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Beneath Crescent Moon Hollow (Priv. Niahm)

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Beneath Crescent Moon Hollow (Priv. Niahm)

Mensaje por Alexei Reljan el Miér Ene 11, 2017 5:51 am

La cena estaba lista para cuando Andrei saliera de bañarse a las 2000, lamentablemente hoy no podría hacerle compañía porque mi contra-turno empezaba en menos de 15 minutos; acabé de colocarme el uniforme y las armas reglamentarias del Escuadrón, para cuando estuve listo, subí las escaleras para despedirme.


-Ya me voy… La cena está lista; acuéstate temprano que mañana tienes escuela. –Clamé desde el lado de afuera del baño, recibiendo un “Buena Suerte” en respuesta.

Salí de casa con destino al sitio donde se había convocado a mi grupo esa noche. Nuestra misión en esta oportunidad, consistía en desalojar un antro de juego ilegal, contrabando y prostitución.

No era la primera vez que se me había encomendado esta clase de tareas, y siempre encontraba reconfortante limpiar el mundo de la escoria que lo habitaba, sin embargo en muchas ocasiones había un par de incautos celebrando en el club sin estar enterados de las maniobras inmorales que se llevaban a cabo tras bastidores. Al final, como todo en esta vida, pagaban justos por pecadores; pero yo no estaba allí para preocuparme u ocuparme de los daños colaterales; tenía una orden concreta de mis superiores y la ejecutaría con la eficacia y precisión más absoluta de la que fuera capaz.

Al llegar al punto de encuentro concreté con mi brigada los términos del procedimiento y el rol de cada uno de ellos durante el operativo.

-¿Todos tienen claro lo que les toca hacer?-Recibí una respuesta afirmativa de cada uno de ellos y cuando estuve totalmente seguro de que no restaba ningún cabo suelto, el operativo comenzó.

Mi soldado de menor rango, el Sargento Bauer ingresó al recinto camuflado como civil, por el intercomunicador inalámbrico escuchamos el informe de la situación dentro del club.

Con un panorama más claro de nuestra  postura frente al paradigma que se nos presentaba, realicé una cuenta regresiva con los tres dedos centrales, a la que le sucedió un gesto de avance con el brazo derecho; entonces el resto del escuadrón irrumpió en el local levantando sus armas mientras exigían calma al público.

Con el paso ligeramente aletargado, sucedí su marcha, ingresando último y cerrando la puerta  a consciencia detrás de mí.


-Lo siento… esta noche no podemos permitir que nadie se escape. –Sonreí con la satisfacción del deber cumplido mientras usaba el lenguaje gestual cifrado para ordenar a mis Teniente y Sargento que cubrieran el terreno con sus unidades a fin de asegurar cualquier salida de emergencia.


-Mantengan el control aquí abajo… Yo subiré a desalojar arriba; no me quiero perder las caras de nuestros huéspedes.

Mis pasos se volvieron más firmes mientras avanzaban hacia arriba haciendo rechinar las escaleras, el volumen aturdidor de la música de seguro no había permitido que el escándalo de abajo alertara a la gente arriba porque todo parecía funcionar con normalidad.

Sin perder mi ritmo me encaramé hacia un reservado que, de seguro, ocultaba algo interesante… Lo confirmé cuando un enorme guardia se interpuso entre la puerta y mi avance, impidiéndome ingresar.

-Solo invitados, Niño –Me gruñó con cierto enojo, me resultó entretenido… Mucho, muy entretenido. En un gesto amigable posé ambas manos en cada uno de sus hombros y con la mejor de mis sonrisas levanté mi rodilla izquierda y con toda la fuerza de mi pantorrilla le aplasté los testículos de un rodillazo, provocando que cayera hacia adelante, nauseabundo y sin habla, se desplomó perdiendo todo el equilibrio mientras se retorcía como un gusano clavado en un anzuelo, tratando de maldecirme con la voz que no era capaz de conjurar.-


-Mejor quédate quieto…  Ya tendremos tiempo de conversar durante el interrogatorio.-Le escupí sin ninguna emoción en la voz avanzando hacia la entrada que había capturado mi interés.-Buenas noches... –Sonreí mientras asomaba mi cabeza hacia el cuarto, consiguiendo ver a un pequeño grupo de hombres con pintas de matones, reunidos en torno a una mesa en la que se apilaban montañas de dinero.

