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La belleza llega a los ojos... ¿pero qué llega al corazón? [Priv. Larrence]

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La belleza llega a los ojos... ¿pero qué llega al corazón? [Priv. Larrence]

Mensaje por Abel Bythesea el Mar Dic 23, 2014 12:37 pm

La amabilidad del joven cisne realmente le sorprendía a él hasta en algunos momentos. Pero no de manera vanidosa o egocéntrica, no. De manera completamente preocupada. Y la situación en la que se encontraba apoyaba por completo aquel pensamiento. ¿Por qué estaba él a esas horas corriendo por un parque? Además del hecho que, milagrosamente, no se había tropezado con nada.

Claro que, eso es tentar a la suerte, y en un dicho y no dicho pisó algo que no debía y cayó de bruces al suelo. Soltó un leve quejido mientras sentía la hierba en su rostro, y poco a poco comenzó a incorporarse mientras se frotaba su cara con una de las manos enguatadas. Ah… ¿ con qué se suponía que se había topado? Y tras ese breve interrogante, volteó un poco su torso para mirar a su espalda y ver que era el cruel objeto que le había hecho caer, aunque parpadeó a través de las gafas que llevaba sobre el puente de su nariz. ¿Una botella? ¿Qué hacía allí una botella?

Volvamos un poco atrás para explicar el por qué de esa situación anteriormente mencionada: Era un domingo en el cual el sacerdote había decidido dar un paseo por la ciudad a la que, en realidad, no había tenido ocasión de curiosear. Y con una sonrisa en su rostro, radiante y animada, se encaminaba por las calles de aquella ciudad. Las horas pasaban entre curiosas tiendas, algún aperitivo que había comprado y que, para qué mentir, había disfrutado pues realmente amaba la comida, más si estaba bien hecha. Pero a la mitad de la tarde, una señora mayor pareció ver la amabilidad del chico de largo cabello plateado y se acercó en busca de pedir indicaciones. Y Abel… aunque realmente no conocía bien el sitio, no podía negarle algo así, por lo que con una afable sonrisa, asintió en la búsqueda de un local que, para gran sorpresa y desconcierto del sacerdote una vez, tras varias horas de búsqueda, era una tienda de armas de tiro. ¿Desde cuándo las ancianas necesitaban tener un arma? Sin duda fue un detalle que no supo si le causó gracia o preocupación. Pero precisamente fue en ese momento, una vez se despedía de aquella curiosa mujer, que se percató de la hora que era. ¡Si se había hecho de noche y todo! Ah… se suponía que tenía que estar pronto de vuelta…

Y bueno, como ya se había mencionado, salió corriendo y en un intento de atajar por el parque, tropezó con esa botella y cayó. Una vez en el presente, sigamos con lo que se encontró el ingenuo sacerdote.

Una vez la grisácea mirada del chico se fijó en aquella verdosa botella, extendió su otra mano para alcanzar la botella y ver, efectivamente, que era una botella de bebida alcohólica. ¡Pero…! ¡¿Qué diantres hacía allí una botella de alcohol en un lugar como un parque?! Parpadeó en medio de su desconcierto, pensando que al parecer ese día estaba destinado a los absurdos, y miró a su alrededor por si había alguien que pudiera ser el poseedor de dicha botella, esperando que, al menos, no estuviera en mal estado si así fuera.
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Re: La belleza llega a los ojos... ¿pero qué llega al corazón? [Priv. Larrence]

Mensaje por Larrence O'Brian el Dom Dic 28, 2014 12:03 pm

Cuatro llamadas perdidas y él se reía de la estupidez de su productora.Con una estúpida sonrisa en los labios siguió pidiendo al barman que le llevara otra copa de algo, le daba igual que, siempre y que tuviera alcohol y su sabor fuera agradable ¡Después de todo les hacía un trabajo! Él estaba allí para probar toda bebida que tuviera y dar su nota para cada coctail que le hicieran probar. Comenzó con un 3, horrible, pero, mientras iban subiendo de vasos, sus números también comenzaron a ser sin sentido alguno, su mente embotada le impedía pensar como era debido y... ¡Era eso lo que buscaba! Quizás lo estén dudando, pero, sin importar si era llamado cobarde o estúpido, Larrence prefería caer tan bajo que recordar cosas que, le hacían pensar estar ya en el infierno ¿cuándo habría muerto? No, la vida era un infierno en vivo y él, había deseado tantas veces morir, pero, siempre recurría a ser salvado, cuando Lysandro no llegara para él, sería su fin, el último día que habría visto el cruel mundo y el tan odioso sol. Cuando no habían esos intentos de suicidio, se escondía en la bebida, esa, era una de aquellas muchas veces.

