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Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

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Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Stefan Dermot el Miér Ago 27, 2014 9:30 pm

La vida como sirvientes en la academia no era dura, pero apenas y les dejaba tiempo libre con tantas tareas que realizar. En gran parte por esa razón y también porque creía que merecían darse una pequeña recompensa por su esfuerzo, Stefan pidió permiso para tomarse unos días de descanso junto a Janice. Para su buena fortuna, su petición fue aprobada, y apenas le informaron de ello se puso en marcha junto a su hermana, deseoso de darle una sorpresa.

-Casi llegamos –había vendado los ojos de Janice y la guiaba a través de la vegetación, llevándola de la mano-. ¿Puedes adivinar en dónde estamos, hermanita? Dime que es lo que escuchas.

Soplaba una suave brisa que agitaba las ramas de los árboles y mecía la vegetación. Pequeños roedores correteaban por el suelo o subían y bajaban por los enormes troncos. Todo un coro de pájaros trinaba y gorjeaba. Y a cierta distancia se escuchaba el inconfundible ruido de agua que caía: un suave y constante chapoteo.

Avanzaban lentamente, pues había numerosos obstáculos en el camino y Stefan cuidaba que su hermana no fuera a tropezarse con alguna piedra o una raíz que asomaba fuera de la tierra.
Una vez que llegaron a orillas del lago en el que desembocaba la cascada Specchio, Stefan le pidió a Janice que se detuviera y después se colocó a espaldas de ella.

-Ya estamos aquí…¿Estás lista para la sorpresa, Janice? –le preguntó con un tono travieso, a la vez que le desataba la venda que le cubría los ojos-. ¿Qué te parece? Leí sobre este lugar hace un par de meses y…pensé que te gustaría –esbozando una enorme sonrisa-. ¿Qué dices? ¿Nos damos un chapuzón en el lago? He traído nuestros trajes de baño, pero…-como siempre, no podía resistirse a hacer un comentario pervertido-. Tampoco voy a quejarme si no los usamos~

Soltó la mochila en la que había empacado las cosas de ambos y pasó un brazo por encima de los hombros de Janice, estrechándola con gentileza contra sí mismo. Hacía un agradable calor en el lugar y las cristalinas aguas del lago destellaban al ser acariciadas por la luz solar. Tenían todo un pequeño paraíso a su disposición, sin nadie más en los alrededores.

-Vamos, hermanita –la animó Stefan-. De cualquier forma el día de hoy vas a terminar mojada –arqueando una ceja con una mueca divertida, se acercó a su rostro para darle un beso cariñoso en la mejilla-. Si sabes a lo que me refiero…
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Janice Dermot el Jue Ago 28, 2014 4:48 am

¿Que si me emocionaba la sorpresa que me tenía preparada Stefan? ¡Claro que lo hacía! Moría de ganas por descubrir de qué se trataba y tuve que emplear mucha fuerza de voluntad para no desprenderme de aquella venda que sumergía mi mirada en total oscuridad. En cambio, me aferré con fuerza a la mano que gentilmente mi hermano me brindaba para guiarme por el camino y evitar que yo tropezara con cualquier obstáculo en este. El pelinegro sabía claramente que no era de tener mucha paciencia cuando a sorpresas se trataba, y la curiosidad definitivamente me consumía lentamente por todo el tiempo que duró el trayecto.
Hacía muecas, lanzaba leves quejidos de expectación y hacía rechinar con suavidad los dientes a modo de respuesta a cada una de las preguntas que él otro lanzaba, teniendo total ventaja en aquella situación. Podía escuchar a la distancia el rumor de algo. Eso era... ¿agua? ¡Eso era muy cruel por su parte, ya no podía esperar más!
Al fin nos detuvimos e instantes después mi vista quedó sin obstrucción alguna. Tuve que parpadear un par de veces para poder aclimatar mis ojos rojizos a la luminosidad del lugar, para después mirar con total asombro y deleite el enorme espacio que se había convertido en nuestro escenario. Salvo por la vida silvestre, se podría decir que estábamos completamente solos y con las aguas cristalinas frente a nosotros por entero a nuestra dispisición. Lancé una exclamación de total júbilo y le colgué a su cuello con alegría, sin preoparme en lo más mínimo estarlo zangolotéandolo.
-¡Stefan! Me encanta, me encanta, ¡me encanta! -reí radiantemente para después dejar que mis pies volvieran a tocar tierra firme. Le observé con una sonrisa brillante y después volví a pasear la mirada a mi alrededor, para tratar de grabar en mi memoria cada mínimo detalle de todo lo que nos rodeaba, al tiempo que dejaba que él me acercaba a su cuerpo y yo a su vez rodear su cintura con mi brazo.- La idea de nadar me fascina. ¿Cuánto tiempo teníamos que no se nos presentaba una situación como esta? -le miré de reojo- Al fin y al cabo es nuestro elemento, hermanito, siempre piensas en todo -Mi vista se fijó en la mochila que no hacía mucho él había soltado y traté de averiguar qué más contenía a parte de los bañadores- Mojarme no es un problema para mí, y bien lo sab... Espera -le miré, confundida, y una expresión de reproche comenzó a asomar en mi rostro- No sé a qué te refieres... ¿Por qué no me lo dices claramente? -hice un mohín y me aparté de él para poder acuclillarme frente al equipaje y abrir este, de manera que pudiera saciar mi curiosidad respecto a su contenido. Fui sacando objeto tras objeto, observando algunos con más atención que otros, hasta dar con los ya mencionados trajes de baño. Miré el mío con perplejidad- De todos los que tengo, tan bonitos... ¿Tenías que escoger precisamente este? -pregunté en un susurro desilusionado, pues se trataba de un conjunto de dos piezas de color blanco, sin ningún adorno o chiste digno de admirarse, y que contra apenas lograba cubrirme algo de mi voluptuoso cuerpo. Le miré con desilusión- Yo quería estar bonita para ti... pero con esto no podré conseguirlo, me veré sin gracia alguna... -suspiré, apenada, y me puse de pie nuevamente para después mirar a mi alrededor, buscando algo pero sin tener frutos en el intento. ¿Dónde rayos me cambiaría? Le miré con velada advertencia- ¿Prometes no voltear a ver cuando me esté cambiando?
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Stefan Dermot el Dom Ago 31, 2014 3:26 pm

-Ya lo descubrirás –se me escapó una risa picaresca-. Si te lo dijera claramente…¿Dónde quedaría la diversión? –adoraba aprovecharme de que mi hermana no siempre captaba mis frases en doble sentido, en especial por sus reacciones.

Observé como Janice curioseaba el interior de la mochila, sacando una crema protectora contra el sol, una pequeña pelota de playa, un patito de hule y demás variedad de objetos, incluyendo un par de emparedados bien envueltos y chocolates para el postre. Entonces, finalmente dio con el bañador que había llevado para ella.

-Siempre estás bonita para mí, Janice~ ¿Qué digo? Hermosa –le contesté con sinceridad-. Y créeme, puede que no sea tu traje de baño más vistoso o colorido, pero…te puedo asegurar que te hará ver increíble –el bañador a duras penas iba a cubrir el lindo cuerpo de mi hermana. Lo cierto es que dejaba poco a la imaginación y esa era una de las razones por las que lo elegí-. Y esto…¡No puedo prometerlo!

Puso ojos grandes e inocentes.

