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Por las buenas o por las malas... Aunque parece que será por las malas (Priv. Dai)

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Por las buenas o por las malas... Aunque parece que será por las malas (Priv. Dai)

Mensaje por Sven Bondevik el Sáb Ene 07, 2017 8:05 pm

Desde que había entrado en aquel imponente edificio mi humor no parecía ni remotamente agradable; mis padres me habían escoltado hacia la dirección para reunirnos con el comité informativo para ponerme al tanto de los deberes inherentes a mi nuevo rol como sirviente.

Cada vez que escuchaba aquella palabra un nudo se me contraía en la garganta, no podría haberme sentido más humillado si en medio de un concierto de gala me hubiera orinado mientras tocaba el piano. Aún así no podía hacer más que tragarme mi frustración como si fuera un bolo alimenticio pésimamente triturado.

Ni bien aquella pesada charla concluyó, se me indicó el cuarto donde me hospedaría de ahora en adelante y quién sería la persona a quien debería tratar como Ama de ahora en adelante.

Luego de la tediosa conversación seguí adelante por mi cuenta, me retiré de aquel recinto y seguí el plano hacia la residencia de mujeres, una vez allí ignoré por completo a la recepcionista que pretendió que me anunciara con ella.

Estaba por demás furioso y hastiado; no era capaz de acreditar el encontrarme en una situación como esta ¿Qué clase de padres tenía yo que eran capaces de arrojarme a los leones de esta manera despiadada, y por encima a través de un chantaje inescrupuloso?

De no haber sido porque Ragnar saldría bien librado a través de este sacrificio indigno, ya habría salido pitando de aquí; para colmo de males se me había asignado a un recinto sobrepoblado de mujeres ¿Cómo se suponía que sobreviviera solo en medio de la tormenta hormonal cuando lo único que sabía sobre chicas era que cuando lloraban se les daba chocolates y luego de ingerirlo lloraban todavía más por la culpa de engordar?

Lo tristemente irreversible de todo el asunto solo contribuía a que mi mal humor creciera de manera exponencial; ya estaba en el baile y mi única alternativa era bailar… aunque fuera con el más feo.

Continué mi recorrido escaleras arriba, ignorando las miradas cargadas de reserva que me dirigían las residentes de la mansión; estaba claro que mi actitud aún tan propia de la Pandilla y el look gamberro, no ayudaban a parecer amigable; aunque tampoco era mi interés serlo… De hecho mientras más lejos se mantuvieran las chicas de mí, sería mejor para todos.

Llegué a la primera planta, donde se me había puntualizado que se encontraba la habitación de mi futura Ama: Dai BelleRose. Mis ojos recorrieron las numeraciones de las diferentes puertas hasta que, finalmente di con la que estaba buscando.

Ni una sombra de duda atravesó mi mente cuando abrí de golpe y porrazo la entrada del cuarto, chocándome con la imagen de una chica envuelta únicamente en una toalla mientras secaba su cabello castaño, largo y liso con otro toallón mientras me miraba perpleja y algo, que no pude descifrar si era furia o vergüenza, comenzó a enrojecerle el semblante.


-Mujer… ¿Tú eres BelleRose? De lo contrario tendré que desalojarte del cuarto de la Maestra… -Clamé con seriedad mientras me tronaba los dedos con la palma de la mano opuesta, en un gesto muy típico de los ajustes de cuentas entre pandillas.
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Re: Por las buenas o por las malas... Aunque parece que será por las malas (Priv. Dai)