A altas horas de la noche se aburrió y, con una botella en mano y un andar deplorable, cruzó las silenciosas y solitarias calles de la ciudad. Le habría resultado más simple pedir que alguien fuera a recogerlo, pero, supuso que no estaría mal si el aire le despejaba un poco. Mientras seguía andando recuperó casi por completo su equilibrio y, había empezado a sonreír como un tonto, eufórico. Pero los problemas no habían hecho más que empezar y se dio cuenta que, si esperaba llegar hasta su piso cuando siquiera sabía en que parte de la ciudad se encontraba, era una muy mala idea. El parque fue su mejor elección, así que, aun aquél horrible dolor de cabeza que estaba sintiendo, siguió caminando por aquella que, no había como ser un sendero por donde todo ser normal utilizaría a altas horas de la noche y aun así, poco le importó. Levantó la botella hacia sus labios y le dio un largo trago para después dejar escapar un suspiro, le ardía la garganta ¿y qué? Lo que sí le molestaba, era aquél dolor de cabeza que le hacía desear quitársela si solo fuera posible.

Tropezó y, en cuanto apoyó las manos en la hierba suspiró ¡Al menos era de noche y nadie podría ver a la tan famosa estrella de rock en aquella situación! Pero seamos serios ¿qué le importaba a Larrence si alguien lo reconocía? Solo sería una molestia con la que su productora debería cargar, él solo debía cantar y asegurarse de mantenerse con vida para hacerle ganar dinero a esa zorra. Chasqueó la lengua con desdén y palpó el suelo en busca de su botella ¿a qué servía beber si esa estúpida mujer volvía a su mente aun estando borracho? Y como si fuera poco, tampoco podía encontrar aquella botella que seguramente se había caído con su tropiezo. Levantó la mirada y, en la oscuridad entrevió una cabellera blanca. Parpadeó y se acercó, a gatas, hasta aquél tipo que parecía haber encontrado su "preciosa" botella. —Eso es mío~— Canturreó con voz pastosa, extendiendo sus brazos hasta abrazarse del cuello del peliblanco. Lo observó con ojos entrecerrados y acercó su rostro al contrario, como si hubiera encontrado algo interesante, pero, solo acercó su índice a la mejilla del otro y lo dejó descender con sutileza por su mejilla.

¿Qué tenemos aquí?— pronunció con diversión, esbozando una sonrisa un tanto maliciosa. —Un hombre guapo... ¿Estas solo?~ Puedo hacerte compañía~— Propuso y, había que tener una mente fuera de lo común para entender a que se refería el de verdes cabellos con "compañía" no le iba a invitar a beber un café, de eso, estaba más que claro. Siguió observándolo con curiosidad, pero, pronto desvió su atención a lo que llevaba en la mano y, pegando más su cuerpo al contrario extendió una de sus manos hacia la botella, como si intentara tomarla. Entrecerró sus ojos ¿desde cuando habían dos botellas? ¡Que molesto! Ahora bien, esa era una peculiar situación, pero, Larrence era el tipo de persona que no sentía vergüenza bajo ningún concepto, tan desesperado y a la vez narcisista y egocéntrico que no debía preocuparse por lo que él hacía, sino todo al revés y, hasta cierto punto era divertido ver la reacción de las demás personas.
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Re: La belleza llega a los ojos... ¿pero qué llega al corazón? [Priv. Larrence]