-¿Cómo crees que podría resistirme a echar una pequeña miradita? –encogiéndome de hombros-. Harías que se levantara algo más que mis ánimos –tras hacer mi pequeño chiste malo, accedí con un movimiento de la cabeza-. De acuerdo, lo prometo. Lo juro por…por nuestro patito de hule –recogí al juguete y lo apreté un par de veces para que hiciera ruidos chillones-. No miraré, ni con el rabillo del ojo. Nuh-uh…

No podía evitar ser travieso o pervertido en ocasiones. Cuando llegaba la hora de dormir, por ejemplo, alguna que otra vez había dejado que mis manos subieran (o bajaran) un “poco más”. ¿Acaso alguien podría culparme? Estoy seguro de que Janice se habrá dado cuenta al menos un par de veces de que no estaba realmente dormido, pero eso fue por mi falta de discreción (no me resistí a apretar un poco sus senos por encima del pijama).

-Supongo que al prometer eso por ende tú tampoco podrías mirar mientras yo me cambio –me agaché para sacar mi bañador de la mochila. No era nada del otro mundo tampoco, un simple traje de baño de color azul oscuro que bien y podría haber pasado como bóxer-. Aunque de cualquier modo no tengo mucho que ocultar –me corregí-. Que conste que con “mucho” me refería a cantidad y no a tamaño…-un leve y casi imperceptible rubor se reflejó en mi rostro. Después de todo, aún y con todos mis comentarios pervertidos, tanto Janice como yo éramos vírgenes-. ¡Uh! Olvídalo, hermanita, no dije nada. Vamos a cambiarnos.

Me alejé unos cuantos pasos de Janice, dándole la espalda. Después me deshice de toda mi ropa, dejándola hecha pelota en el suelo. Carecía de elegancia para desvestirme, la verdad sea dicha. Luego, me puse la única pieza que me hacía falta para entrar al agua con mi hermana.

-Bueno, eso fue rápido -¿Cuánto tiempo más iba a tardar para ponerme un bañador? Supuse que Janice no habría terminado aún, por lo que no me volteé todavía. Me mantuve fiel a mi palabra y observé el ambiente en lo que ella se arreglaba, no sin cierto esfuerzo, pues mis ganas de mirar eran grandes.
¡El honor del patito de hule dependía de que no lo hiciera!
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Janice Dermot el Jue Sep 04, 2014 6:11 am

Primero le observé con curiosidad, ladeando ligeramente el rostro angelicalmente cuando por, segunda ocasión, volví a ser desconocedora del significado de las palabras lanzadas por mi hermano. Y a pesar de que mis mejillas se encontraban ligeramente ruborizadas por su halago anterior, pude ser capaz de mirarle a modo de disgusto y reproche por guardarse las cosas para sí y no compartirlas conmigo. ¿Por qué siempre me trataba como si fuese una niña chiquita? ¡Nunca compartía las cosas conmigo! Refunfuñé, tratando de demostrar de esta manera mi desagrado por no explicarme la situación, aunque mi vista rojiza se centró en el patito de hule que era tomado por Stefan, haciendo su juramento con este de testigo. Olvidé todo enfado con el hombre frente a mí y reí radiante. Definitivamente él nunca tendría remedio, y por ello le amaba con locura.
Tomé el atuendo que a mí me correspondía y acepté sus condiciones, asintiendo varias veces con un gesto alegre de mi cabeza.
-Me parece justo entonces: yo no miraré y tú no mirarás... Por el patito -le miré risueña y en cuanto él se volteó, hice lo mismo. Lentamente comencé a sacarme la ropa de encima y me coloqué con parsimonia el traje de baño blanco, tratando de acomodarlo lo mejor posible sobre mi cuerpo para que luciera en algo... pero era misión imposible, esa cosa era tan sosa como un helado sin sabor. Suspiré desganadamente ante el resultado infructífero de mi esfuerzo, y me solté la larga cabellera azabache para que cayera con naturalidad sobre mis hombros desnudos y espalda cual cascada. Adoraba sentir esta en libertad sobre la superficie de la cristalina agua- No vayas a voltear aún -pedí cuando supuse que él ya estaría listo, ya que le tomaría menos tiempo que a mí cambiarse, y porque ya no escuchaba ruido a mis espaldas. Me puse en cuclillas para doblar y acomodar mi ropa anteriormente usada de la mejor manera, envolviendo las prendas íntimas con las otras para que el fisgón de Stefan no fuera a entrometerse y pudiera verlas. Lo metí todo en la mochila y volví a incorporarme, revisando una vez más que la escasa tela que cubría mi cuerpo estuviera en su lugar exacto. Ya que me sentí lista, me di la vuelta para observar la ancha y varonil espalda desnuda de mi hermano, quien esperaba pacientemente a mi señal. Mis mejillas volvieron a tornarse rojizas y, descalza, me dirigí de puntitas hasta donde se encontraba para abrazarle sorpresivamente por detrás y depositar una cálida mordida sobre la piel de su hombro desnudo, acto seguido le deposité un tierno beso, allí donde mis dientes se incaron con suma suavidad.- Eres tan cálido hermanito... -apoyé mi mejilla sobre su nuca y cerré los ojos, aspirando su aroma con suavidad por unos breves instantes en los cuales me negaba rotundamente a dejarle ir- Te quiero -susurré sutilmente con voz aterciopelada. Sólo uno segundos más, y separé mi rostro para colocar mi barbilla sobre uno de sus hombros y así ser capaz de verle y que él me viera a mí. Sonreí con alegría- ¿Qué más nos falta para disfrutar del agua? Colocarnos el protector... ¡Claro!
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Stefan Dermot el Sáb Sep 13, 2014 8:04 am

-¡Uh! Me has tomado por sorpresa, hermanita –di un pequeño respingo al sentir la suave y cálida mordida de Janice en mi hombro, seguida por un beso mimoso-. Yo también te quiero~ -le respondí con un tono dulce, contento por escuchar sus palabras.

La observé con un semblante animado cuando apoyó la barbilla sobre mi hombro y le regalé una sonrisa. Fue entonces que ella recordó el protector solar, y la bombilla se me encendió a mí también.

-Tienes razón…No queremos quemarnos, ¿Cierto? Nos hace falta un poco de protector antes de entrar a nadar. Muy bien, te lo pondré a ti primero, no se diga nada más –me adelanté a ir por el tubito de crema protectora, sacándolo de la mochila con una expresión triunfal-. ¡Jojo! Después llegará tu turno, Janice, ahora voy a necesitar que me des la espalda –llevé a Janice bajo la sombra de la vegetación cercana y apreté un poco el tubo de crema, empezando a esparcirla por su espalda con suavidad.

Tal y como si fuera un experto masajista, dejé que mis manos hicieran lo suyo, subiendo y bajando, recorriendo la cálida y tersa piel de Janice. Apliqué protector en sus hombros también, haciendo movimientos circulares con mis manos, apretándolos gentilmente.

-Ya casi terminamos…-y era cierto, aunque no tenía mucha prisa por acabar, la verdad sea dicha. Acaricié sus brazos con sutileza y también apliqué crema en su cuello muy suavemente.

Con cierto disimulo (aunque, ¿A quién quiero engañar? No soy nada bueno disimulando), pasé las manos cerca de los senos de Janice, y no me pude resistir a acariciarlos un poco por encima del traje de baño. Los presioné un poco y mis dedos trazaron pequeños circulitos, hasta que pensé que estaba siendo muy descarado y me detuve.

