tarea de desmentirles, sobre todo porque nunca me quitaba el anillo tanto de casada como de compromiso, pero... Eso había sido pasarse demasiado, no sabía que tal rumor estuviera circulando en la internet.
Un minuto después de eso llegamos a nuestro destino, sin embargo no hice nada por bajarme del auto, sino que volteé a ver a Gerhard para ver si había escuchado lo de la radio y cuál sería su opinión al respecto.
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Re: No seas amargado... ¡Déjate celebrar! [Gerhard Leisser]

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