Mensaje por Abel Bythesea el Dom Dic 28, 2014 1:26 pm

Estando sentado en el césped de aquel parque tras tropezar con la botella que precisamente tenía ahora en su mano. ¿Quién se iba a esperar que alguien apareciera a gatas diciendo que aquella botella era suya? Abel, al menos, no se lo esperó. Parpadeó por ello al escuchar aquel canturreo, y volteó su rostro justo en el momento en el que unos brazos se aferraban a su cuello, lo que causó, inevitablemente, que diera un leve respingo de sorpresa. Lo siguiente de lo que fue consciente fue del rostro de un joven que tenía frente a sí, y aquel dedo recorriendo su mejilla. ¿Pero… qué diantres…? - ¿Eh? –fue lo único capaz de decir en aquel momento, intentado recuperar con rapidez la lógica que parecía haber desaparecido a su alrededor, al igual que, inevitablemente, echó un poco su cabeza hacia atrás por la invasión de espacio vital que había sufrido.

Claro que… no tuvo duda de que, efectivamente, la botella era de aquel chico de larga cabellera de un curioso tono verdoso, y aquello se lo confirmaba el intenso olor a alcohol que desprendía el joven, al igual que la forma de actuar del mismo… ¡Y eso que Abel no había bebido nunca! Pero para su desgracia, sí le había tocado aguantar a personas embriagadas por aquella bebida. Y ese pensamiento fue lo que causó que un sutil suspiro quisiera asomar a sus labios, mas se contuvo inconscientemente al escuchar aquella sugerencia contraria. - ¿Guapo? –repitió en medio de su desconcierto mientras apoyaba una de sus manos en la hierba en un intento de mantener el equilibrio, y ya de paso echarse más hacia atrás mientras sentía cómo sus gafas comenzaba a deslizarse un poco por su nariz. ¿Qué estaba diciendo ese chico? Y lo peor… esa sonrisa que el otro parecía mantener en sus labios no le traía buenas vibraciones a aquel de níveos cabellos. Por otra parte… y a pesar de todo… sabía perfectamente que no podía dejarlo en aquel estado. ¡A saber qué le podría ocurrir! - Creo… que el que necesita compañía eres tú, pero bueno –comentó mientras se obligaba a esbozar una suave sonrisa, ingenuo, aunque se sintiera algo inquieto o incómodo… y eso que ni siquiera había pillado el significado oculto de las palabras del otro, ¡bendita inocencia!

Mas al ver como aquel ebrio muchacho parecía querer otra vez a su lado aquella botella, el cisne sin duda alzó la mano que llevaba la bebida para retirarla del alcance del otro, casi con una mirada de reproche. – No, ya has bebido suficien… ¡Wah! – claro que… una cosa era intentar mantener el equilibrio propio con una única mano, cosa ya de por sí complicada para Abel, y otra era mantener el peso de dos con ese único punto de apoyo, de ahí que, nada más el de cabello verdoso pareció apoyarse en el torso del albino para alcanzar aquella botella, el dicho perdiera el equilibrio por segunda vez en ese rato y cayera hacía atrás. - Ay… - se quejó mientras llevaba la inútil mano, que no había sido capaz de sostenerlos, a su nuca, frotándola suavemente. Mas no tardó en dirigir su grisácea mirada hacia el chico que parece ser que tenía ahora encima. – Ah… ¿estás bien? – preguntó rápidamente, preocupado, mientras le ayudaba a incorporarse y ya de paso lo intentaba él mismo. Y… para qué mentir, Abel a veces de ingenuo llegaba a ser tonto, no podía intuir lo que la gente que no se había criado en su ambiente podía llegar a insinuar, de ahí que… inevitablemente, para el chico de largos cabellos plateados fuera bastante sencillo meterse en situaciones extrañas o incómodas. ¿Sería esa una de ellas? Pero… ¿qué hacer cuando alguien estaba en un estado que no era capaz de cuidarse de sí mismo? Abel era incapaz de dejar a alguien a su suerte, aun cuando la culpa de estar así, en este caso, era del propio chico por haber bebido en exceso. Pero el joven cisne confiaba en la benevolencia y la amabilidad, y no sería quien para rechazársela a alguien. Y en ese caso… no supo si fue por el estado en el que se encontraba aquel muchacho o por la condición de ser espiritual que le hacía ser más sensible a los sentimientos de los de su alrededor… pero algo le sugería que aquel chico de mirada verdosa no estaba bien. Y por ello mismo… le acompañaría, no como estaba sugiriendo aquel desconocido, pero aún así seguiría siendo compañía, ¿no?
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Re: La belleza llega a los ojos... ¿pero qué llega al corazón? [Priv. Larrence]