-¡Ejem!...También tenía que poner un poco de protector por aquí, más vale prevenir, ¿No? –puse una mirada inocente y finalmente me separé del lindo cuerpo de mi hermana, cediéndole el tubo de protector solar. No era la primera vez que hacía algo así, pero hasta el momento siempre me he mantenido por encima de la ropa. Tal vez hoy fuera mi día de suerte, como deseaba, pero de no ser así, tal vez ya llegaría. Tengo más paciencia que un santo-. Ahora…¿Podrías ponerme un poco de crema, por favor, Janice? –si bien no pensaba que ella fuera a responder a mis poco discretos movimientos, añadí un toque de desafío a mis palabras-. Solo ten cuidado de la dirección que vayan a tomar tus manos, ya sabes…Quizás podrían desviarse, a veces sucede~
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Janice Dermot el Miér Sep 17, 2014 12:36 am

Presentía que le había dado una grande oportunidad a mi hermano cuando saqué a relucir el tema del protector solar, pero decidí mejor no darle muchas vueltas al asunto y me dejé guiar hacia la protectora sombra de un árbol. Fue inevitable que mis ojos se cerraran ante el disfrute de las caricias de Stefan sobre mis hombros, cuello y espalda. Tenía que reconocer que era un experto masajista y sabía muy bien lo que estaba haciendo, o en caso contrario no provocaría sensaciones tan agradables en mi piel, allí donde él deslizaba sus manos con habilidad. Abrí los ojos con asombro y mis mejillas se tornaron de un fuerte tono rosado por la vergüenza e indignación cuando él, descaradamente, comenzó a masajearme los senos. Traté de mascullar alguna queja que dejara en claro que me daba perfecta cuenta de lo que estaba haciendo y de su cinismo, pero sólo balbuceos incomprensibles e irritados escapaban de mis labios entreabiertos ¡Sólo el sabía cómo sacarme de mis casillas!
-¡S-Stefan! -exclamé con molestia, tratando de apartarme aunque inmediatamente él, consciente de sus actos y de lo que estos representaban, se hizo a un lado y me miró con aquella carita de angelical picardía que no le iba a comprar. Fruncí el ceño y le dediqué una mirada airada ante su pobre excusa. ¿Pero a quién quería engañar? Más que estar enojada con él, la realidad era que trataba de ocultar ante su aguda mirada los escalofríos sumamente agradables y excitantes que sus provocadoras caricias habían provocado en mi cuerpo. Y aún así, apesar de ya no sentirle, había dejado tras de sí una sensación muy difícil de describir, pero sobre todo de desechar. Aquel calor que sentía en mi pecho y que lentamente se trasladó a mi vientre con ligeras contracciónes, y de allí ganar terreno en todas las extremidades de mi cuerpo. Desvié la mirada, apenada por la reacción, que esperaba que no fuera tan notoria, de mi cuerpo y me aclaré con suavidad la garganta- Es-está bien... ¡Ahora será tu turno! -rápidamente me coloqué detrás de él y cogí el tubito, agradecida de no poder ser vista por él pues estaba segura que mi rostro ardía, y comencé a trabajar con suma suavidad sobre su espalda antes de que los colores volvieran a aparecer en mi rostro ante su comentario. Volví a atragantarme con mis propias palabras y por un segundo detuve mi faena- ¡Stefan! No... ¡no soy como tú! -musité casi audiblemente mientras volvía a deslizar de nueva cuenta mis pequeñas manos sobre el área expuesta de su espalda, hombro, cuello... siguiendo casi religiosamente la rutina que mi hermano había aplicado a mí hacía unos minutos atrás. Y aunque le había dicho aquello tan segura de mí misma, me fue imposible no sonreír traviesamente, sin ser vista aún, antes de realizar impulsivamente una acción que pretendía cobrarse la osadía de mi hermano: Dejé caer el tubo al suelo, junto a la mochila, y deslicé mis manos por su cintura hacia adelante, para después bajarlas y tomarle de la entrepierna por encima de la tela del traje de baño. Di una cálida caricia con movimientos rotativos en esa zona antes de soltarle y alejarme lo más pronto posible de él para evitar su venganza, riendo. Dirigí mis pasos hacia la orilla del río y sólo cuando estuve allí, giré a verle con una radiante sonrisa de casi fingida inocencia y diversión- ¡Vamos, Stefan! ¿O acaso le temes al agua? ¡Alcánzame! -sin más, me arrojé a esta sintiendo su frescura empapar todo mi ser, agradeciendo de cierta manera el cambio de temperatura que mi hermano había dejado en mi cuerpo por una más fría. Me quedé sumergida un par de segundos debajo del agua, permitiendo que mi larga cabellera negra se desenvolviera con vida propia en el vital líquido cristalino, antes de romper la superficie con mi cabeza e ihalar un poco de aire. No tomé segundos para corraborar si el pelinegro me había imitado, me adentré aún más en el lugar con grandes brazadas, alejándome de la orilla.
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Stefan Dermot el Vie Sep 26, 2014 8:27 am

-¡Oh! Sé que no eres como yo, hermanita…-solté una leve risilla-. El día en que me hables en doble sentido o que hagas algo “travieso” me sentiré realmente sorprendido –pareciera que hubiera invocado a dicha sorpresa, porque no tardó en llegar. Janice llevó las manos a mi entrepierna y me acarició por encima del traje de baño, haciendo movimientos rotativos.

¡Me quedé sin habla! ¡Estupefacto!

Y no porque creyera que mi bella hermana es una monja o una puritana (¡Nada más lejos de la realidad!)...sino porque sabiendo lo inocente y tímida que podía ser, no pensé que fuera capaz de corresponder a mis descaradas acciones.

-¡Vaya, eso ha sucedido mucho más rápido de lo que pensé…! -comenté divertido, viendo como se alejaba de mí entre risas. Entonces corrió hacia el río y entró a este de un salto, sin pensárselo dos veces-. ¿Miedo al agua? ¡Para nada! ¡Espérame! –seguí los pasos de Janice, aunque mis pasos eran torpes, como los de un pingüino andando en zig-zag. Y es que…la fugaz caricia de Janice hizo que cierta parte mía se “despertara”, ¿Y cómo evitarlo? No estoy hecho de piedra, al fin y al cabo.

Di un brinco hacia el río y me sumergí de un solo chapuzón. El agua me envolvió por completo y su fresca temperatura alivió el creciente calor que empezaba a recorrer mi cuerpo. Asomé la cabeza para tomar una bocanada de aire y quitarme el cabello de encima del rostro, comprobando de paso que no estuviera liberando vapor (¡Claro! ¡Esto no es posible! Pero lo parecería, tomando en cuenta el calor con el que Janice me había dejado).

-¡El agua está deliciosa! –chapoteé un poco, como niño pequeño en una piscina. Luego me dispuse a nadar, dando fuertes brazadas y alejándome de la orilla para ir en pos de mi adorada hermana. No obstante, ella no me hacía fácil el alcanzarla. Tomaba distancia cada vez que yo intentaba acercarme y chapoteaba para echarme agua en la cara-. ¡Eso es trampa! ¡Glugluglu!...-escupí un chorrito de agua hacia un lado y los dos continuamos nadando, en una especie de juego de gato y ratón. Así hasta que finalmente logré atraparla, rodeándola por detrás con ambos brazos-. ¡Ja! ¡Te tengo!