Mensaje por Dai BelleRose el Jue Jun 15, 2017 11:50 pm

Aquel día pintaba para ser largo, no sólo por las horas escolares sino también porque me tocaba trabajar, y con el horario más pesado de la semana. No tenía de otra salvo resignarme, así que me levanté como ya había acostumbrado mi rutina y realicé mis labores matutinos como siempre: me bañé en menos de quince minutos, como ya lo hacía desde que era adolescente, y salí a la habitación con mi cuerpo envuelto en una de las toallas, mientras que con la otra comencé a frotar mi cabellera castaña, frente al espejo, para verificar el proceso. En mi mente estaba concentrada con todos los pendientes y obligaciones que tenía para hoy, organizando mi horario de la forma más provechosa posible y tratando de recordar si había realizado todos mis deberes de aquel día. Mi primera clase iniciaba en una hora y aún no había desayunado nada, pero tomando en cuenta que ya había tenido que pasar con anterioridad mañanas sin probar bocado, no sería difícil saltarse esa hora de la comida.
En esto estaba, con la mirada amielada fija en mi propio reflejo, cuando la puerta de mi habitación se abrió de par en par y sin un previo llamado que anunciase dicho acontecimiento. En automático, acostumbrada ya a reaccionar en breve, volteé a ver el umbral con expresión incrédula al tanto que forzaba a mi cerebro trabajar a velocidad, registrando cada mínima acción y lo que aquello podría significar. Sí, vivir toda mi adolescencia en barrios bajos dejaba bastante provecho en cuanto a instinto de supervivencia se refería.
Un hombre de mi estatura, quizá un par de centímetros por encima de mí como mucho, y con actitud cínica y demandante se encontraba parado justo en medio de la puerta. Su vestimenta era la misma de muchos sujetos a los que había tenido que poner en su lugar antaño, pero a lo que mi mente le costaba comprender era el hecho de que 'alguien' como él estuviera en un lugar como 'ese'. Pestañeé un par de veces, incrédula, pero al segundo siguiente ya me encontraba recuperada de aquel breve shock. Mis ojos se entrecerraron en una actitud amenazante, como respuesta a aquella postura ajena, y no me lo pensé dos veces para actuar.
La toalla que había estado usando sobre mi cabello, la arrojé sobre la cara del tipo y aproveché su momentánea ceguera para abalanzarme sobre él y clavarle con toda mi fuerza la rodilla en su entrepierna. Tras eso, cuando el cuerpo del imbécil se dobló por inercia ante el dolor, le tomé de la larga cabellera platinada y apliqué fuerza para tirarlo al suelo de cara a este, aplicando fuerza con mi muñeca sobre su nunca y sin soltar su cabellera; mi rodilla izquierda fue a clavarse contra su coxis, otorgándome así dominio sobre el magullado hombre.
Me vas a decir en este mismo momento quién eres y por qué entraste como perro por tu casa, ¿me oíste? —y, como si no fueran claras mis palabras, destilantes de veneno, tiré un poco más de su cabello para dar énfasis de que no estaba jugando.
Quién fuera él o cuáles eran sus propósitos me tenían sin cuidado, pero aquel sujeto no se iba a ir bien librado después de interrumpir en mi habitación con aquella arrogante actitud, y de paso arruinarme mi tiempo de meditación.
¿Y bien? ¿Vas a hablar? Quiero saber qué asuntos tienes conmigo como para venir con esos ademanes tan poco civilizados, como si tuvieras autorización para hacer cateo a morada ajena. ¿No se te ocurrió, grandísimo imbécil, que si estabas entrando a la habitación de BelleRose y encontraste a una mujer, es porque esa mujer es BelleRose?
Estaba realmente furiosa, mis dientes rechinaron y fui a clavar con más fuerza la rodilla sobre su espalda. ¿Y ese idiota quién sería? ¿Y por qué sabía mi nombre? ¿Qué hacía un patán como él en una institución de niños ricos como aquella? Demasiadas incógnitas por resolver, y esperaba que el susodicho estuviera dispuesto a hablar por la buena o... o bueno, me tendría que ver en la necesidad de recurrir al plan B, y ese no podía ser bueno para ninguno de los dos... pero sobre todo para la seguridad e integridad de él y de algunas cuantas partes de su anatomía.
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