Mensaje por Larrence O'Brian el Sáb Ene 03, 2015 11:43 am

Se estaba divirtiendo ¿por qué no admitir? La reacción de aquél hombre que, pobre de él se encontraba en el momento equivocado en el lugar menos adapto para él, así que, sin poder evitarlo había caído en el juego de Larrence. El susodicho ignoró deliberadamente las palabras del otro pues ¿y qué si tenía razón? Él era el único, egoísta, que necesitaba pasatiempo y para ello había elegido a aquél hombre de plateada cabellera, simplemente, porque estaba en aquél instante allí. —¿Dices que no necesitas compañía? Que aburrido...— Entrecerró sus ojos, fingiendo claramente ¿y qué si no quisiera? Él mandaba en aquél momento y, haría simplemente aquello que se le ocurriera porque sí, así de caprichoso era él. —La noche es aburrida~ Sobretodo si la pasas solo.— Tenía razón ¿quién se atrevería a negar? Si durante el día las oscuras memorias rehuían la luz, por la noche eran aun más claras y horrorosas. Quizás se piense que el tiempo lo cura todo, pero, en él todo aquello que una vez sucedió seguía aun tan clavado en su mente que, temía nunca poder liberarse de ellos. ¡Pero aquél tipo le estaba diciendo que había bebido demasiado! ¿Y qué con eso? No era la persona que se lo decía y, como a todas las demás no haría caso... Se inclinó aun más sobre el otro, en un intento de tomar la botella cuando la fuerza de gravedad hizo efecto y cayeron hacia atrás.

Cerró con fuerza sus ojos, ah, caer de aquella forma no era bueno para su dolor de cabeza. Cuando los volvió a abrir aquél chico le estaba ayudando a levantarse, cuando realmente esa no era su intención. Podría utilizarlo como cama, sonrió para si y quedó sentado en la hierba, levantando una de sus manos hacia su cabeza. ¿Qué es lo que estaban haciendo?... ¡Ah!. —¿Y qué? No deberías preocuparte por eso.— Pronunció, refiriéndose claramente a la botella de alcohol confiscada por el otro. Aun así su voz sonó medio divertida, quitándole la seriedad con la que debería haber sido cargada. Lo miró y, una vez más sonrió con cierta malicia enmascarada, volvió a quedar de rodillas y, una vez más extendió sus brazos hacia él, abrazándose de su cuello, sonriendo con diversión en el proceso. —Seguro ahora la botella se vació...— Entrecerró sus ojos. ¿Qué hacer con aquél tipo que tan humanitario él le había quitado su querida compañera? Pero vamos, de querida tenía bien poco, de igual forma la habría tirado pero, después de beber lo que había dentro. —¿Qué harás ahora?— Inquirió con calma. Acercó aun más su rostro al contrario, dejando escasos centímetros entre uno y otro, además, lo estaba agarrando lo suficientemente bien como para que no se escapara porque si lo hacía, su divertimiento se iría con él.

Quizás habría tenido que llamar a alguien para que venga a por él, pero, eso no sería divertido, así que, en aquél preciso instante, aunque metido en una extraña situación, se estaba divirtiendo. Además, entre tanta maleza y a altas horas de la noche a nadie se le ocurriría pasar por allí, su imagen de estrella seguía incólume, por ello, no debía de preocuparse demasiado de lo que hacía pues ese hombre tampoco parecía saber quién era, pero ¿realmente se estaría fijando en aquellos detalles? ¡Para nada! Seguramente Larrence en aquél momento tampoco sabía con exactitud cuál era su deber y las reproches que quizás recibiría mañana si la estúpida de su productora se enterara de ello. —Oye~— Alejó ligeramente su rostro pero, solo para dirigirse a la mejilla del otro y, darle un inocente beso en la misma antes de volver a alejarse un poco del otro, observándolo con curiosidad. —Recompensa por ayudarme.— Comentó en un susurro. ¿Cómo reaccionaría? Realmente tenía curiosidad y por ello lo estaba observando tan atentamente pero, con un deje de diversión al mismo tiempo.
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Re: La belleza llega a los ojos... ¿pero qué llega al corazón? [Priv. Larrence]