Estaba agitado tras la competencia de natación que nos habíamos aventado. Respiré hondamente para calmar un poco el ritmo de los latidos de mi corazón, que se había alocado con la emoción y el esfuerzo.

-Me parece que merezco un pequeño premio, ¿No? –le susurré con dulzura, observándola con ojos tan brillantes como los de un cachorrito. Entonces, sin esperar respuesta, le di la vuelta con suavidad y le di un beso cálido y apasionado en los labios, abrazándola con fuerza. El maravilloso ambiente natural que nos rodeaba dejó de existir para mí por ese instante en el que me concentré solo en ella. Entretanto, mis manos, actuando como por cuenta propia, hacían un intento por separar a mi hermana de la pieza superior de su traje de baño.
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Janice Dermot el Lun Sep 29, 2014 3:07 am

¿Que lo esperara? ¡Obviamente que no! ¡Lo divertido era escabullirme y verle hacer todo tipo de esfuerzo para darme alcance! Y yo, a mi vez, haría todo lo posible para evitarle cumplir tal deseo... aunque tuviera que recurrir un poco a la trampa como lo era chapotear y arrojarle agua al rostro, sumergerme y nadar lo más rápido posible para ponerme fuera de su agarre.
Pero como tarde o temprano tenía que suceder, y mi respiración ya no daba para más aunque sí mis energías, me cogió por la cintura y no pude evitar lanzar un leve grito de sorpresa y diversión.
-¡Eso fue trampa! -exclamé, entre risas, con aire radiante mientras me giraba para encararle, ayudada de su maniobra. Mis ojos rebosaban de vida y mi sonrisa era de lo más brillante. ¿Hacía cuánto tiempo no había estado así con él, sin preocuparnos de absolutamente nada que no fuera en nosotros mismos? Yo era para él y él para mí, no había ninguna otra explicación y quien deseara separar tal unión definitivamente estaba cometiendo un crimen. Un escalofrío de pavor recorría todo mi cuerpo ante la sola idea que nuestros familiares hubieran podido realizar su cometido. Si no hubieramos actuado con rapidez, ¿qué sería de nosotros ahora? Una parte de nosotros sabía claramente que nuestro amor no era posible, al menos no visto por los ojos de la sociedad. Era malo, incorrecto. ¿Pero por qué? ¡Era lo más puro que uno podría experimentar jamás! Y el nuestro era tan sincero y desinteresado, tan inocente... que estaba segura que cuando vieran lo real de nuestros sentimientos, al fin podrían admitirlos... Pero no; eran tan ciegos que se negarían a ver lo que era un hecho, sobre todo nuestro padre... ¿Qué había hecho ese hombre por nosotros? ¡Nada! Fue Stefan el que estuvo allí para mí cuando la oscuridad y noches de tormentas me afligían, el que me tendió su mano bondadosa cuando me sentía sola. Sus abrazos fueron la cosa más cálida que jamás habría experimentado y me los había dado mi hermano, no aquel hombre que se proclamaba como nuestro progenitor. ¿Por qué había tenido que perturbar nuestra paz él y su esposa? ¡Tan feliz que eramos en nuestra preciosa casita de campo los dos solos! ¡Sin nadie para atormentarnos! Pero por fortuna, Stefan había actuado con prontitud y antes de que nuestro padre pudiera llevar su cometido, probablemente, de tacharnos de infames y separarnos para el resto de nuestras vidas, logramos huir. ¡Huir! ¡Escapar juntos! Fue difícil, pues aunque contábamos con el dinero suficiente para subsistir con comodidad, este cada vez escaseaba más y nos veíamos sometidos a cambiar de localización constántemente por el temor de ser encontrados. ¿Qué sería de nosotros ahora si no hubieramos dado con aquel refugio tan magnífico? Pero mientras mi corazón se henchía de felicidad por estar con la persona amada, también la sombra de la duda se cernía sobre mí cada vez que la alegría nos visitaba y me aseguraba a mí misma que nada ni nadie nos podría perturbar. ¿Pero qué tal si no era así? ¿Qué tal si... nos descubrían?
¡No quería pensar en eso! ¡No en ese día tan espléndido y que prometía mucho para ambos! Allí, en el precioso panoráma que nos rodeaba, en el agua y por compañía mi adorado Stefan...
Sin dudarlo correspondí a su beso con la misma pasión, trasmitiéndole todo el amor que le profesaba en ese sencillo acto al tiempo que mis mejillas se sonrojaban por la timidez y, ¿por qué no?, la dicha de tenerlo así sólo para mí. Mío y yo de él, por toda la eternidad. Pero algo me hizo interrumpir el beso bruscamente, y no fue sólo porque la necesidad de tomar un poco de aire se convertía en urgencia, sino porque las inquietas manos de mi hermano andaban en rumbos en los que no debería tener acceso, menos tratando de llevar a cabo eso que tan desesperadamente intentaban.
-¡Stefan, me lo acabo de colocar! -inflé las mejillas con indignación al tiempo que hacía un veloz movimiento para apartarme antes de que lograra deshacer el nudo del listón que hacía que la parte superior del bikini se mantuviera fija en su lugar. Mis mejillas estaban más rojas que el tomate por la vergüenza y el calor que mi cuerpo comenzaba a experimentar. Seguí mirándole con reproche por unos momentos, antes de desviar la mirada a otro lado menos en su persona y morderme el labio con fuerza, indecisa ante lo que iba a hacer a continuación- Aunque si es por ti... y si esos son tus deseos... Supongo que... -balbuceé, nerviosa, antes de llevarme las manos a la espalda y cerrar los ojos co fuerza. Todo mi rostro se tiñó por un suave rubor y me desaté el nudo, permitiendo que el corpiño cayera y flotara discretamente sobre la superficie del agua, dejando así mis senos totalmente al desnudo ante su atenta mirada. No me animé a abrir los ojos, por nada del mundo- Que embarazoso... ¡No te vayas a burlar! Por favor...


Última edición por Janice Dermot el Vie Nov 13, 2015 5:05 am, editado 1 vez
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Stefan Dermot el Jue Oct 23, 2014 2:49 am

Decir que un sueño se me había hecho realidad sería tal vez una exageración…pero les puedo asegurar que eso fue lo que sentí cuando mi hermana se deshizo de la parte superior de su bikini. No reaccioné como un idiota ni “se me cayó la baba”. No obstante, sí que me brillaron los ojos y no pude evitar abrir la boca con sorpresa. “¡Vaya locura!” podrían opinar algunos, ¿Por qué a los chicos nos traen tan locos esas partes del cuerpo femenino? Soy incapaz de responder, me temo.

Y fui incapaz también de resistirme a admirar los bellos y generosos atributos de Janice. No desvié la mirada ni reaccioné avergonzado, a pesar de que era la primera vez que se me permitía verlos en todo su (maravilloso) esplendor.