Ante mi irrupción, dos de ellos se pararon apuntándome con sus respectivas armas.


-¿Quién eres tú? Está prohibido pasar… ¿No te lo dijo el guardia? –Bramó hacia mí el más bajo de aquel par singular-

-Oh… Con respecto a eso…-Dejé que la puerta se abriera por completo detrás de mí, para permitirles observar la imagen de aquel hombre temblando en el suelo- Creo que solo… tuvo la cordialidad de dejarme pasar…

-¡Maldito!- Gritó esta vez el restante hombre en pie quitando el seguro de su revolver, mientras los tres que aún estaban sentados se incorporaban.-

-En serio no quieres hacer algo tan estúpido…-Se escuchó un estallido y la luz de la chispa del cañón destelló frente a mí; en una milésima de segundo mis sentidos se agudizaron; aún a través de la escandalosa música el disparo resonó con violencia y pronto toda la planta superior se llenó de revuelo.

La bala surcó el espacio vacío entre el agresor y mi cuerpo, con un movimiento fluido logré esquivarla lo suficiente como para que apenas me hiriera el brazo.

-Fue la decisión más ridícula que pudiste tomar.-No le di tiempo a él ni a ningún otro de ejecutar una nueva descarga. 

Enseguida estaba frente al atacante y conseguí noquearlo de un golpe seco en la nuca, cuando cayó su cuerpo inconsciente sobre mí, aproveché ese margen de tiempo para usarlo como escudo de los demás ataques antes de arrojarles el “peso muerto” del hombre a otros dos, los restantes miembros del grupo vinieron sobre mí, blandiendo cuchillos de distintos largos; sencillamente barrí sus pies con un limpio movimiento del talón, todos cayeron torpemente los unos sobre los otros, más disparos se escucharon, uno hizo estallar la única tenue bombilla que iluminaba aquel cuarto; en la perpetua oscuridad mis pupilas se rasgaron de manera vertical volviéndose un denso hilo negro dentro de los irises púrpuras, sin embargo podía distinguir cada una de las formas en la oscuridad, solo era una ventaja para mí.

Desenvainé mi propia espada, el filo silbó en el aire mientras usaba la empuñadura para golpear a cada uno de ellos en puntos estratégicos.

Segundos después me encontraba rodeado de las estructuras humanas exánimes dispersas en el suelo.

-Les dije que era algo estúpido… -Suspiré cansado volviendo a envainar mi sable. Tan solo habían transcurrido tres minutos desde mi irrupción en aquella habitación.  

Salí de allí con el paso tranquilo, en el pasillo la figura de un hombre de mediana edad con el torso desnudo, los pantalones subidos sin terminar de abrochar, y la evidencia de una reciente erección en proceso, me increpó de frente.

-¿Tú eres el que está armando todo este lío?- Me empujó furioso por el pecho.

-Repugnante…-La comisura de mi labio izquierdo se alzó en un gesto de indignación. Sin inmutarme alcé  la pierna violentamente hasta la altura de su cuello y le propiné una patada allí mismo; el tipo salió volando hasta impactar con una pared, por el rabillo del ojo distinguí que se encontraba inconsciente; un fino hilo de baba y sangre se precipitaba grotescamente desde el costado de su boca hacia su hombro, sus ojos estaban entreabiertos, pero tenía la certeza de que aún respiraba.

Detrás de sí, el hombre había dejado una puerta semi-abierta; estaba más que claro lo que había sucedido allí dentro. Aún si lo hubiera querido, mi trabajo no me permitía ignorar el detalle; sin ningún cuidado sobre la intimidad de quién o quiénes se hallaran allí dentro, mi mano terminó de deslizar la puerta hacia adentro; mis pupilas familiarizadas con la oscuridad se ensancharon apenas, acostumbrándose al rayo de la luna que recortaba la pálida figura femenina envuelta en sábanas blancas, sábanas a las que su piel y el blanquecino cabello no tenían nada que envidiarle.