Mensaje por Abel Bythesea el Dom Feb 01, 2015 11:00 pm

Sin duda aquella situación se estaba volviendo demasiado extraña e inverosímil. Y es que… ¡era complicado seguir la línea de pensamiento de un borracho! Aunque el propio albino pensó inevitablemente que ya de por sí tendría que ser peculiar aunque aquel joven estuviera sobrio… y eso sumado a que él no es que fuera especialmente bueno con cualquier tipo de indirecta… ¡claro, perfecto! Era el combo diseñado para que la escena fuera absurda. – Creo que la noche de por sí no debería de ser para vagar con tu estado… -murmuró con una sonrisa algo nerviosa tras ver que estaba bien incorporado…o al menos que se mantenía sentado en su sitio, ya que no sabía el de grisácea mirada en qué grado de embriaguez podría estar aquel chico.

Pero claro, aquello no iba a ser tan fácil con solo incorporarle. Si todas las cosas se enderezaran de aquella simple manera… cuantos malentendidos se podrían solucionar con facilidad. Y allí iba de nuevo, un extraño comentario por parte del de cabellera verdosa. Y era extraña para Abel precisamente… porque él era un pastor. Y su deber moral y religioso le inclinaba a querer ayudar a la gente que lo precisara. Aunque no sólo lo hacía por obligación, si no por la propia satisfacción de saber que alguien estaba bien, que aquello que pudiera haberle hecho sentir mal se hubiera desvanecido. Sin duda, el sacerdote, era un buen samaritano, y a pesar de sus conflictos internos… su corazón realmente estaba lleno de bondad y una cegadora esperanza. Pero que tuviera ese corazón no excluía el hecho de que… ¡no había tenido nunca tanto contacto físico! Y ese chico parecía haberle cogido gusto a abrazarse a su cuello, cosa que, sin pretenderlo, hacia que el cuerpo del cisne se pusiera tenso y sintiera cierto desconcierto con incomodidad.- Ah… ¿Qué debería hacer para disculparme? –inquirió, pues…realmente no quería irritar al otro. Aunque tampoco confesaría que se alegraba de que la botella no estuviera ya disponible para seguir embriagando a ese chico. Suficiente estaba ya… Y aun así, intentó retroceder al ver como se acercaba el joven a su rostro. Incluso se podría decir que un sutil rubor comenzaba a invadir sus pálidas mejillas, mas por el hecho de estar esforzándose en pensar alguna cosa que lograra evitar aquella ilógica situación.

Y aún así, a pesar de que todo podía llegar a indicar una acción de esa índole por parte del ebrio joven que tenía frente a él, realmente no se esperó recibir ese contacto en su mejilla. ¿Le acababa de…? Parpadeó unos segundos antes de que su mente fuera capaz de asimilar lo sucedido para, después de escuchar ese susurro, sentir como la sangre iba directa a sus mejillas. Y en ese momento…si, en ese momento se apartó, reculando un poco mientras aún sentía calor en su rostro.- ¿Q-qu…? –tartamudeó en medio de su incredulidad, mas unos segundos después logró capturar a cierta calma en sus manos, dejando que su cuerpo y rostro se relajaran un poco.- No hace falta que lo agradezcas… cualquier persona debería de ser generosa y ayudar. Y más si eres un sacerdote –acabó por decir una vez sintió que su rostro ya no estaba cargado de ese rubor, haciendo que a su vez una suave sonrisa curvara los finos labios del cisne.
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Re: La belleza llega a los ojos... ¿pero qué llega al corazón? [Priv. Larrence]