-¿Burlarme? –fue todo lo que conseguí decir, pues el aliento se me había escapado, lo digo en verdad. Mis mejillas delataron un rubor que estaba a punto de convertirme en un segundo tomate…¡Que apropiado! Ni duda cabe de que somos el uno para el otro-. N-No podría burlarme, Janice…-me apresuré a decir, con sinceridad pero torpeza a la vez. ¿Cómo podía concentrarme? ¿Acaso alguien podría culparme? Ante los (absolutamente increíbles) pechos de mi hermana no podría ni recitar la tabla del uno. Quien pudiera hacerlo y encima explicara la teoría de la relatividad sin un solo error no podía ser humano-. Tienes muy lindos senos…Ejem, lo que quiero decir es que…Demonios, como me encantas…

Tomé el mentón de Janice con delicadeza y le hice levantar la mirada para poder verla a los ojos, tras lo cual le regalé la sonrisa más dichosa de mi repertorio (seguramente tenía toda la pinta de un pervertido, ¡Ni que hacerle! En mi defensa, soy un pervertido enamorado y lleno de deseo). Luego la rodeé por el cuello con ambos brazos, rozando delicadamente sus cálidos y dulces labios con los míos apenas una sola vez antes de darle un beso cargado de intensidad y ardor. Desahogué mi calor interior en ese beso, tan apasionado que al momento de separarnos me hizo falta tomar aire.

-Mi adorada Janice…-le dije con ternura-. Me disculparía por haber hecho que te quitaras el bikini tan pronto, cuando recién te lo acababas de colocar, pero…-me encogí de hombros, con un semblante inocente en el rostro, como quien no rompe ni un solo plato de la vajilla-. Lo cierto es que te ves mucho mejor sin el bikini. Casi lamento que tengamos que volver a vestirnos cuando hayamos de regresar…-comenté con travesura, sabiendo que no iba a tomarme en serio o que iba a sonrojarse todavía más-. Ahora, quizás…-sentía que mi corazón palpitaba rápido y fuerte y un poco más abajo cierta parte mía hacía gala de su indiscreción, pues mi traje de baño se había levantado cual tienda de campaña. ¡Por suerte ella todavía no se había dado cuenta!-. ¡Ejem! Espero que esto no te parezca muy embarazoso…

Oh, ya no había marcha atrás. A partir de este momento era llegar al final, no titubear o echar el freno. Eso sería lo mismo a dejar caer la masa de la pizza que recién está preparándose. ¡Una manera perfecta de arruinar el día! No, no. Así pues, mis (inquietas y problemáticas) manos no perdieron tiempo en tomar los senos de mi amada Janice. Los sentí tan suaves como eran, tan agradables al tacto, sus pezones eran una auténtica obra de arte (les desafío a llevarme la contraria, simplemente no podrían). Los acaricié con suavidad, amasándolos gentilmente y dejando que mis dedos juguetearan con sus pezones, atrapándolos y pellizcándolos, tirando de ellos con delicadeza.

Entonces agaché mi rostro y fueron ahora mis labios los que tomaron el lugar de mis manos. Besé los senos de Janice con verdadero anhelo, pasando de uno al otro, como si estuviera indeciso, aunque lo que quería era no dejar a ninguno sin atención y mimos. Tras esos cariñosos roces pasé a succionar sus pezones, chupándolos tal vez un tanto desvergonzadamente, mas no se podía negar que disfrutaba al máximo junto a mi hermana.

Los mordí, los lamí y los saboreé con tal gula que pareciera que estaba atacando a unos pastelitos. Tras pasar un breve rato así, irremediablemente fascinado, me detuve y busqué la mirada de Janice, esperando a recibir su aprobación, deseaba saber si se sentía a gusto, pues esto no se trataba solo de mí, sino que quería darle a ella también el mejor momento posible.
Ahora me sentía un poco apenado por haberme dejado llevar.
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Janice Dermot el Miér Dic 31, 2014 7:13 am

Me quedé totalmente inmóvil en mi sitio, con mis ojos fuertemente cerrados al tiempo que esperaba a por una reacción de mi hermano. Y aunque no me consideraba una persona negativa sino todo lo contrario, en esta ocasión en particular sí que esperaba alguna señal que me indicara su descontento y decepción. No atiné a hacer otra cosa salvo a abrir los ojos para observarle cuando no fue así. Me dejé tomar por el mentón y mis ojos miraron los suyos, esperanzados, mientras aún mi mente trataba de dar crédito a lo que había dicho. ¿Que yo... le encantaba?
-¿En serio te gusto? -pregunté en un muy suave murmullo apenas audible aunque me di por bien respondida con aquel tierno beso que me obsequió, seguido de uno cargado de pasión que no tardé ni dos segundos en corresponderle con la misma intensidad, posando con suavidad mis manos sobre sus brazos, poco más abajo de sus hombros, para de esta manera tener un sostén en el cual apoyarme. Y es que a pesar de estar sumergidos en el agua, sentía que las piernas terminarían por ceder ante mi peso, tan tembloroso estaba mi cuerpo. Aunque a esas alturas no sabría decir si eran por los nervios o por la inmensidad de sentimientos y emociones que sólo él, Stefan, lograba sucitar en mí. Estaba de más decir que mis mejillas estaban de un tono rosado intenso que sería muy difícil de superar. O al menos eso creía hasta que sentí sus manos recorrer mis senos de aquella manera. Todo, completamente todo se me olvidó: lo que recién me había dicho, sus disculpas, el lugar en el que estábamos, incluso hasta mi nombre. Todo eso fue sustituido únicamente por la extraña sensación que recorría todo mi cuerpo, iniciando desde el punto donde mi piel recibía las caricias del ajeno hasta propagarse a todas mis extremidades, las cuales se estaban convirtiendo en gelatina muy pronto. Ni siquiera sabía definir si aquello que sentía era algo bueno o malo, sólo que era lo suficientemente intenso y avasallador como para hacer que mi mente quedara totalmente en blanco y fuera ahora mi cuerpo el que se hiciera con el control de todo.
Pero eso no fue ni una quinta parte de lo que experimenté cuando su boca sustituyó a sus manos. La sensación de sus labios, de esa lengua recorrer la sensibilidad de mis pezones y de aquellos dientes mordisquearme de forma latente pero a la vez con extrema suavidad, como si no quisiera lastimarme, fue demasiado para mí. Algo muy dentro de mí que había estado iniciando y a la vez ocultando, al fin estalló con un potente rugido abrasador. Por acto reflejo eché mi cabeza hacia atrás y sin poder detenerme, aunque tampoco estaba segura de que hubiera querido hacerlo de todas formas, me permití soltar un sonoro gemido de deleite que podía apostar que Stefan había logrado escuchar a la perfección. Cerré los ojos con fuerza al tiempo que pequeñas lagrimitas trataban de escapar por mis párpados. Sencillamente aquella era mucho más de lo que un ser humano podría soportar. Me aferré con más fuerza a sus brazos y un tibio hormigueo nació en mi vientre y se extendió a mi entrepierna, haciendo que por instinto cerrara mis piernas e hiciera una pequeña fricción entre mis muslos, deseando que la sensación desapareciera.
Quería decirle que parara con aquella tortura, pero temía que si separaba los labios lo único que fuera a escapar por estos fueran jadeos, y eso sólo conseguiría sentirme aún más avergonzada de lo que por sí ya me sentía.
Y todo se detuvo de repente, sus caricias cesaron mas no así el ardor propagado en todo mi cuerpo ni aquella necesidad de ser saciada... ¿Pero de qué? No podía entenderlo con exactitud. Era un mar de confusión: quería que se detuviera pero a la vez deseaba que prosiguiera, que nunca se apartara de mi lado. Todo aquello era una locura, ¿no?
Le miré, con la respiración agitada. ¿Qué era lo que deseaba de mí? ¿Qué era lo que sus ojos buscaban en los míos? ¿Aprobación? A pesar del torbellino de sensaciones y emociones que en ese momento me arrasaba por completo, haciendo que olvidara quién era yo, le sonreí con dulzura y al fin solté sus brazos para tomar su rostro entre mis manos.
-Te quiero Stefan -musité con sinceridad y ternura antes de besarle suave y fugazmente en los labios- Si hago algo que no te gusta... ¿Me dirás? -la duda se dibujaba en mi expresión, pero aún así no me detuve y me incliné para saborear la tersa y a la vez fuerte piel de su cuello, cerda de su clavícula. Inicié con tímidos besos que poco a poco pasaron a ser lamidas tentativas y, finalmente, más intensas acompañadas de ligeros mordisquitos. Al tiempo, mis manos le recorrían su torso desnudo, explorando cada centímetro de su piel mientras descendían con toda la clara intención de llegar a su miembro, pero al sentirle su erección por encima del traje de baño me asusté y me aparté, rápidamente bajando mi vista para corraborar lo que había tocado y tragué saliva antes de alzar nuevamente mi rostro para mirarle con un poco de temor. Aquello era demasiado...
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Mensaje por Stefan Dermot el Jue Nov 05, 2015 6:48 am