La imagen en mi mente fue la de un cristal de nieve… Quizás una aparición… Eso era, una especie de aparición debajo de la luz plateada que la desdibujaba sobre aquel lienzo vulgar. No avancé más, desde el umbral me limité a presionar la herida reciente en mi brazo, con la mano opuesta; mientras contemplaba aquella escena que, tan familiar como era para mí, me resultaba completamente desconcertante.


-Vístete, Mujer…  Se acabó la hora de jugar… -Las palabras salieron inexpresivas, pero aún mis ojos dolían ante la refracción repentina de tanta luz blanca… aún mi mente se encontraba aturdida ante el debil recuerdo de esa silueta tan frágil… aún mi garganta se encontraba seca por la imagen que recrudecía en mis sentidos provocando reacciones indescifrables.
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Re: Beneath Crescent Moon Hollow (Priv. Niahm)

Mensaje por Niahm Daems el Lun Jul 24, 2017 5:20 pm

Aun era pronto. Realmente pronto, tanto que su trabajo debería de haber sido aún de camarera o bailarina y no de scort como tal. Quizás... sí, hubiera preferido ser scort sólo de compañía. No habría estado mal, un viejo hombre deseoso de presumir de mujer a su lado pero sin dinero suficiente para pagar todos sus servicios. Ah...eso habría sido mejor. Pero no tenía voz ni voto a quejarse.

Sus pasos se dirigieron a una de las plantas superiores dispuestas a tener mayor 'privacidad' y, nada más la puerta se cerró tras sus pasos y los del hombre que la acompañaba, la acción empezó.

Era ya un hábito saber que cada noche prácticamente acabaría con la ropa tirada en algún rincón, el cabello revuelto y unas imperiosas ganas de ducharse. Sí... era ya una rutina, un hábito a seguir. Pero esa noche pareció ser diferente. Sí, sería diferente.

Ya que nunca había estado en medio de una redada. Y por supuesto, no se iba a esperar una precisamente esa noche. Por eso cuando un tiro hizo que el ambiente se cortara como un papel ante una tijera, acabó por erguirse un poco con los blancos cabellos cubriendo su torso desnudo como una escueta prenda mientras aquel hombre le gruñó un "Quédate aquí quieta" y salía de la habitación que estaba en penumbra absoluta. ¿Realmente había escuchado un disparo?

Pero pronto llegó su respuesta tras el estruendo que pudo suponer que sería el de una pelea o, en su defecto, el de una mole de carne chocar contra una pared y, por la puerta entreabierta vio pasar a un hombre uniformado con un traje de militar y que se cubría un brazo que, por lo que pudo intuir por lo que le permitía su visión, estaba herido. Lo observó con una mezcla de desconcierto y duda, sin entender muy bien qué diablos hacía allí un poli, pero no tardó en entrecerrar su mirada por cómo se había dirigido a ella, como la mirada de una bestia a punto de gruñir para advertir que no estaba de broma. - Estarás jugando tú, yo me estaba ganando el sueldo, imbécil - Si él no la iba a tratar con respeto, ella no lo haría tampoco, y ni la amenaza de que fuera alguien de la ley le haría cambiar al respecto.

Y tirando de la sábana con suficiente fuerza para que ondeara unos instantes antes de envolverla sobre su figura, se incorporó y se acercó a donde reconoció que estaba su corsé de tonos medianoche, aunque tenía la duda de cómo diablos se lo iba a poner de nuevo rápido. Porque a pesar de todo no pensaba que ese hombre fuera a tener paciencia para que una mujer se colocara como era debido un corsé y todo lo que aquello conllevaba. - ¿Qué? ¿Vas a quedarte ahí como un baboso mirando mientras me visto o puedo vestirme en paz sola? - Le espetó poco después, mirándole de reojo por encima del hombro mientras sostenía la prenda en una de sus manos y buscaba los ajustados shorts que lo acompañaban.
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