Mensaje por Larrence O'Brian el Mar Feb 10, 2015 9:21 pm

Estaba siendo patético ¿O no? Todo dependía de la situación, si aquél hombre lo hubiera escuchado solo el día anterior, si lo hubiera conocido en aquél preciso instante, no se llevaría una idea tan deplorable de él. Sonrió, estaba completamente seguro de ello, pero, no estaba dispuesto, ni podía, cambiar las cosas en aquél preciso instante. No podía solo deshacer las sombras que desde niño lo persiguieron y, siendo tragado por las sombras no podía hacer más que cubrirse con más sombras, para que uno sea peor que el otro y de esa forma no recordara aquello que odiaba, pero, seguía allí, estaba en la oscuridad, no podía deshacerse de ella, no había luz en él, ni una pequeña o al menos, él no era capaz de verla en si mismo. Y aun así siguió con aquella compleja sonrisa en sus labios, que no dejaba entrever nada de la realidad, que solo parecía querer jugar, molestar a los que tenía a su alrededor por pura distracción. Siempre había sido así ¿O no? Cuando las cosas se volvían demasiado complicadas solo escapaba de la realidad y eso, lo sabía muy bien y aun así, no estaba dispuesto a cambiar, quizás porque no pudiera solo, quizás, porque no lo quería en el fondo. Sonrió.

Levantó una de sus manos y echó hacia un lado su verdoso cabello que, en algún momento había dejado que mechones del mismo se esparcieran por su rostro. Suspiró en silencio y deslizó su mirada hacia el hombre peliblanco... ¡Era amable! ¡Tanto que parecía un tonto! Permaneció unos segundos escuchándolo después de haberse reído internamente por aquél desconcierto que se había apoderado de su rostro, todo un poema ¿Aun habían adultos qué se desconcertaran ante algo tan inocente como un beso en la mejilla? Y era exactamente eso aquello que le causaba gracia y, tristeza al mismo tiempo. ¡Larrence estaba tan corrupto que no se habría inmutado aun cuando el beso fuera dirigido a otro lugar! Apoyó su brazo en una de sus rodillas erguidas y, ladeando su rostro hacia un costado entrecerró los ojos. Fue allí que escuchó algo que le sorprendió y, no pretendió siquiera ocultarlo. Parpadeó y se inclinó ligeramente al frente, hacia el otro. —¿Qué?— ¿Había entendido bien? ¿Su mente no le jugaba una mala pasada? —¿Realmente eres un sacerdote?— Y, sin poder evitarlo una sutil carcajada escapó desde lo hondo de sus pulmones. Ahora lo entendía, pero, aun así nada cuadraba mucho con todo aquello. Para empezar ¿Esperaban que creyera que los sacerdotes eran puros e inocentes? Larrence había visto demasiada oscuridad, estaba seguro que así no lo era, bajo ningún concepto.

No te conviene ser amable, solo se aprovecharán de ti y cuando caigas, te harás aun más daño.— ¿Hablaba para si mismo? Quizás. Cuando él había estado en problemas nadie lo había ayudado, lo que a lo largo de los años había echo resultaba un tabú para la Iglesia ¡¿Y ese hombre iba a ayudarlo?! ¿A él? No podía ser más que un chiste, pero, no podía negárselo, aquél pobre hombre no sabía nada de él, nada de todo aquello que había hecho... ¿Debería hacérselo saber? No, no era su intención, pero, le haría abrir los ojos. —No creo que los sacerdotes sean mejor que cualquier otro estafador.— Y estaba siendo sincero, extremadamente sincero, tanto que dolía. Los sacerdotes nunca habían movido un dedo para cambiar las cosas, pero, tampoco era como si él lo hubiera buscado. Era como matarlo, una vez muerto preguntar si necesitaba ayuda. Apoyó una mano en su rodilla y se levantó, aunque tuvo que tambalearse un poco para conseguir no caer y, una vez logrado bajó su mirada al otro, aun sujetando mechones de su cabello. No tenía odio hacia el otro, porque no era su culpa, pero ¿Realmente creen que ese tipo tuviera interés por alguien? No, no existía nadie más en su mundo, los demás no tenían importancia y él, solo seguía adelante porque no había nada que hacer, a parte de lo que ya había intentado. —¿Y bien, Hermano? ¿Quieres que te enseñe el mundo real?— Propuso, con una ladina sonrisa, todo menos inocente.
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Re: La belleza llega a los ojos... ¿pero qué llega al corazón? [Priv. Larrence]

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