-¿Algo que no me guste? -pregunté con una ceja arqueada, antes de que mis palabras se vieran interrumpidas por un suave suspiro. Ciertamente me gustaba sentir como recorrías mi piel con tus labios, primero con besos tímidos y luego con pequeños mordisquemos que hacían que me erizara por completo a causa de lo agradable que eran esos mimos-. Lo encuentro…un poco complicado, porque no imagino que pudieras hacer algo que no fuera de mi completo gusto, hermanita…

Dejé que tus manos recorrieran mi cuerpo…disfrutando de ello, en especial cuando llegaste a mi traje de baño (el cual no era capaz de ocultar mi notoria erección)…pero entonces, ¡Te apartaste de pronto! Lo primero que expresó mi rostro fue confusión, pero al notar como me mirabas, lo entendí todo al instante.

-¿Qué es lo que te da miedo, Janice? ¿Lo que puedes hallar bajo mi traje de baño…o que no vaya a gustarme lo que tenías pensado hacer? Porque si es lo primero…no tienes que preocuparte, no va a morderte -te sonreí con travesura, divertido a causa de mi propio comentario-. Y si es lo segundo…como dije antes, sería más fácil que le tomara asco al helado o a que me salieran antenas. Estaba deseando mucho que llegaras a esa parte mía -bajé un poco mi rostro para darte un beso cariñoso en la frente, con la intención de inspirarte confianza y calor.

Bajé mi traje de baño hasta quitármelo, quedando de esa forma completamente desnudo frente a ti. Mi miembro se hallaba endurecido y erecto, y bien educado como lo tenía, ciertamente se había levantado ante la dama a la que yo quiero. No mentiré: tampoco soy un superdotado, como muchos hombres suelen cacarear, pero me parecía que tampoco estaba mal. Al final de cuentas, quien debía hacer esa evaluación era mi amada hermanita.

-No te sientas presionada, Janice -esperaba que la primera impresión no fuera mala, pues la idea no era reemplazar la excitación con temor o incomodidad-. Podemos ir tan lentamente como haga falta, pero puedes tocar tanto como quieras y del modo que prefieras…-tomé tu diestra con gentileza y la guie hasta mi herramienta, dejando así que lo tomaras y lo sintieras. Por mi parte no pude reprimir un placentero suspiro, con que empezaras a hacerme el menor estímulo seguramente iría directamente al cielo-. Claro que si quieres pasar directamente a probarlo con tu boca, no voy a ser yo quien se queje…
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Mensaje por Janice Dermot el Vie Nov 13, 2015 6:03 am

Escuché cada una de las palabras de Stefan y en determinado punto tuve que desviar mi mirada a otro lado que no fueran sus ojos o cuerpo, porque el sonrojo era ya más que evidente en mí y saberlo me causaba aún más vergüenza. Eso, sin sumarle el significado de todo lo que mi hermano estaba diciendo, no quería ni evaluar la situación o terminaría más agobiada que una tetera en su punto máximo de presión. Y es que se trataba de un terreno del cual no tenía ni el más mínimo conocimiento, me era totalmente ajeno y eso sólo conseguía que me tornara cada vez más nerviosa. Odiaba ser una inexperta en estos temas, pero las cosas estaban así.
-¡Stefan! -le reproché, totalmente avergonzada ante la insinuación de que aquello no era una bestia que me pudiera morder. ¡Eso ya lo sabía! Pero no era precisamente eso lo que me preocupaba... Sin previo aviso sentí sus cálidos labios rozar mi frente y parpadeé con ligero asombro, retornando una vez más mi mirada a la de él, sin saber muy bien cómo debía actuar o qué era lo que se suponía que se esperaba de mí en estos casos. Claro era que nunca se quejaría aún sí llegase a cometer algún error, y eso era lo que me preocupaba, que no fuera sincero conmigo. Tragué saliva con fuerza cuando sentí cómo conducía mi mano hacia su miembro y no pude evitar cerrar los ojos con fuerza, a la espera de que aquel contacto se hiciera realidad. Mis dedos ligeramente temblorosos se toparon contra su dureza y a punto estuve de soltar un gemido ahogado ante la sensación. ¡Estaba tan cálido y firme! Mi cuerpo tembló ligeramente, mezcla por el deseo y por el temor, cuando muy lentamente comencé a deslizar la punta de mi dedo índice por toda la extensión de aquella parte específica de su anotomía. Poco tiempo después, una vez explorado aunque fuera superficialmente el terreno, lo encerré con suavidad en mi mano para así comenzar a hacer pequeña fricción- Es demasiado grande... -musité estranguladamente, totalmente roja por la pena, antes de mirarlo con los latidos acelerados ante su última sugerencia- ¡Stefan! -exclamé una vez más a modo de amonestación- ¿C-c-cómo cre-es que y-yo...? -la voz comenzaba a fallarme, totalmente temblorosa ante la idea. Involuntariamente mi mirada se posó en su entrepierna y sentí que mi corazón estaba a punto de salir de mi pecho. ¡Aquello era demasiado para mí! Pero a la vez no quería defraudar a mi hermano, deseaba estar lo más unida a él, de todas las formas y en todos los ámbitos posibles. Porque lo amaba, quería complacerle incluso en la más mínima petición. Volví a tragar saliva y de manera sutil realicé un asentimiento de cabeza- S-sí... si es lo que quieres, entonces... eso haré -musité muy quedamente, evitando a toda costa mirarle directamente.
Con un suave movimiento lo empujé hacia la orilla, allí donde el agua no pudiera cubrirle. Hice que se recostara sobre esta de manera que su cadera quedara a una altura aproximada a mi rostro. Le miré fijamente, como si aquello en cualquier momento me fuera a devorar. Contuve momentáneamente la respiración en mis pulmones, a modo tonto de darme valor a mí misma y contener así los nervios, y aparté los mojados mechones de mi cabello que se adherían a mi rostro para colocármelos atrás de las orejas. Sólo por unos segundos miré de refilón el rostro de mi hermano pero antes de que fuera capaz de descifrar la expresión que este mostraba rápidamente abrí parcialmente los labios y tomé la punta de su miembro con estos. Cerré los ojos con fuerza, ahogando un gemido, y de forma dubitativa deslicé la punta de mi lengua sobre la superficie del mismo al tanto que con mi zurda rodeaba la base de su erección y con la diestra me aferraba a su cadera. Tenía un sabor demasiado fuerte como para ser descrito, pero no deseaba pensar en aquello o terminaría retractándome de mis acciones, y no podía hacer eso. No cuando ya estaba a medio camino. Solté un ligero jadeo, le introduje un poco más en mi boca, succioné y comencé aquel vaivén lento y tortuoso, producto principalmente de mi inexperiencia antes que de un deseo por querer torturar a Stefan de aquella manera.
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Mensaje por Stefan Dermot el Miér Feb 24, 2016 8:55 am

No había palabras para describir lo que acababa de pasar. Lo primero que se me escapó fue un…

Oh…cielos…

Muy entrecortado, por cierto. De hecho, primero se me había ido el aliento, cuando mi hermana recién empezó a introducir mi endurecido miembro en su boca. En términos estrictos y puramente científicos, la sensación era cálida y húmeda a la vez. En mis propias palabras: se sentía realmente maravilloso. Tan así que se me escapó un suspiro al empezar ella a succionar.
Éramos un par de inexpertos, claro. Se trataba de nuestra primera vez, así que era normal que no todo iba a salirnos perfectamente al primer intento. De cualquier forma, muy difícilmente iba yo a quejarme de lo que Janice me hacía.

-Lo haces…increíble, hermanita…-el vaivén de su cabeza era algo lento e inseguro, por lo que quise darle ánimos-. Sigue así, por favor…-apoyé suavemente una mano sobre su cabeza, y dejé que mis dedos se entrelazaran con sus cabellos. Lejos de sujetarle y de guiar sus movimientos, permití que ella fuera a su ritmo. ¿Pensaría ella que me estaba torturando? Era realmente todo lo contrario.

Cerré los ojos y traté de relajarme, así como estaba recostado en la orilla, y simplemente dejarme llevar. Mi cadera se empezó a balancear ligeramente, acompañando a los movimientos de mi hermana, de manera que mi pene llegó a introducirse un poco más en su boca. Me encantaba sentir como lo bañaba con su saliva, y como lo metía y sacaba de su cálida boca con cada succión.

-Mmmm…-me mordí el labio inferior, ahogando un gemido placentero. No me salían muchas palabras, y las pocas que conseguía articular eran casi ininteligibles-. Me estás haciendo…el chico más feliz del universo…aahh…Janice…

¿Sonaba a que estaba exagerando? Pues no era así. Pronto dejé de molestarme en ahogar mis exclamaciones y gemidos de placer, ¿Quién iba a escucharnos ahí? Y además…¿Por qué evitar que mi hermana escuchara lo bien que me hacía sentir?

Noté que poco a poco mi hermana iba perfeccionando la “técnica de Janice para chupar penes” (o mejor dicho…”mi pene”, porque no estaba dispuesto a compartir a Janice con nadie), y cada una de sus succiones me hacía estremecer y sentir en el paraíso. Simplemente…no quería que parara. Pero aquello no era físicamente posible para ninguno de los dos, como mi cuerpo no tardó en recordarme.

-J-Janice…-mi respiración se había agitado, y mi erecto miembro empezó a palpitar levemente dentro de la boca de mi hermana. Tal y como si fuera un cliché de película para adultos, quise avisarle de lo que iba a suceder, pero las palabras me traicionaron y no acudieron a mí-. Janice…Aahh…-entonces ocurrió lo inevitable. Terminé por venirme dentro de su boca, suspirando su nombre una vez más. Fueron unos segundos de indescriptible placer en los que derramé toda la crema hecha en casa, por así decirlo.

Entreabrí los ojos y observé a Janice, quien tenía los cachetes inflados como si estuviera conteniendo la respiración. No pude evitar esbozar una sonrisa picaresca antes de colocar la cereza en el pastel, esperando no estar aprovechándome demasiado de la inocencia de mi hermana menor.

-Ahora…Tienes que tomártelo, Janice. Lo que…has recibido en tu boca, quiero decir –no quería recurrir a algún término absurdo como decirle “leche”, porque evidentemente no lo era, pero “semen” tampoco sonaba muy bien que digamos-. En realidad hace bien a las chicas y…es mi deber como tu hermano asegurarme de que tomes lo suficiente –con eso dejaba claro que estaba jugando con ella, pero demonios…tendría que mentir si no dijera que deseaba verla tragarlo. ¿Por qué exactamente? No sabría explicarlo. Cosas de chicos.
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Mensaje por Janice Dermot el Dom Abr 03, 2016 4:37 am

Se sentía raro, y era muy incómodo tener algo de aquellas proporciones dentro de la boca, sobre todo cuando este se deslizaba un poco más profundo con cada uno de los pequeños envites que mi hermano proporcionaba con su cadera. Cerré los ojos, sintiendo cómo las lágrimas se agolpaban por detrás de mis párpados ante las náuseas que aquello me provocaba. Era demasiado, pero tenía que resistir... por Stefan, porque él así lo deseaba y escucharlo gemir de aquella manera, a causa mía y sólo mía, compensaba cualquier cosa desagradable que tuviera que padecer. Porque yo había nacido para hacerle feliz, nada más.
Con timidez, pero envalentonada por el gozo que mi gemelo hacía notar con aquellos ruidos que me hacían estremecer, comencé a jugar con la lengua sobre la punta de su miembro al tanto que seguía con aquella succión inexperta, pero cada vez más constante en cuanto los jadeos ajenos me hacían atreverme más. Incluso llegó un punto en el que creí que aquello no era malo, y comenzaba a encontrarle un placer propio hacerlo... hasta que todo se derrumbó como un castillo de naipes ante un viento huracanado. La sensación de aquel espeso líquido en mi boca era indiscriptible... no, en realidad sí podía ser descrito con una palabra: asqueroso.
Mas no supe qué hacer, abrí los ojos y apreté los puños con fuerza, conteniendo la apremiante sensación de devolver el estómago al tanto que aquel líquido aún se mantenía en mi boca, ardiente. Inflé las mejillas a causa del mismo y la impresión que me causaba. Quise vaciar por completo mi mente para no ser capaz de percibir aquel fuerte sabor que comenzaba a invadir en mis papilas gustativas. Necesitaba escupirlo, a como diera lugar.
Cuando mi mirada se cruzó con la de mi compañero, y este afirmó en voz que deseaba verme tragarlo, me vi totalmente perdida. T-t... ¡¿Tragarlo?! ¡Imposible! Mi mirar se mantuvo aún fijo en el de él, las arcadas eran más insistentes... pero no podía rendirme ante aquel brillo en las orbes contrarias, no podía. Amaba a mi hermano y deseaba complacerlo en todo, de allí que hubiera hecho todo hasta ahora... y no sería justo que me negara a hacerlo ahora, en la recta final. O en la que yo creía la recta final.
Y sin más, tragué.
Sólo una parte, porque por impulso de mi cuerpo y no mío tuve que girar sobre mi propio eje y devolver lo que aún se mantenía en mi boca sobre la superficie del agua. Comencé a toser y a farfullar, sintiendo que mi estómago se revolvía. Había sido... la peor experiencia de mi vida. El sabor... y el olor que también expedía... lo repudiaba. Me llevé una mano temblorosa a los ojos, secándome las lágrimas que habían quedado atrapadas entre mis pestañas oscuras debido al esfuerzo. No volvería a repetir aquella experiencia, al menos no la culminación de aquello.
Volví a encararme a mi hermano, mostrando una expresión que era muy difícil de descifrar; ¿qué era lo que reinaba más en ella, la rabia contenida o el pesar de no haber cumplido con mi misión de satisfacerle?
-L-lo siento... n-no pude, es realmente asqueroso. ¡No vuelvas a hacer que trate de tragarlo de nuevo! Quizá tú no lo has probado, pero sabe mal y su consistencia es desagradable en el interior de mi boca. Y no porque creyera tu mentira de que hace bien, sino porque... r-realmente quería cumplir tus deseos y ver tu expresión de felicidad... -dejé que mi voz muriera con lo último y desvié la mirada hacia otro lado, sin saber aún si sentirme molestia o triste.
Aunque el color rojo retornó una vez más a mi rostro al recordar los gemidos pasados de mi hermano... las reacciones involuntarias de su cuerpo. Eso sí había sido exquisito y deseaba volver a causarle un placer semejante. Retorné mi mirada una vez más a él, sólo por un segundo, antes de inclinar mi rostro hacia la parte expuesta de su vientre y comenzar a dejar un reguero de besos sobre su piel, de forma ascendente, hasta llegar a su tetilla.
Sólo dudé un segundo, al siguiente ya estaba deslizando mi lengua sobre esta en busca de volverlo hacer que sucumbiera.
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Stefan Dermot el Mar Jul 26, 2016 9:05 am

Me sentí avergonzado. ¡Muy avergonzado! Escuchar las palabras de mi hermana y ver las lágrimas en sus ojos hizo que de pronto me arrepintiera de lo que le había pedido.
Quizás (no, ¡Seguramente!) había pecado de ingenuo, creyendo que todo iba a salir como esperaba. Había aprendido, no de la mejor forma, que la realidad era muy distinta a lo que mis fantasías me habían hecho creer.

-Janice…-empecé, queriendo disculparme. Tragué saliva, y miré hacia abajo, apenado. Mi actitud de travesura y de perversión habían dado paso a un gesto de preocupación. Por mucho que hubiera sido el placer sexual, no me alegraba haber dado un mal momento a Janice-. ¡Lo siento! -sabía que las disculpas no iban a solucionar nada por sí solas, pero antes de que pudiera hacer algo más, ella empezó a repartir suaves besos en mi vientre, subiendo lentamente hasta llegar a mis tetillas, las cuales comenzó a lamer-. Umm…-suspiré, y mis palabras se interrumpieron. Era una sensación agradable, y además…me sentí aliviado de que mi hermana no hubiera quedado muy afectada por la experiencia.

Estaba deseando hacer que sucumbiera nuevamente…Y lo iba a lograr, de eso no me cabía la menor duda.

-Janice…-musité nuevamente, pero con dulzura esta vez-. Yo también quiero cumplir tus deseos y ver felicidad en tu rostro. Y placer. Y mucho más…-la tomé por el mentón con gentileza y bajé mi rostro para poder besarla en los labios de manera sutil y cariñosa-. Si algo no te gusta, puedes decirme…¿De acuerdo? Y de la misma forma, si hay algo que te guste y que no quieres que deje de hacer…con mayor motivo, no dejes de decírmelo -le susurré con suavidad.

Acaricié su rostro con mi diestra, dejando que mis dedos rozaran gentilmente su mejilla, y después recorrieran sus cabellos delicadamente. Nuestros besos anteriores habían sido fugaces y tímidos, por lo que ahora aumenté la intensidad. Solo un poco más. Besé a mi hermana con calidez, y un mayor deseo que antes. Entonces, fui un paso más allá…y dejé que mi lengua empezara a juguetear con la de ella. Sin querer presionarla, esperé alguna reacción de Janice antes de continuar. Puede que hubiera empezado con el pie izquierdo, pero estaba más que decidido a enmendar el traspié y que la primera experiencia sexual juntos fuera algo digno de recordarse.
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Re: Un merecido descanso (Priv. Janice Dermot) [+18]

Mensaje por Janice Dermot el Sáb Ago 13, 2016 7:06 am

No entendía el porqué se disculpaba, si la que no había cumplido la misión de satisfacerle había sido yo. Cerré los ojos, ignorando esa voz cargada de pesar que provocó que la culpabilidad hiciera mayor mella en mí. Sabía que eso sucedería, que mi hermano se sentiría decepcionado conmigo... por no ser la amante perfecta. Pero en verdad que quería serlo para él, poder cumplir cada capricho suyo y a la vez yo sentirme satisfecha al saber que mi hermano era feliz gracias a mí. Saber que yo y sólo yo era capaz de arrancar esos gemidos de su boca que aumentaban mi propia excitación a la vez.
Dejé su tetilla cuando él instó a que alzara mi rostro hacia él, y tragué en seco, a pesar del sabor desagradable que aún reinaba en mi boca, al sumergirme en aquella mirada tan parecida a la mía, pero distinta a la vez. ¿No estaba enojado conmigo o decepcionado? Mi corazón dio un vuelco en el interior de mi pecho cuando sentí aquellos labios rozar los míos con dulzura, embriagándome de la calidez de mi querido hermano gemelo.
-T-tú ya me haces feliz, Stefan... -susurré tímidamente, abriendo los ojos una vez más para contemplarle. Y era verdad, me sentía dichosa de tenerlo a mi lado, de poder compartir un momento tan íntimo como el de ese instante. Quería que él se sintiera igual de bien como yo me sentía cada que podía sentir su cuerpo contra el mío, su presencia protectora cercana a mí. Esto era más que suficiente para hacerme la chica más radiante de toda la isla...
Pero tampoco iba a negar que el ser merecedora de los mimos ajenos aumentaba mi felicidad, a la vez que esos estremecimientos desconocidos pero para nada desagradables que recorrían mi cuerpo. Volví a cerrar los ojos y le correspondí al beso, sintiendo cómo el aliento se me escapaba ante la intensidad dada al mismo por el pelinegro. Era la primera vez que me besaba de aquella forma tan profunda, y con ligeros titubeos debido a la inexperiencia comencé a seguirle al juego y ritmo de nuestras lenguas entrelazadas, sintiéndome enrojecer al instante. Acuné el cuello contrario con mis manos, aprovechándole a la vez como soporte, mientras ese beso duraba. En algún punto comencé a friccionar mis muslos al sentir un calor desconocido en mi vientre bajo, buscando de esta forma sosegar esa reacción involuntaria de mi cuerpo, pero no estaba resultando en lo más mínimo, sino todo lo contrario... podía sentir humedecer mi entrepierna, y esto nada tenía que ver con el agua en la cual nos encontrábamos aún sumergidos. ¿Qué sería aquello? ¿Mi hermano se estaría sintiendo de la misma forma? Mis pezones punzaron de forma curiosa y casi dolorosa, como si estuvieran reclamando atención.
En cuanto fue necesario jalar oxígeno, interrumpiendo así aquel arrobado beso, por acto reflejo fui a esconder mi rostro en el cuello de mi hermano, sintiéndome enrojecer todavía más.
-M-me desagradó el sabor... pero me gustó mucho escucharte gemir gracias a mí... -susurré contra su piel, sincerándome de esta forma-, también me gustan mucho todos tus besos y caricias, pero sobre todo la forma en la que me acabas de besar. Eso hizo que... que mi cuerpo reaccionara de alguna forma -como para dar mayor énfasis a mis palabras, volví a mover mis muslos contra sí-. Siento mucho calor entre mis piernas y no sé cómo calmarlo... -casi lloriqueé al final, muerta de la pena.
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